
Si nos aferramos al título de este artículo podría usted pensar que el autor preconiza la frustración provocada y continua de su amigo como método de trabajo novedoso. No es así. Sólo pretende desvirtuar algunos conceptos faltos de fundamento que cada vez proliferan más entre los aficionados al adiestramiento.
La frustración, según el diccionario de la lengua española, consiste en el estado de ánimo que se origina en el animal cuando no consigue lo que esperaba.
Si nos atenemos a definiciones más pormenorizadas, podríamos definir la frustración como la reacción producida al imposibilitar a un organismo acceder al objetivo de su conducta motivada. De forma operativa, podríamos decir que la frustración es una conducta desorganizada producida por el impedimento para realizar una determinada respuesta a la retirada del refuerzo cuando existía, en el organismo, una expectativa en el logro de estos objetivos (Fernández, Jiménez y Martín, 2002).
Hemos utilizado el término “motivación”, ya que sin este cúmulo de variables individuales, la conducta motivada hacia la consecución del objetivo no existiría. Esta suma de factores como aspectos fisiológicos, cognoscitivos, reacciones emocionales y patrones conductuales son los que determinan la producción de esa conducta característica con una dirección e intensidad.
La motivación depende tanto de la necesidad del organismo como de la intensidad del incentivo. La necesidad crea el impulso y la esperanza del incentivo provoca la conducta motivada.
Un esquema básico de lo expuesto fue el postulado por Hull (1943) y anteriormente por Lorenz en su modelo psicohidraúlico de energías de acción específica sin liberar. Sería algo como lo que expongo a continuación.
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