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Una carta mia escrita el año 1987 y dirigida a Rafa Yuste, un jesuita de Andalucía del grupo de Misión Obrera, uno más de los que decidían irse a América Latina. Esta carta originó un cierto debate en nuestro colectivo M.O., con respuestas y contra-respuestas. Esperando poder ofrecer toda esta documentación, os dejo ahora con estos breves comentarios de unos y de otros.
En primer lugar, algunas de las cosas que yo decía:
Cuando -con tan buen juicio- dejasteis la Parroquia de Fuentepalmera, ¿era
sólo porque la parroquia os resultó una plataforma ya inservible?
¿o porque ya vuestras mismas palabras os parecieron inadecuadas e
incomunicables?
El "irse a Nicaragua", ¿no es ir a buscar un marco cultural apropiado todavía a nuestros conceptos, formulaciones y formas religiosas?
El "irse a Nicaragua", ¿no es ir a buscar una coyuntura revolucionaria, el participar de unas esperanzas mesiánicas, el poder herir y matar con nuestras propias manos a la bestia apocalíptica, el revivir historia pasada con la facilidad de poder repetir papeles bien aprendidos?
Que nadie se me enfade (tú ciertamente no lo harás) si digo que la teología de la liberación no supera los esquemas mítico-simbólicos de una sociedad de ganaderos...
I ahora para ir haciendo apetito... (recordad que son cosas de 1987-1988)
Gracias por tu sugestiva (y no sé cuántas cosas más)
carta. Como ya sabes, estoy básicamente de acuerdo con ella, incluso
en lo que tiene de interpelante. Pero voy a hacerte "acotaciones"...
De hecho, éste es tu habitual género literario "socrático",
de poner sistemáticamente al otro "contra las cuerdas", en falso
o sin respuestas. Si esto te hece sentir fuerte, tú mismo.
Tu carta tiene la virtud de incordiar y de hacer salir de sus casillas
al lector. A veces creo que es un "Requiem por la Misión Obrera";
a veces una "Apología de la Misión Obrera". Yo comprendo tu
criticismo ante estas repetidas idas a América de tanta gente de
M.O., y en este sentido me parece bien que como centinela des voces de alerta
profética.
...y a mi me agrada tu grito profético, tu visión del mundo
europeo del que no hay que escapar, al que hay que dar algo que todos tenéis
tan indefinido. Planteas preguntas que suscitan apasionamientos, quizás
por falta de razones para responderlas. Yo creo que tú planteas interrogantes
con menos miedo que soluciones...
Lo único que te quiero decir es que tu carta me gustó un
huevo.
Me parece que estamos en la misma página o muy cerca. Tu carta me
impactó... Tu pregunta en sustancia nos llevaría a esta radical:
La vivencia de una fe no religiosa, sin referencia al Evangelio, ¿no
nos llevaría fuera de la vida societaria de la Compañía
de Jesús y de la Iglesia Romana?... Yo creo que adentrarse por los
terrenos que tú señalas es pura obscuridad sin acompañamiento.
Vuestro planteamiento (carta dirigida también
a Isidoro Galán) me resulta tan racionalista como el mío
y por esto, a la vez que lo entiendo, no me motiva... Necesitaría
otros términos, otra sensibilidad teológica, una forma muy
concreta de partir de la realidad de nuestros compañeros de trabajo,
que me hiciera ver que mi nueva manera de entender y expresar la fe les dice
algo a su propia sensibilidad, da un mayor sentido a su militancia, explicita
de alguna manera su peculiar vivencia interior, sus dudas (no tanto las mías),
sus preguntas apenas articuladas, sus inquietudes "religiosas" agresivas
o reprimidas
Tu carta me parece interesante porque es una llamada de atención
de la que sólo recibirás críticas por parte de los que
se "van", pero quién sabe si dentro de un tiempo se acordarán
de tus palabras. Es curioso que sólo la carta de Isidoro hace referencia
l punto más importante, para mi, de tu carta: la fe por la vía
no-religiosa o lo que viene a ser lo mismo "el miedo a descender donde los
fundamentoss se tambalean". Yo no sé si un colectivo como el vuestro
es el lugar adecuado para encontrar un grupo de gente dispuesta a "descender
hasta donde los fundamentos se tambalean" (sigo con las palabras de Carles
Comas).
Además del Diario me gustaría escribir algo sobre las cartas
cruzadas entre Isidoro y Miquel sobre la problemática de Misión
Obrera. Y no tanto sobre la fuga a América Latina (ante la situación
democrática española muerma y retro), sino sobre la ausencia
de una teología específicamente obrera, elaborada por los
jesuitas de Misión Obrera a partir de su experiencia militante...
Esta teología crítica obrera y revolucionaria (que, a lo mejor,
no se llama siquiera teología) no se va a parecer a la teología
de la liberación. En esto estoy con Miquel. Para bien o para mal
nosotros no somos América Latina y estamos más adelante.
Después de leerla nuevamente y de refrescar la memoria me viene
el mismo sentimiento: "no me interesa de una manera vital". Me resulta curiosa
intelectualmente, enriquecedora teológicamente, pero nada más.
Perdóname. Es así. El debate fe-cultura, la puesta en cuestión
de la fe que nos hace el mundo occidental, que se cree el primero incluso
en cultura, no afecta mi convicción íntima de creyente, más
bien me resbala. No puedo hacer otra cosa. ¿Y sabes por qué?
Pues porque es un cuestionamiento hipócrita.| Gracias por la visita Miquel Sunyol sscu@tinet.fut.es 29 agosto 2004 |
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