Sans Olmedo contempla el mundo con ojos plenos de amor, con mirada ingenua, dispuesta a sorprenderse, a dejarse sorprender, y también dispuesta a transmitir la emoción que ello le produce. Diriá que la obra de Sans Olmedo respira emoción por todos sus poros. Y sinceridad.

Sans Olmedo nos ofrece un mundo lírico, en el que hombres y mujeres enctroncan con seres angelicales, despreocupados de sus formas rotundas, plenamente satisfechos con su realidad y entorno. Aislados en ocsiomes, corazones solitarios, inmersos otras veces en un ambiente con calor de hogar. Y siempre puramente bellos. Es el suyo un mundo en el que la maldad no tiene cabida, en el que los malos pensamientos y sospechas quedan a un lado. ¿Como pueden malpensar sus bellas criaturas?.

Sans Olmedo cultiva un ingenuismo poético, producto de su saber pintar, de su dominio técnico, de su saber hacer. Sólo cuando se sabe pintar mucho se puede abandonar la realidad y buscar la otra realidad, uniéndola a lo imaginativo y fantástico.

Una realización perfecta, acordada a unas líneas estructurales y mentales precisas, le permiten ofrecernos y compartir sueños e ilusiones.