EL TURUTA
El "TURUTA" es un vocablo de origen onomatopéyico con el que en el argot cuartelero se designa al corneta, cornetín o trompeta, aunque a éste último en los Cuerpos montados también suele llamársele "trompi". No lo incluye en su Diccionario la Real Academia Española; lo ignora el General José Almirante Torroella en el suyo de tan largo título -"Diccionario militar, etimológico, histórico y tecnológico"- como de ameno contenido editado en 1.869; pero lo recoge Rafael García Serrano en su estupendo "Diccionario para un macuto", en el que dice que " el turuta" en la mili, carga con la misma gloria que el monaguillo en los estamentos eclesiásticos llevando fama de travieso, desvergonzado y viva la virgen". Y añade que " el de su bandera fué siempre un olímpico de la "golferancia" a veces, incluso con mal estilo". Posiblemente radique aquí el origen de una leyenda negra que con el tiempo se ha tejido alrededor de su estampa; porque en el Ejército también han existido leyendas negras. Son un ejemplo la del mulo o fusil arrestado por haber causado la muerte a un soldado; el primero de una coz y el segundo de un disparo fortuito.
Nada más lejos de la realidad, puesto que podía tratarse simplemente que uno u otro, como cuerpo del delito o pieza de ejecución, estuvieran a disposición del juzgado que instruía las correspondientes diligencias para el esclarecimiento de los hechos: Y hay otra más negra todavía: la de aquel Jefe que tenía una "cruz negra" -en oposición a la Cruz blanca del Mérito militar- cuya posesión se atribuía también por haber matado a un soldado....más aún, el rumor era que la llevaba oculta porque abonaba una pensión a los familiares de la víctima. Si alguna vez pudo haber ocurrido un hecho semejante, se incoó el pertinente proceso judicial y su autor fué condenado o absuelto con arreglo a los preceptos de la Ley.

Prácticas de Cornetas
Los cornetas se introducen en nuestra milicia en 1.811, en plena guerra de la independencia, figurando en la lista de revista después de los cabos y delante de los soldados y su distintivo es una simple lazada. Las ordenanzas de aquel tiempo dicen: que " para tambores, pífanos y clarinetes - aplicado después a los cornetas- se recibirán muchachos de buena posición, aunque no tengan más edad que la de diez año" , elevado más tarde hasta los catorce, a los que se les sentaba su plaza, si querían continuar en el servicio, al cumplir los dieciséis. Y lógicamente en esa edad impera más el carácter inquieto, juguetón, bullicioso, travieso, alegre, alocado....que el concepto de la seriedad, prudencia y sensatez que ha de poseer el soldado, lo que unido a la necesidad de esquivar, eludir y escabullirse de los abusos, bromas pesadas o de mal gusto y diversiones a su costa de los mayores, de los soldados, les convertía en esquivos, astutos, huidizos, traviesos y tunantes "en defensa propia".
En las páginas de nuestra Historia militar figuran destacados "turutas": en las campañas de Cuba se distinguió Santos San José, que lo era en el Batallón de Cazadores de Puerto Rico, premiado con la Cruz Laureada de San Fernando por su valor heroico; José Izquierdo, corneta de los Cazadores de Tarifa, que tuvo una destacada actuación en la carga de Taxdirt en septiembre de 1.909 allá en el lejano Rif; el General Enrique Varela Iglesias, que ostentaba dos Cruces laureadas de San Fernando ganadas en la guerra de Marruecos, sentó plaza como corneta en el Primer Regimiento de Infantería de Marina de Cádiz, donde después fue soldado, cabo y sargento antes de su ingreso en la Academia de Toledo; y finalmente existe un largo rol de ilustres militares cuyos primeros pasos en la milicia los dieron como educando de corneta de menor edad.
RASCAYÚ ..........
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