
Quizás hoy, pasados ya los años y donde lo que ha cambiado ha sido a peor, los ciudadanos españoles se tienen que enfrentar al desafío que supone la obligación de acudir a votar a unos partidos políticos que, durante esta legislatura, les han demostrado al pueblo que los elige la incompetencia de sus gestiones y la mecánica pobreza del poder. Podemos oir diariamente a estos voceros prometer en falso, haciendo prevaricar a la mentira, ella que es la gran maltratada por estos locuaces lenguetones.
Por un avatar que, aún después de cuatro años, nos mantiene en la penumbra, el partido gobernante se postula en la teoría de una sentencia que anula el principio de la justicia, que no es otra que “conocer la verdad”. Hoy podemos recordar aquel maléfico 11 de marzo cuando, en las primeras horas posteriores, el Partido Popular se afanaba en saber la autoría de aquel cobarde atentado. Los opositores, frotándose las manos, exigían al entonces Gobierno que dijese la verdad a los españoles. Su máximo interés radicaba en magnificar el atentado dándole un carácter islamista, lo cual relacionaría el mismo con la guerra de Irak. Y ya ven, lo que ellos por mensaje solicitaban se pronunciase en un día, cuatro años después “aún no tenemos respuesta”.
Y es que ya entonces, los ganadores de aquellas elecciones, se reiteraron con la idea de que Eta no había intervenido, llenando de importancia las palabras del amigo de Satán, de profesión terrorista, llamado Otegui, cuando éste, con cara de trasero, negaba la intervención de ETA en los atentados relatados de Madrid. ¿Tanta relación le unía con los terroristas para, al poco tiempo, poder aseverar que la banda asesina no tenía nada que ver? ¿Estaría bien informado por Josu Ternera? ¿Por qué no se detiene a este sujeto? Es más que posible que, cuando eso ocurra, España estará en disposición de conocer la idiosincrasia de esta masacre perversa.
No sería descabellado volver a los años en los que Adolfo Suárez gobernó, y así recordar que la oposición socialista liderada por Felipe González y sus sindicatos, masacraron a la Unión de Centro Democrático, promoviendo innumerables huelgas en todos los sectores y que hizo dimitir a un magnífico presidente. Esa si fue una oposición cruel, despiadada y fundamentada en una revancha, en una sed de venganza que este Presidente de gobierno se ha encargado de desenterrar. Y en medio, “el odio”.
Fue el presidiario Soares Gamboa, miembro del Comando Madrid junto a De Juana Chaos, Idoia López Riaño, Esteban Nieto… Soares se significó inicialmente por el abandono de su pertenencia a ETA, manifestando que aquellos atentados tan crueles de finales de los 80 y los terribles de los 90, no eran concebidos por él como propios de seres humanos, poniéndose a disposición del Estado para delatar las atrocidades y a las personas autoras de esas bajezas. En el libro que Soares escribió y que fue editado, el Ministro Mayor Oreja manifiesta la gran ayuda prestada por este ex-etarra para la desarticulación de comandos y conocimiento de las estrategias de la banda.
Todos los partidos políticos que, gobernando, han negociado con ETA, se han encontrado siempre con la misma petición: Autodeterminación, anexión de Navarra, Independencia y “Presoak kalera”. Desde la amnistía exclusiva a terroristas de 1977, las negociaciones de Argel, que respondieron a una esperanza generalizada de los presos engañados por sus adláteres ante una próxima salida en libertad, hemos llegado a este tiempo que es, sin lugar a dudas, el más inquietante.
Tras el secuestro de José Antonio Ortega Lara y posterior secuestro y asesinato “a sangre fría” de Miguel Angel Blanco Garrido, se produjo una fuerte división entre los presos de ETA encarcelados, produciéndose una masiva petición de los mismos, en los términos de querer abandonar las armas y la violencia.
Se iniciaba el otoño en una macro prisión de nuestro país, al oeste del este, cuando una tarde cualquiera, un Jefe se acercó a uno de los departamentos, con el fín de conocer el estado del mismo. El trabajador del módulo le indicó al mando que el etarra Francisco C. Pérez, quería hablar con él. Después de los comentarios de rigor, el terrorista fue atendido en la oficina existente, manifestando que sus intenciones habían cambiado, que ya llevaba 13 años de trena y que su esposa había perdido los gemelos que esperaba, cuando se encontraba embarazada de casi ocho meses. Se encontraba desmoralizado y dispuesto a dar un giro radical a su vida.
-Lo tiene usted muy facil-, le contestó el Jefe. (…) Se han recibido instrucciones para que, en la medida de lo posible, se facilite el trámite para los terroristas que se acojan a las medidas que propone el Gobierno, dejando por escrito que dejan de pertenecer a la banda y que abandonan las armas. Este paso que usted da, se llevará con el mayor sigilo posible, con el fin de garantizar su seguridad. (…).
-Me ayudará usted-, preguntó.
-Sí, le ayudaré, creo que usted tiene un motivo importante para dejar esta ridícula vida. Lo pondré en conocimiento de mis superiores y espere a que le contesten.
Francisco salió conducido al día siguiente a una Prisión cercana al País Vasco, donde aún tuvo que pasar cinco años para conseguir su libertad.
Esa es la realidad de unos hechos que sí son veraces. Por un lado la firmeza ante el padecimiento sufrido en aquellos años y la nobleza, por el ángulo contrario, con la que se adornó el Partido Popular en un acto de buena voluntad y no de negociación. Datos como los señalados, escenifican la película de unos hechos que en nada se parecen a las acusaciones vertidas por los integrantes del gobierno actual, que utilizando la mentira, intentan llenar de mugre la que ellos engrosan en sus conciencias. Al final, no habrá víctima del terrorismo que deje de clamar por la libertad, esa libertad que estos gobernantes han pretendido donar a esos pobres terroristas que, su único pecado, fue “matar por nada”.
Las víctimas no olvidan las promesas del Presidente de que, en esta nefasta legislatura, se apoyaría a las víctimas con una nueva Ley de Solidaridad, un reconocimiento más amplio y equitativo para aquellos que un día, cercano o patético, entregaron lo mejor de sus vidas para defender a un estado… a un Estado llamado España. La víctimas le repúdian y conocen cuales son sus intenciones futuras con respecto al nuevo fracaso que se producirá cuando su renovado empeño “caiga de bruces”. Mientras y si no se remedia, los asesinos se jactarán de haber vencido a todo un Estado, en esa guerra que ya dura cuarenta años y en la que unos han disparado por la espalda a quienes disponían de la munición que otorga “la palabra y la ley”.
Cuando la soledad te mire de frente, reconocerás a una víctima del terrorismo. Será el momento para discernir si vale más “un final con dolor, que un dolor sin fin”.
El Quinqué
| |
|