REFLEXIONES

 

    Desde siempre ha existido una rebeldía juvenil, que es la actitud de disconformidad de los jóvenes frente al orden establecido, la contravención de las formas, usos, convencionalismos, normas, leyes, principios y valores, puesto de manifiesto de diversos modos, desde el corte de pelo a través de varias de formas de indisciplina social, hasta disturbios violentos.

 

    El rasgo diferenciador de ésta rebeldía consiste en no obedecer a ningún plan que tenga como fin la transformación total del orden social. De hecho, ésta rebeldía tiene caracteres fundamentales una multiplicidad de formas de manifestarse.

    Me gustaban más los "Hippies", de mi tiempo, que ésta generación de violentos, okupas y todos los grupos o grupúsculos, gays, lesbianas, tortilleras, maricones, feministas y un largo etc.........

    La prensa norteamericana empezó llamando "hippies" a una cierta forma de protesta juvenil, a partir de 1.964 y ése movimiento se sustentaba en la oposición a toda forma de violencia, es decir estaban en contra de las guerras y de las injusticias sociales, practicando un pacifismo activo, oponiéndose en aquel entonces a la guerra de del Vietnan, problema negro, hambre en el mundo, colonialismo económico etc......

     Practicaban el amor libre y su símbolo era una flor -poner flores en las bocas de los fusiles, era uno de sus lemas-, les gustaba la música, sobretodo de los "Rolling Stones".

    Sin embargo, en los tiempos actuales la juventud es violenta, quizás al estar sometidos éstos jóvenes a una enseñanza formal, sin educación de la sensibilidad, reforzada ésta por la "deformación" del gusto impuesto por la modas (revistas, cine, televisión), se convierten en testigos de un mundo que los fascina y repele, a la vez. Pues por un lado, está la fascinación de las cosas adquiridas (a módicos plazos, claro está) y por otro la rigurosa y dura disciplina de ocho o más horas de trabajo amarrado al duro banco de la rutina para conseguir el dinero para comprarlas.

    La dura disciplina del trabajo, es el precio que hay que pagar por la emocionante satisfacción de adquirir cosas, de engancharse a la ambivalente espiral de prestigio.

    Esta es la consecuencia de la implacable lucha competitiva en que se hallan comprometidos los grandes monopolios; para éstos, los seres humanos tienen dos dimensiones: producir el "excedente económico" y consumir lo que les echen, "telecomandados" por los omnipresentes medios de comunicación.

    El destino de la disciplina es "producir" más bienes y el objetivo es hacer consumir esos bienes. Se impone una trepidante innovación; la exaltación de lo nuevo; hay que ser dinámico y abierto a lo nuevo, porque es el camino para ser "joven". Los consumidores deben renovar sus cosas a golpe de anuncio, sin pensar, sin reflexionar, sin resistencia; pero a la vez, tienen que rechazar lo viejo, lo pasado de moda. La exaltación de lo nuevo implica la aversión a lo viejo, a lo habitual.

    Con todo lo anterior ya tenemos todos los elementos que pueden explicar las rebeliones juveniles. Un número muy grande de jóvenes, nutridos, vestidos, sin responsabilidades, incitados constantemente a disfrutar de todos los placeres ideados por los servicios de comercialización elevados a la categoría de héroes de la felicidad.

    Pero frente a sus deseos ingenuos está el precio que hay que pagar; la dura disciplina empresarial y la no menos dura disciplina de consumo. Los jóvenes, en cuanto grupo menos condicionado de consumidores, vacilan, se sienten confusos y adoptan actitudes contradictorias, que van desde la marginación pasiva (Hippies) hasta las formas de rebelión violenta contra el orden establecido, que es lo que está ocurriendo actualmente.

    RASCAYÚ.........

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