ESPERANZA VERSUS CHÁVEZ

Este par de políticos, cada uno por su lado, han decididos echarles una mano al catalanismo más sandunguero y antiespañolista, creando clases de catalán para madrileños y andaluces, si bien el ceutí, además de vasco (¿el batúa?) y de presunto gallego.

 

En Cataluña, ni siquiera en los proyectos actuales del PP, hay nada referente a que un español en Cataluña, si más zarandajas ni puñetas butifarras, pueda estudiar todo en español (castellano…), es decir, que seguirá, gane quien gane, el brutal trágala del catalán, idioma o dialecto que apenas si sirve para nada fuera de Cataluña, más que para que unos seleccionados ganen “pelas” en instituciones catalanistas que se están creando hasta en el Tíbet.

 

Que Chávez, que tiene cogido a lo más florido del vaguerío andaluz con el regalito envenenado del PER y cuya capacidad de pensar se sabe que es limitadísima, haga estas cosas, le va de perlas para forjar esa imagen de bolodro con patas, pero que nuestra “marujita” madrileña, la sonriente doña Esperanza se salga con lo mismo, nos llena de confusión. Y va a llamar a esa escuela “Joseph Tarradellas”, aquel individuo saqueador de las cajas privadas de los Bancos, del tesoro del patrimonio y político catalán durante el período más siniestro de la ya en sí triste república, checas incluidas.

 

Doña Esperanza podía haberla llamado “José Pla”, “Salvador Espríu”, “Eugenio D' Ors”, “Ignacio Agustí”…., pero con toda seguridad nuestra “marujita” madrileña no tiene ni idea de la personalidad de estos catalanes, auténticos intelectuales españoles. Gallardón cubre de oro a la Fundación Pablo Iglesias, ya de por sí bien cubierta de oro, y le da el nombre de un anterior alcalde madrileño, Leguina, a una Biblioteca Municipal. Y este Leguina, cada vez más relamido y recortadito, ha sido hasta hace poco presidente de la Comisión de Defensa del Congreso, comisión en la que cabía lo más granado de la nadería política.

 

Y es que no tenemos remedio. La política española actual todo lo emponzoña, todo lo destruye, todo lo trasforma en miseria moral… aquí no se libra nadie.

 

Doña Esperanza, por respeto machista no decimos hasta donde has metido la pata. Y tiene su mérito, porque lo decimos los que vivimos en Cataluña, hartos del abandono del PP.

 

Blas de Lezo

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