
Profesor de Adiestramiento
Uno de los principales problemas con los que se encuentran los propietarios, es que sus perros no acuden a la llamada fácilmente. Es un problema muy típico que no se presentaría, si tuvieran en cuenta unos pequeños matices que vamos a exponer a continuación.
La principal causa es que los dueños piensan que por el mero hecho de llamarle por su nombre, su fiel compañero sabe que eso significa, dejar lo que está haciendo en este momento y venir hacia él ¡Qué pensamos! ¿De buenas a primeras nuestro perro entiende castellano, incluso que tiene conocimientos gramaticales para entender de situaciones y contextos?
Es importante recordar que nosotros como humanos, necesitamos un período de aprendizaje para comunicarnos. ¿Por qué suponemos o damos por hecho que nuestro perro no?
¿Por qué creemos que apenas empieza a explorar el mundo e inundarse de estímulos, ya discrimina perfectamente su nombre y que además la atracción por el entorno que acababa de descubrir debe ser menos importante para él que la llamada de su dueño? A partir de aquí nuestra mascota entra en un mar de confusiones y en un largo peregrinar de enseñanzas mal regladas.
La primera lección que aprende nuestro amigo es: ¡¡ Qué no tiene por que venir!! Su dueño la mayoría de las veces se desgañita llamándole en repetidas ocasiones. Y él, que no tiene claro lo que tiene que hacer, algunas veces irá y otras no. Por lo tanto ya tiene la primera experiencia que va en nuestra contra. La lectura que hace el perro de esto será: "Bueno, parece que me llaman, pero no es obligatorio ir, de hecho no lo estoy haciendo" De esa forma aprende que nosotros no decidimos, si no que es el quien decide.
A partir de aquí, nuestro perro empieza a tener un montón de conflictos que la mayoría de las veces no sabrá cómo resolver. Rocco que en esta ocasión viene, ve a su dueño totalmente congestionado dándole voces como si de un loco se tratase; La reacción de Rocco será de conflicto, porque sabe que su dueño está enfadado con él y fuera de sí, pero realmente no sabe el por qué. Por descontado que si además en alguna ocasión nuestro amigo fue lastimado, la reacción etológica normal será de coste/ beneficios, en relación hacia su dueño. Reacción lógica por parte del perro, que además se quedará grabada a fuego en su mente si su dueño se excedió con el castigo, activando su instinto de supervivencia.
Los conflictos de Rocco no acaban aquí, si no que no han hecho nada más que empezar. Nuestro amigo hará asociaciones que su dueño hace de forma inconsciente, llevando al perro a fallar cada vez más y más en la llamada. Cuando creemos que ya sabe que se llama Rocco, porque alguna vez acudió a nuestra llamada, empezamos a confundir al animal con órdenes como estas: "Rocco quieto". ¿Qué estamos diciendo? ¿Ven aquí, pero estate quieto? Si observamos un perro medianamente adiestrado podemos comprobar fácilmente esto. Al decir" Rocco" saltará como un resorte hacia nosotros y al oír seguidamente "quieto" se clavará en el suelo. Sin embargo, para no crear conflictos, lo más aconsejable es utilizar el nombre para la llamada (Rocco) mientras que para el resto utilizaremos solo la orden (Quieto, sentado, echado….)
Un problema muy típico en nuestra sociedad es recriminarnos cuando hacemos algo mal, pero nos olvidamos constantemente de felicitar y motivar cuando se hacen las cosas bien. A nuestro fiel amigo le pasa lo mismo la mayoría de las veces. Él no espera menos de nosotros, también quiere que le digamos lo bien que hace las cosas. Y si además pensamos que nuestro amigo tiende a repetir las conductas reforzadas, siempre tendremos a mano un refuerzo sencillo pero no por ello poco efectivo "Bien Rocco" este jamás se nos tiene que olvidar…
Cuando Rocco y su amo salen al parque a pasear, este debe de tener en cuenta que tras soltarlo, Rocco necesita desfogarse y liberar la energía acumulada. Por ello, su amo tendrá que evitar llamarlo en los siguientes minutos después de la suelta. Lo único que conseguiríamos con esto es acumular fallos ante las escasas posibilidades que tiene de que su perro acuda a la llamada. Solamente lo haríamos si el perro corriese un eminente peligro.
Dueño y perro siguen con su paseo y al terminar le dice "Rocco Aquí", le pone la correa y se van a casa. En los días sucesivos la idea que llega a nuestro amigo es: "Si vengo se acaba la diversión, se acabaron los olores, los amigos, las relaciones sociales, etc. ¿Qué piensa Rocco? Que acudir a la llamada no es interesante para él, se acaba de golpe su vida social. Si queremos evitar esto, dejaremos primero que se desfogue y después, a lo largo del paseo le llamaremos en varias ocasiones, procurando que en alguna de ellas reciba algún refuerzo sustancioso, que solo aparece en esas ocasiones y no de forma gratuita. De esta manera, nuestro joven aprendiz nunca sabrá cuál es la llamada que implica recogida a casa. Importante también que la de recogida nunca sea en el mismo sitio para que tampoco se produzca asociación negativa en ese sentido.
Como norma general vamos a poner en práctica unas técnicas que nos llevaran al éxito en la llamada de nuestro perro.
Cuando todavía es cachorro que apenas corre le llamaremos en nuestra casa y premiaremos siempre que venga, aunque se obvio que venía hacia nosotros. Si en alguna ocasión no viene, iremos hacia el corriendo a recriminarle su acción; Lo que tratamos de dejar en la mente del perro es que nosotros corremos más que el y no se planteará fugas en el futuro. Este es un trabajo que da muy buenos resultados si lo hacemos en los primeros meses de vida del cachorro.
Nunca le gritaremos, ni mucho menos le castigaremos tras una llamada, por muy enfadados que nos tenga. Las consecuencias en este sentido pueden ser fatales. Respiraremos hondo contaremos hasta diez y haremos una obra de teatro diciéndole lo bien que lo hace, aunque haya tardado mucho en venir hacia nosotros.
Pasearemos sin rumbo fijo, es decir, que andaremos en una dirección, y cuando se descuide y nos rebase, cambiaremos rápidamente de rumbo; cuando nos vuelva a rebasar, volvemos a cambiar. ¿Qué conseguimos con esto? Que nuestro perro tenga que estar constantemente pendiente de nosotros y que cada vez que se descuida nos pierde de vista. Con este método sencillo y con el paso de los días Rocco aprenderá a estar pendiente de nosotros en los paseos y no al revés, que es lo que ocurre la mayoría de las veces.
Sería muy positivo que en los paseos nos escondamos de vez en cuando, no vernos le creará ansiedad y en adelante procurará el mismo de controlarnos para no perdernos de vista.
Cuando dude en alguna llamada nunca iremos hacia él, sino todo lo contrario. Correremos hacia atrás, veremos que así lo atraemos mejor que yendo hacia él.
Otro recurso cuando dude es agacharse, le dará confianza, sobre todo si no ha terminado de venir. Le confirmaremos con la voz "Bien Rocco" así sabrá que es lo que queremos y que lo esta haciendo bien en ese momento. Además le reforzaremos con voz efusiva y repetitiva, ¡bien, bien, bien! Veremos como al oírnos acelera el paso hacia nosotros.
Es útil hacer una llamada especial, por ejemplo con el silbato. Este tipo de llamada solo la haremos en contadas ocasiones y situaciones especiales. Con esto conseguiremos no deteriorar la efectividad de la misma, y Rocco estará especialmente motivado al oírla.
Si nuestro perro no tiene buen nivel en la llamada, no lo llamaremos cuando sepamos que el estímulo externo es superior a su aprendizaje. De esa forma adecuaremos las llamadas al nivel real del perro, y sobre todo no aprende a fallar. Por lo tanto lo aconsejable es no llevarle suelto hasta que no tenga un buen nivel.
No daremos la orden de llamada más que una sola vez, de lo contrario la orden se alargaría indefinidamente, perdiendo su eficacia: "Rocco Aquí, Aquí, Aquí. Esto no debemos hacerlo. Diremos "Rocco Aquí" si no viene, intercalaremos un NO, que previamente lo habremos asociado a un castigo mediante condicionamiento clásico, volviendo a efectuar la llamada nuevamente.
Siempre que le llamemos le obligaremos a llegar hasta nosotros. ¿Qué conseguimos con esto? Que nuestro fiel compañero no se tome la llamada a la ligera, dejándonos a nosotros la opción de ponerle la correa o liberarle. Si no, será él quien decida nuevamente algo que no nos interesa.
Como regla general estaremos positivos en la llamada, y sobre todo debemos de creernos que nuestro perro puede y debe hacerlo. Nuestro fiel amigo está dotado de una especial sensibilidad, nos conoce a la perfección y sabe la mayoría de las veces lo que esperamos de él. "Se pasa el día observándonos".
Durante la época de celo de alguna hembra, lo mejor que podemos hacer por nuestro Rocco es vigilarle, ya que más vale prevenir que curar. Sin duda estará dispuesto aumentar su éxito reproductor.
Con estas sencillas técnicas disfrutaremos mucho mas de nuestro perro en libertad, creando un fuerte vínculo con él, sin ningún tipo de represión ni castigo.
¡¡¡Mucha suerte a todos!!!
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