DÍGNIDAD HUMANA

Barcelona 10 de enero de 2008

Mi estimado señor periodista, he leído su artículo en el que se lamenta de la, al parecer, nada presunta tortura a un terrorista por parte de la Guardia Civil. Sobre este tema desearía decirle algo.

 

La guerra tiene sus reglas (Convención de Ginebra), aunque ya sabemos que muchas veces no se cumplen. Cuando Rommel supo que a los soldados alemanes prisioneros del 8º Ejército inglés no se les daba agua hasta que no declararan, hizo saber al jefe enemigo que él tenía en su poder a numerosos prisioneros ingleses que, de no cambiar ellos sus métodos, podrían salir perjudicados. Hay normas sobre uniformidad que pueden condenar al fusilamiento de un individuo (francotirador) o quedar como simple prisionero. No se debe disparar sobre un civil desarmado ni causar daños innecesarios a sus bienes, etc, etc. Es decir, que se trata de controlar el horror de la guerra. Pero esta guerra del terrorista, señor periodista, es otra guerra. El enemigo ignora todo reglamento o ley moral, y actúa en esta sociedad, bastante hipócrita por cierto, con indudable ventaja.

 

Un grupo de miserables terroristas “baskos” pretenden organizar la de Dios es Cristo con sus abundantes y bien organizados explosivos. En la prensa, ocupa  más páginas el incidente de la costilla rota que el brutal proyecto de los infrahombres. Usted es uno de los que pone los ojos en blanco, hablando sobre eso de atentar a la dignidad del terrorista. Ignoro qué fue lo que pasó para que ese individuo acabara en el hospital, pero créame que ni me importa. Por supuesto, que el “basko” etarra carece de una dignidad que pudiera ser violada.

 

En todos estos casos se habla de tortura, que es término terrible y que suena fatal. Si un individuo que se insolenta o trata de agredir a un policía recibe un puñetazo que le cambia la foto del DNI, ya sería tortura, según los periodistas que ven los toros cómodamente desde la barrera.

 

Me imagino que usted habrá escrito sobre la indignidad a la que es sometido el no-nacido, cuando se le arroja, no se sabe si aun vivo o muerto del todo, a una cubeta para su posterior utilización en la basura o en los laboratorios. Si se ponen los ojos en blanco hay que ponerlos en todos los casos, señor periodista.

 

Y recuerde que la guerra contra el terrorismo es una guerra sucia, en la que todos somos objetivos, mientras que ellos se protegen ante leyes deleznables que los ponen en la calle a los 8, 10, 12 años de condena, no importa la cantidad o “calidad” de sus crímenes. Ellos, los terroristas, los de Al-Qaeda, los etarras, los grapos…. juegan con ventaja, entre otras, por el apoyo inconsciente de los periodistas como usted, que aun no se han dado cuenta de que las guerras convencionales ya sólo se ven en los documentales antiguos de la tele.

 

Y una pregunta envenenada y de situación extrema: ¿qué haría usted con un individuo, maniatado e inerme, que ha instalado una bomba nuclear en cualquier parte de Madrid y que se niega a indicar, no ya la situación de la bomba, sino también la clave para su desarme? Una buena película ¿a que sí? Se lo he puesto fácil. Y es que me gustaría conocer cuales son los límites de su fervor sobre la dignidad humana de un terrorista.

Le saluda

 

Jesús Flores Thies

Coronel de Artillería-retirado

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