LA MUJER

 

Existe un tema que es “Tabú”, cuando de la Religión Musulmana se platica. Este tema, del que todo el mundo opina y a penas comprende, es el mundo del entorno de la Mujer y especialmente de la mujer Bereber.

Hay que tener en cuenta de que, en el mundo Musulmán, la mujer no es el palo de escoba que todo el mundo intenta presentar arrimando el ascua a su sardina.

El entorno de la mujer, en este mundo desconocido y, como decía con anterioridad, especialmente el papel que juega la mujer Bereber en el circulo en el que se desenvuelve, es asombroso si nos adentramos en al núcleo donde desarrolla su actividad.

El Derecho consuetudinario Bereber, transmitido oralmente de generación en generación, continua en vigor en la actualidad en la mayor parte de las Tribus conformando una especie de Justicia laica impartida en las Jama'a o Asambleas populares – Controladas por oligarquías de hombres de la que están excluidas las mujeres y los menores de edad - . Este Cuerpo Legislativo pervive en la actualidad, entrelazado íntimamente con la Sharia o Ley Islámica, en la Sociedad Bereber. Según transmiten algunos estudiosos entre los que se encuentra Pérez Beltrán: “Vastas Regiones solo han aceptado del sistema islámico algunos Dogmas puramente religiosos, mientras en el plano Socio – Jurídico han continuado apegados a sus costumbres y Tradiciones ancestrales”.

Una de las diferencias más significativas, entre ambos Derechos es la referida a la herencia:

En la ley Islámica se otorga a las mujeres la mitad del montante recibido por los hombres.

La Ley de Houbou, de la costumbre Bereber, establece la distribución equitativa de los bienes, del padre difunto, únicamente entre los hijos varones.

Este riguroso sistema sucesorio agnaticio concede a las mujeres el derecho de hospedaje y manutención hasta su matrimonio, pudiendo este ser retomado en el caso de Divorcio. Esta discriminación se orienta a la no dispersión del precario patrimonio familiar.

Otra de las costumbres sociales, muy extendida por el Rif Marroquí, es el “Levierato” para las viudas, o sea, casarse con alguno de los hermanos del difunto. Casarla con un hombre ajeno al patrilinaje para , de esta forma, acceder a la dote de casamiento, eran otras posibilidades que le esperaban a las viudas.

El Derecho de Yabr o libertad de elección para que el jefe de familia pueda elegir el marido y la edad de matrimonio de sus hijas presenta diferencias entre la tradición Bereber y el derecho Islámico. Incluso existen diferencias dentro de las propias sociedades Bereberes.

En las comunidades del Tell magrebí las mujeres deben someterse a la voluntad de su tutor ya sea virgen, divorciada, viuda o repudiada.

En las sociedades Bereberes del Sur, esta Ley, solo concierne a las mujeres vírgenes, es decir, hasta el primer matrimonio.

Esta última versión fue la adoptada por el Derecho Musulmán que la reglamentó como algo propio.

 

OBLIGACIONES Y DERECHOS

 

Los códigos por los que se rige la familia marroquí, radica en la importancia dada a los tres elementos sobre los que estos fundamentan su legitimidad.

La Institucionalización de la Sociedad Patriarcal.

El Islán elevado al rango de religión de estado.

Su aspiración a la modernidad basada en una libre interpretación.

Las características más significativas, respecto al estatuto de la mujer, en ambos sistemas jurídicos pueden resumirse como sigue:

El hombre es el único Jefe de Familia.

La mujer debe obediencia al hombre (Padre, Hermano o Marido).

La mujer tiene derecho a la manutención o “nafaqa”.

La mujer puede disponer y administrar sus bienes personales.

La dote, que la mujer recibe en propiedad, constituye una condición de validez del Matrimonio.

Las mujeres son excluidas de la filiación , ya que el objetivo de estas es transmitir la línea paterna agnática o “nasab”. (No tienen Apellidos)

Se les prohíbe el matrimonio con un “No Musulmán”.

Solamente ellas están obligadas a la fidelidad.

La Ley marroquí, en teoría , exige el consentimiento de la mujer para el matrimonio, pero el padre puede oponerse al matrimonio si cree que este contrato puede perjudicar los intereses familiares.

En Marruecos la poligamia está limitada a cuatro mujeres, siendo necesario el consentimiento de la primera esposa.

El repudio ( la Ley Marroquí lo desaconseja) es un privilegio exclusivo del marido.

La tutela de los niños marroquíes de padres divorciados es compartida

La “Muduwwanna” (Código de Familia Marroquí de 1.957) continúa considerando a las mujeres como: “Sujetos dependientes, sin identidad Jurídica propia” .

 

EL MATRIMONIO

 

El matrimonio es la piedra angular de la estructura social Bereber. Es el destino de la mujer refrendado por la Religión Musulmana, para el Islán, el matrimonio es al cumplimiento de “la mitad de su Religión” para todo creyente.

El celibato es condenable porque es contrario al desarrollo de la Umma, la Comunidad de los Creyentes.

El rito matrimonial ampara la sexualidad de los cónyuges y, sobre todo, legitima la procreación de nuevos miembros para el patrilinaje.

La elección de los cónyuges continúa siendo , en la actualidad, asunto de familia entre los Bereberes y especialmente en el medio rural. Prevalece el matrimonio endogámico patrilineal situándose, en primer lugar el Primo paralelo y en segundo el Tío paterno los candidatos idóneos para unirse a la hija..

Esta endogamia se extiende a la Tribu o Pueblo, a excepción de los Bereberes del Sous marroquí; a los que denominábamos, en un estudio anterior, “los Catalanes” marroquíes; donde están prohibidos los enlaces entre jóvenes de la misma población.

Los matrimonios precoces responden a razones de orden económico e ideológico. Por un lado, la familia consigue desembarazarse del deber económico de manutención, además, cuanto más joven se case la mujer, mayor será su descendencia. Por otro lado, se reduce el riesgo para el honor familiar, traspasando la responsabilidad de la mujer a la “nueva familia”. La edad media de contraer matrimonio en el Magreb oscila entre los 17 años en el 1.960 a los 20 – 21 en el 1.988, con sus posibles excepciones.

En el matrimonio Musulmán en general, y en el Bereber en particular, no es la concepción de “Compañera” la que acompaña a la novia. Las únicas virtudes posibles son la condición de madre y trabajadoras domésticas ya que en la realidad existe una separación total entre sexualidad y afectividad. Los cónyuges están obligados a mantener entre ellos una cierta distancia; durante el día no existe el más mínimo atisbo de intimidad posible y no es común dirigirse, entre ellos, por su nombre.

La pasividad femenina en las relaciones sexuales es una cualidad esperada; la mujer no debe aparentar ni deseo ni experiencia.

Chikhaoui expresa lo que para él es, en realidad, el matrimonio aunque a nosotros nos parezca excesivo: “Casarse significa tener sin costo alguno; una mano de obra, una limpiadora, una cocinera, un vientre que transporta y hace a los niños y un orificio que se puede penetrar para eyacular y satisfacerse”.

La fiesta matrimonial o “Tamgra” es la máxima expresión del ocultismo femenino. Es una manifestación de la vida colectiva, de conjunción social. Los hombres de la familia son los encargados de la parte “Oficial”, de la parte “Pública”, pero son la mujeres casadas las verdaderas protagonistas de la fiesta.

La madre del novio juega uno de los papeles protagonistas de esta fiesta ya que ha sido la encargada de la elección de la nuera o “Tislit”, así como en la preparación de la dote.

Los espacios de la fiesta están estrictamente separados por sexos, una vez instalada la novia en la casa de su “Nueva Familia” , son las mujeres adultas, señoras avaladas por su condición de madre de varones las protagonistas indiscutibles de los ritos y las diversiones. En la fiesta exclusivamente femenina, las mujeres-madres realizan danzas sensuales pudiéndose comparar a un rito a la iniciación a la sexualidad, para las más jóvenes, por medio de la expresión corporal.

Visto desde otro punto de vista, pudiéramos considerarlo como: “ Una enseñanza reservada a las mujeres, la transmisión de un saber exclusivamente femenino y que puede considerarse una revancha, un medio de hacer presión sobre los hombres”. Por esto, precisamente, los hombres toman el partido de ignorar lo que ocurre, de mantenerse a distancia de esta manifestación femenina e ignorando su existencia.

La poligamia es una practica, sobre todo, en hombres de elevada posición social y económica. Tradicionalmente ha significado un reclutamiento de fuerza productiva, unido a una exigencia ideológica encaminada a la consecución de prestigio ante su comunidad. Cuando esta tiene lugar, se establece una jerarquía entre los co-esposas o “Tecna”:

La primera esposa, generalmente apartada de las exigencias sexuales en favor de las más jóvenes, recibe a cambio la compensación de la administración doméstica y el control de las relaciones entre las otras esposas. Las mujeres más jóvenes suelen encargarse de las tareas más pesadas, tanto en al hogar como en los trabajos agrícolas o pastorales o de cualquier otra índole.

En este punto ha de tenerse muy en cuenta de que en este ámbito, existen rivalidades a nivel hogareño y reproductivo pues a mayor número de hijos, mayor es el prestigio ante el marido; pero, al mismo tiempo, se establece una solidaridad estratégica para enfrentarse ante la autoridad del marido que incluye una asistencia mutua inter-esposas. En esta situación se produce la paradoja de la poligamia, por ello cada vez más en desuso, esta permite reforzar el poder del marido pero, a la vez, esta se debilita por la complicidad eventual de las esposas. Cuantas más mujeres, más fuentes de oposición a la autoridad del hombre.

Un proverbio Bereber reza: “La gloria de la mujer son los hijos”. Efectivamente, en las sociedades Bereberes la mujeres sólo son reconocidas socialmente a través de la maternidad, esencialmente de varones porque la maternidad de hijas es una maternidad a medias; solo el nacimiento de varones concede a las madres un estatus social y estabilidad dentro de su “Nueva familia ”, por este procedimiento, puede decirse que, ellas han cumplido con la parte que les corresponde dentro del contrato matrimonial y, a través de este hijo ella participará, en el futuro, en la que se convertirá realmente en su nueva familia. Dentro de este contexto, la maternidad de varones es una maternidad duradera, a diferencia de la maternidad de niñas.

La salida de las niñas de su familia agnática, llegado el momento de su matrimonio, convierte su nacimiento en un momento triste, suele decirse a su nacimiento: “Las tinieblas invaden la casa, todo está frío”, este proverbio no puede ser más explícito . La niñas abandonan la familia en la edad adulta para enriquecer la familia de otros hombres.

Este hecho, impuesto por la falta de filiación, deriva en las relaciones posteriores de la madre con su prole; la relación de madre – hijo varón, dista mucho de las relaciones madre – hija dado su carácter de transito y provisionalidad y por este motivo los niños reciben más atenciones, mimos y cuidados que las niñas que se ven, desde edades muy tempranas, a un estricto adiestramiento para desempeñar el papel que les ha tocado desempeñar: Buena ama de casa y Madre de varones.

Se dice : “La corrige más que a su hermano porque hay que enseñarle a resignarse, a ser dócil, darle la “Costumbre de aguantar” para el futuro, que se encontrará privada de afección parental en una casa extraña”.

El máximo reconocimiento social de la mujer Bereber, que comienza con la maternidad de varones, tiene su punto culminante cuando abandonan la etapa de procreadoras y, fundamentalmente, cuando se convierten en suegras. En este momento se produce un cambio cualitativo ante la Comunidad y el acceso a espacios masculinos impenetrables hasta ese momento. En la senectud, las mujeres Bereberes, tienen mayor poder y prerrogativas tanto en el ámbito domestico como en la toma de decisiones que afectan a toda la estructura familiar. Sin su consentimiento, no puede celebrarse ninguna boda.

El estatus de Suegra es el punto culminante en el camino vital de una mujer Bereber. Estar a la cabeza de un hogar con numerosos hijos, nueras y nietos es la recompensa a la subordinación sufrida a lo largo de toda su anterior vida. A partir de ese momento, la mujer Bereber, se erige como representante de la autoridad masculina en el espacio femenino; ella es la que somete a una estricta vigilancia a las esposas de sus hijos, se ocupa de la distribución del trabajo domestico del que ella solo se ocupa de la administración del hogar.

Esta autoridad conquistada puede llegar a hacer sombra, dentro del ámbito domestico, a la autoridad masculina; la influencia de estas mujeres sobre los hombres de la familia es mayor de lo que aparenta; en el aspecto público, el hombre es el dominador, en el hogar es tolerada la inversión de los estatus. Existe un proverbio Bereber que sentencia: “El hombre es un León en la calle, y un conejito en la casa”.

La Luz

La Luz

Esta exposición era imprescindible para que el próximo trabajo que enviaremos sea comprensible ya que consistirá en intentar dar con los enlaces pertinentes y las posibles conexiones existentes, entre los distintos individuos Musulmanes, que ejercieron el Terror desde el 11 – S hasta nuestros días.

No hacen más que intentar, por todos los medios, desvirtuar y enredar cada vez más la situación de tal forma que siempre nos encontramos en el mismo sitio.

Ha habido tanta información, en los medios, que han realizado tal galimatías que se ha dado el caso de que, al mismo sujeto, por la escritura del nombre le han confundido en varias ocasiones.

Se han llegado a colapsar a los investigadores con informaciones, desinformaciones y contra-informaciones y mientras tanto, los verdaderos “Sujetos” “Irredentos”, al pairo.

Las tramas Asturianas, el sujeto que robó dinamita; el Chino, un trápala de poca monta que pasaba, entre los suyos, como hombre de respeto y poder por tener “Contactos” (ser un chivato) y trapichear con cuatro kilos de porros; el Trahorras, el Coronel Bolinaga que se la han pasado, por listo, entre las piernas y no se ha coscado.

En mi Ciudad andan como locos buscando y husmeando y no se percatan que tienen, ante las narices, la cabeza deL monstruo o varias cabezas de mosntruos, pero no saben como meter la mano sin pringarse.

Los Servicios de Información de los Cuerpos de Seguridad no poseen los conocimientos necesarios, efectivos y reales para acometer semejante tarea y, hasta el momento, se han conformado escuchando a los “Doctos” e “Intelectuales” de biblioteca, ¡Si! a esos que se dedican a dar conferencias sobre el Islamismo, cobrándolas por supuesto, como si estos señores hubieran realizado algún estudio, no de campo sino sobre el campo que es como se aprende lo que a nuestros Servicios, poco-Inteligentes, necesitan conocer del mundo Musulmán: Como funciona por dentro, su composición social, los mecanismos y parámetros por los que se rige la sociedad Musulmana en general y la Bereber en particular ya que todos los detenidos, salvo algunas excepciones, son Bereberes, pero al fin y al cabo todos Musulmanes.

¡Pues claro!, las claves del 11-S y las del 11-M, rondan sobre la mujer Musulmana, que ha jugado un papel de primer orden en estos hechos.

El día 12-13-M, le comentaba a un Funcionario de los Cuerpos de seguridad: “Cuando podáis establecer una conexión entre; Madrid – Granada/Almería y Ceuta, en ese triangulo, están las claves del 11 – S y, posiblemente, las del 11 – M, pero que sepas que las claves las tenéis ante las narices y no os estáis dando cuenta. Desde uno de los vértices, de ese triangulo, sale una línea recta y su terminal se encuentra en Hamburgo”.

Comenzó a reír, este Funcionario, y desde ese momento desistí de comentar nada has que se enfriara la cosa y todo estuviera, como está ahora, en calma chicha y sin nadie que informe pues es la hora en que se puede trabaja mejor, analizando las situaciones. El exceso de información y contra información perjudica las investigaciones llegando a colapsar cualquier tipo de Servicio de Inteligencia, los EE.UU. saben mejor que nadie de esas situaciones, y los “Malos” también lo saben; es por ello por lo que se informaba masivamente de todo y de nada para siempre encontrase en el mismo lugar, en el lugar de nunca jamás.

Con el río tan revuelto, todos nuestros amigos se habían vuelto sordos o mudos pero, gracias a Dios, han comenzado a recobrar el habla y el oído.

 

EL CARDENAL

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