
Ya en tiempos de Benito Floro se empezó a hablar del psicólogo como la panacea para aliviar el estrés que sufrían los jugadores del deporte rey, hecho que ayudaría a que el balón que, como todos saben, es redondo, se introdujera entre dos palos cortos y uno largo, dando con ello los frutos deseados para quien los utilizaba. Sin ánimo de menospreciar la labor de estos profesionales, los equipos se fueron nutriendo de Directores Generales, Secretarios técnicos y entrenadores acompañados de cuatro o cinco ayudantes, los cuales tendrían una función definida, preparadores físicos, entrenador de porteros y así, un elenco de amigos donde todos ganaban o fracasaban a la vez.
Con la nueva estrategia del nutricionista que calienta los estómagos de los jugadores con unas papillas milagrosas y que hacen ganar títulos, otros utilizan el agua helada para fortalecer los músculos de estos “sufridos” trabajadores, cuyas consecuencias nos las dará el futuro, quizás no muy lejano. Hace pocos días, Raul González Blanco, desde su burbuja oxigenada, nos hacía recordar a Michael Jackson que, curiosamente, también quería ser blanco, como el segundo apellido del madridista y el color de su camiseta. Y todo ello, en contradicción con la cultura del fútbol y su origen, que muy bien definió el rapsoda Jorge Valdano en rueda de prensa, cuando refirió: “Vivimos un mundo al revés, hoy los pajaritos les pegan tiros a las escopetas”. En términos parecidos, se manifestó el yugoslavo Vujadín Boskov, aquel magnífico entrenador del Real Madrid al decir: “Fútbol es Fútbol”.
Mientras y sin solución de continuidad, los equipos se endeudan hasta las trancas, encontrando como única pretensión la venta de sus campos de fútbol, construyendo estadios en las afueras de sus ciudades, donde los aficionados deben de llevar prismáticos para reconocer a los jugadores. Hay casos relevantes como el del Español, que no tiene campo desde que vendiera “Sarriá”, aunque cuente con la mejor cantera de España junto con la del Sevilla y Real Madrid. Caso contrario y penoso lo refleja el Valencia, con 160 millones de euros de deuda, pero que ficha a Zigic por 17 millones de euros y ahora no lo quiere. Para colmo de la desfachatez, ahora se hace con el jugador de Boca Juniors, Banega, por una veintena de millones. ¿Lo arreglará Koeman? Ese tronco de futbolista que, lo único que hizo, fue marcarle a la Sampdoria en la final que le dio la primera Copa de Europa al Barcelona. ¿Dónde está la Samp hoy día?
No sería de recibo olvidar al entrenador del Arsenal inglés, Arsene Venger, un “coach” que tiene en nómina a doscientos jugadores, la mayoría de color y ni un solo ingles. Como palmarés de cierta importancia, consiguió colocar en la final de Champions a su equipo, gracias al maléfico día de Riquelme, quien tras fallar un penalti en el Madrigal, dio el pase a semifinales al equipo inglés. Eliminando injustamente al Real Madrid, regaló el título al Barcelona de Johan Cruiff, (perdón, de Ryjkaard), en diez minutos de torpeza, cuando jugando con un jugador menos y ganando por un gol a cero, permitió que Belletti, sustituto de Olegario Presas (Oleguer), diera el pase del gol del empate y marcase el segundo. Arsene tardó el tiempo reseñado en sacar a José Antonio Reyes, tiempo suficiente, el cual hubiese cerrado el pasillo que el francés le había abierto a Belletti y así haber evitado el triunfo del equipo separatista.
Y como los psiquiatras estudian la mente humana, en otro artículo hablaremos, como no, del pro-ocupa Oleguer, de Gari Uranga, que hoy pasea por las calles de San Sebastián con su Real Sociedad en segunda división y de esos “Chakurras” que, unidos en la cobardía, queman la bandera mas bonita que existe, que no es otra que “la bandera española”. Nosotros, en cambio, disfrutaremos con el Sevilla y su franja rojigualda en su camisola.
(Continuará)
Javiér López
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