
Mientras en épocas anteriores, gran parte de la población joven de nuestra Ciudad, al no encontrar en la misma condiciones educativas, tales como Universidades, Colegios Mayores etc... y carecer asimismo de un tejido laboral, donde pudieran desarrollar sus actividades, tuvieron que trasladarse a otros rincones de España. Ese espacio ha sido ocupado por una cohorte de tahúres, venidos de fuera, que como una avalancha lobuna, atraídos por este nuevo ElDorado, están dispuestos a llevarse hasta la última pepita de oro.
Con el advenimiento de la democracia, en Ceuta nació una nueva profesión "El Político" y cosa curiosa la mayoría de ellos no son "Caballas", son trashumantes, son vendedores de crecepelos, que montados en el carro de la desvergüenzas, han aterrizado en estas tierras, no para ayudarla, como pudiera suponerse, sino para saquearla y dejar exhausta sus arcas.
Y no me estoy refiriendo solamente al GIL, de infausto recuerdo, sino a una pléyade de figuras de tercera división, que como en sus partidos nacionales, no pueden despuntar, se han venido a nuestra querida tierra a medrar, pues esto es un gran negocio, poco riesgo y mucha rentabilidad. A muchos de ellos no se les conoce profesión u oficio, son "Políticos" y eso les basta para obtener pingues beneficios.
Para ellos Ceuta y sus gentes son algo anecdótico, les importa un comino, no han nacido aquí, no la han mamado y para subir en el escalafón, están dispuestos a cometer las mayores tropelías. Como muestra tenemos los casos de corrupción que se pueden contar por centenares, pero todo se tapa, forman una verdadera piña pues está en juego su subsistencia.
Francamente es vergonzoso contemplar lo que está sucediendo y el pueblo de Ceuta debe obrar en consecuencia, estos malandrines deben ser expulsados de la vida pública, y aquí no hago distinciones entre derechas o izquierdas.
Los puestos de responsabilidad en la política local, deben ser ocupados por verdaderos Caballas, gentes nacida en esta bendita tierra, que la amen y luchen por ella, gente comprometida con sus paisanos, que no se dejen embaucar por estos vendedores de crecepelos.
Debemos cortar radicalmente con esta trashumancia, ese trasiego, que nos viene de fuera, para esquilmar nuestra maltrecha economía y demos paso a los ceutíes de verdad, que los hay muchos y buenos, dejando de lado esta escoria que como la marabunta nos ha sido impuesta.
Es curioso la inmensa mayoría de tahúres que tenemos, hacen sus juegos malabares en los salones de nuestra Ciudad de lunes a viernes, y cuando terminan su función, como verdaderos desesperados cogen el barco para irse a sus lugares de orígenes, allí donde guardan sus riquezas, allí donde tienen sus casas y chalet, allí donde tienen sus intereses y allí es donde se tenían que quedar definitivamente y ser desterrados de esta tierra, que la están depauperando con sus idas y venidas.
La mina ya está prácticamente exhausta, ya no se puede sacar un sólo doblón de oro, pero ellos trabajan con ahínco y tesón haber si encuentran una nueva mena; pero como el trabajo es duro para sus finas manos que no pueden soportarlo, han cogido unas callosas, baratas y eficaces que les ayudan en esos menesteres. Me estoy refiriendo a la nueva versión del cambalache, vieja técnica de cambio mercantil, que el socialismo tramontano puso en uso y vigor en tiempos del felipismo.
Dicha técnica consiste en que a la clase depauperada y pobre, procedentes del Reino de Marruecos, se les facilite asiento y acomodo en nuestra Ciudad, dándoles todo tipo de dones y dádivas, seguridad social, puestos de trabajo, ayudas de toda clase y sobretodo, la gracia especial, que es la ciudadanía española, con la cual tienen todo tipo de derechos en detrimento de la población autóctona.
A cambio de estos fueros y como pago por dichos servicios, esta invasión sarracena, aumenta el vivero de votos, de estos tahúres que no quieren perder sus privilegios. Menos mal que el pueblo de Ceuta con su fino olfato, se está dando cuenta de estas tropelías y en las últimas elecciones votó en consecuencia.
Ahora sólo nos queda que estos rescoldos, sean apagados definitivamente y las cenizas se viertan en mitad del Estrecho, a ver si las corrientes se las llevan definitivamente de nuestra hermosa tierra.
RASCAYÚ.....
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