¿PORQUE CORREMOS TANTO?

 

    Hoy día todo es bulla, griterío, codazos. Vivimos en un mundo de competencia, lleno de escalas. La Ley del más fuerte, es la que se impone. No existe la paz y el sosiego. Éste comportamiento no sólo está circunscrito al mundo del trabajo, sino que cuando dejamos de laborar en vez de dedicarnos al descanso, nos ponemos a correr como posesos.

 

    Basta salir a la calle para ver una gran cantidad de personas, ataviados con unos pantalones cortos y pertenecientes a diferentes edades, realizando una carrera de obstáculo -ellos dicen que para fortalecer el cuerpo-, sin embargo digo yo ¿Quien fortalece el alma? ¿Porqué corren tanto? ¿Acaso no huirán de algo?.

 

    Huyen de si mismos, necesitan quemar, como en una pira funeraria, todos los sentimientos adversos y contradictorios que esta sociedad les ha impuestos. Estamos inmersos en una oleada de consumo. Los medios de comunicación nos atosigan constantemente, nos crean unas necesidades, que en realidad son únicamente fantasías, sin consistencia alguna. Pero no estamos preparados para atajarla, nos dejamos llevar por esa riada imparable de saltos de obstáculo. Quien salte más mejor y de ésa forma todos saltamos, todos corremos, está prohibido pararse.

 

    En una reciente visita a Portugal, me vi gratamente sorprendido, al recorrer algunas de sus ciudades y ver como el ritmo vital, de sus ciudadanos, era diferente. En las calles se veían grupos de personas, las cuales platicaban de forma tranquila y sosegada, como si el tiempo se hubiera parado.

 

    Hablaban de la lluvia, de sus hijos, de la vida misma. A muchos de nosotros nos parecería ésta conversación anodina, acostumbrados a la lucha diaria, llena de sobresaltos, envidias e inquina, intentando siempre escalar puestos a costa de otros. ¿Porqué no desandamos sobre nuestros pasos y recuperamos ese pasado lleno de tranquilidad y paz?.

 

    Todavía recuerdo en mi niñez, cuando acompañando a mis padres nos acercábamos a la Campana o al Vicentino para tomar un café. El recibimiento era cálido cordial. El camarero contaba los últimos acontecimientos y junto con el café traía una jarra de agua. La bebida de la infusión aromática, se realizaba lentamente, saboreando cada trago, sin prisas, viviendo el momento. El agua servía para apagar la sed producida por el café.

 

    Sin embargo hoy día el trato es impersonal, se han instalados máquinas de café, por doquier, nos convertimos en seres huraños y tan autómata como la misma máquina que nos sirve.

 

    No hace falta ser un lince para observar que las cosas más importantes de nuestras vidas, las tenemos muy cerca y que no hay que correr tanto para encontrarlas.

 

RASCAYÚ .........

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