
Este escrito que inicia aquí su andadura, lo hace conociendo que tiene fecha de caducidad, posiblemente peor que lo que, en justicia se llama, “prescripción del delito”. En numerosas ocasiones, los humanos tenemos movimientos de insolidaridad hacia el prójimo necesitado, hurgando en heridas de calado emocional, cuando tenemos la oportunidad de barajar opciones que relajen el valor de un problema determinado, ya sea físico o mental, transitorio o estacionado.
Quien se maneja en la órbita de la maldad, desprecia el universo que vive en el rostro de una bella mujer. Qué bonito es caminar en el sendero que lleva a la libertad, ese pasadizo que muchos desconocen.
Años pasados contemplan un artículo titulado “La conciencia sangró en el asfalto”, con una definición clara sobre la veracidad que llega a ser manipulada para beneficio de la mentira. Con una estructura de porcelana, ese manuscrito calibra las consecuencias de un accidente de circulación sufrido por Francisco Silva López, jugador profesional del Cádiz C. F y cedido al C. D. O’Donnell de Ceuta, entonces en tercera división, con el fin de salvar al equipo ceutí del descenso, que al final se consumó.
Los días pasados en un hospital de Murcia y posteriormente en “El Virgen del Rocío” de Sevilla, llegaron a sumar doscientos cincuenta y nueve, tiempo que el futbolista estuvo acompañado por su padre y por aquella mujer maravillosa que no lo dejó ni un solo instante y que era ¡su madre! Declarada su incapacidad absoluta para el ejercicio de aquella profesión vocacional, se solicitó a la federación de fútbol el pago de una indemnización de un millón de pesetas que por ley le correspondía, así como una dieta acumulada por los días reseñados y en el que su padre tuvo que hacer frente a unos gastos, sin olvidar el abandono que aquel accidente ocasionó para sus actividades laborales, que quedaron en punto muerto.
En documento que obra en poder del futbolista, queda claramente especificado que al jugador se le abonan quinientas mil pesetas, desconociendo por qué no se le paga un millón, cantidad que, como queda claro, era la establecida.
Más lamentable es saber que, de igual manera, se denegó la petición realizada por su padre, ¡él! que nunca abandonó a su hijo.
La federación de fútbol no consideró todas las circunstancias que rodearon a este maquiavélico devenir, obviando el bien general y en detrimento de un ente que debía velar por la defensa de los jugadores que la integran y de la deportividad. Lo cierto es que esos doscientos cincuenta y nueve días, también tuvieron una resolución, en este caso, denegatoria.
No he querido con este escrito llegar más allá que, con su contenido, impedir que esta otra realidad muera en el cajón del olvido. Creo que las gentes de Ceuta y también las de Cádiz, deben conocer estos hechos, que no por prescritos o caducos, dejan de ser tétricos, trágicos, inhumanos… hoy que han pasado treinta y cuatro años. Así se escribe la historia pero ¿Quién se quedó con el dinero? Haremos un llamamiento a las conciencias, por si alguna quiere plasmar en un lienzo un canto al sol, una historia verdadera, diferente…
Todos los días contemplo en mi corcho recordatorio, las declaraciones de un padre angustiado a un periódico de tirada nacional, donde dice: “Mi hijo se salvará”. Ese hijo, promesa del fútbol y después, en estado de coma, era Francisco Silva López.
Javier López.
P.D: A Paquito Silva, mi querido hermano.
_____________________________________________________________________________________________________________
| |
|