

Continuando con mis viajes por la Cataluña profunda, y siguiendo los consejos de un buen amigo, me sumergí en la edad Media, recalando en una pequeña población de Gerona, en pleno Ampurdan, donde se alza un vestigio del pasado, Pals, pueblo rodeado de murallas, donde sus calles estrechas forman un laberinto intrincado, y donde todas las casas están construidas de la misma piedra. Piedra del color del albaricoque, lo que contribuye a dar un uniformismo a todas las construcciones de las diferentes épocas, y por tanto, a todo el conjunto monumental.

Conjunto Medieval de Pals.
Hacía un calor sofocante, pero nada más entrar por su calle Mayor, sentí el frescor de la fuente que manaba en forma de sombra, por esos portales y arcos del siglo XVIII y me ví transportado a ésa época feudal; sobretodo cuando pisé las piedras nobles de lo que quedaba del Castillo del señor de Torroella de Montgrí.

La construcción amurallada de Pals data seguramente del siglo XIII, pero en épocas posteriores ha sufrido muchas transformaciones. Su trazado se mantiene prácticamente integro y se conservan seis torres, tres de ellas en muy buen estado: la D'en Ramonet, que tiene 8 metros de altura, la D'en Rom, que está situada en la puerta abierta al mirador natural y la D'en Xinel.lo, que está en el muro de la tramontana.
Sin embargo de todas las torres la que más me llamó la atención es la de Las Horas, pues su silueta se destaca sobre todo el núcleo antiguo y es un magnifico ejemplar del arte románico. De planta circular tiene un diámetro de 7 metros y una altura de 15 metros y el grueso del muro es de 190 centímetros en su base.

Vista de la Torre del Moro.
Desde allí se divisa un panorama fantástico, pues por una parte vemos la llanura ampurdanesa, cerrada por los morados y grises del macizo del Montgrí y por la otra el azul del mar y los terrenos pantanosos de "Els Aiguamols", donde desde hace muchos años se cultiva el arroz y dan nombre a la población de Pals, que deriva del latín "palus", es decir terreno pantanoso.
Después de ver las murallas nos podemos acercar a la Iglesia Parroquial de Sant Pere, que es una sola nave, con una torre campanario de planta cuadrada con arcadas de medio punto, de estilo gótico, si bien se conservan signos evidentes de su origen románico.

Calle e Iglesia de Pals.
Sobre las seis de la tarde emprendí viaje de regreso a Tarragona y una vez cogida la autopista me vi envuelto en las tensiones del tráfico y la vida agitada y virulenta de éste mundo, tan distante de la paz y el sosiego de esas calles angostas, que nos explicaba con su sola presencia, la historia de un pueblo precioso llamado Pals.
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