LA PAERIA DE LLEIDA (lll)

 

En la segunda entrega se mostró una pequeña, aunque harto significativa selección, sobre las prácticas ceremoniales en la época medieval, momento fundacional de esta institución. Su importancia viene dada, sobre todo, por el procedimiento desplegado en la festividad del Corpus Christi cuya fórmula protocolaria constituye la base de gran parte del posterior Ceremonial de la Paeria . Dado la gran cantidad de ceremonias que se contienen en el programa protocolar, que sería muy largo enumerar, y una vez ya expuestas las principales, en el presente escrito realizaremos un pequeño compendio de otros actos de menor relevancia pero que no dejan de tener su importancia.

 

Fachada Principal de La Paeria

 

Entre estos, conviene resaltar los recibimientos regios, momentos álgidos de cualquier ceremonia protocolaria. Las recepciones anteriores a la Guerra de Sucesión tienen una característica propia y de suma importancia para Lleida, y Catalunya: antes de entrar en la ciudad, los Reyes debían jurar sus privilegios. Describimos a renglón seguido la llegada del Emperador Carlos I, el día 28 de enero de 1519: los preparativos previos que los paheres llevaron a efecto fueron muchos, entre ellos se dispuso la construcción de un “catafalch” y de un palio de brocado. También se acordó en recomponer caminos y en adornar las calles. Asimismo, se discutió la posibilidad de obsequiar al Rey y de pagar hospedaje a el y a su comitiva. Al final, y atendiendo a que “te la ciutat privilegi con no es obligada la ciutat en donar posades franques” , se resolvió en pagar el alojamiento del Rey y de los miembros de su Casa Real, pero no así a todos los componentes del séquito. Para el obsequio, se encargaron dos platos de plata que tenían que estar “molt ben fets y acabats” con plétora de adornos dorados y que traían en el centro un escudo con las armas de la Ciudad , los cuales se entregarían al Rey por los mensajeros que habían de saludarle en Fraga , pero haciéndole advertir que se trataba de un “gracios pressent”, ya que la ciudad no estaba obligada a hacer dádivas.

Así, una vez en la capital del Cinca, los mensajeros de la Paeria saludaron al Rey y le hicieron entrega del presente, al mismo tiempo que acordaban con sus dignatarios el protocolo de entrada en la ciudad de Lleida, pactándose que el Rey prestara juramento en la misma forma que lo hizo Fernando el “Católico”;  

“Jure solemnement a nostre senyor Deu sobre la sua Santa Creu e los Sants quatre Evangelis per ses mans corporalment tocats que tendra e fermara inviolablement a la sua Ciutat de Leyda Pahers Universitat y singulars e a tots los habitants y poblats en aquella e lochs de contribució e encara al capitol e clero de la Seu de dicha ciutat e a la Universitat del Studi de aquella e singular de aquell les usatges de Barcelona constitucions de Cathalunya capitols y actes de corts e tots e sengles privilegis libertats inmunitas”.

El Rey prestó juramento en el catafalco destinado para tal efecto una vez hubo entrado en la ciudad, en medio del entusiasmo popular, montando una yegua engalanada y bajo palio llevado por cuatro paeres y nueve prohombres. De la cabalgadura del Rey salían sendos cordones de seda de distintos colores con flecos y botones, que eran portados por otros diez prohombres de la ciudad.

En relación al recibimiento de autoridades, destacaremos el incidente ocurrido con ocasión de la visita a Lleida (1624) del Archiduque D. Carlos de Austria, tío de Felipe IV: estando los paeres cumplimentándolo en su residencia, y como quiera que el príncipe, después de los saludos, se cubrió y habiendo estado “como cosa de un Avemaría” sin decirles a los paheres que también podían cubrirse, éstos lo hicieron sin esperar su venia, lo cual le sorprendió primero y molestó después, hasta que le explicaron que “esta Ciutat se acostume cubrir los pahers della davant tots los princeps del mon llevat son Rey y son primogenit ”. Esta contingencia pone de manifiesto dos elementos relacionados: por un lado, el celo con el que los paheres velaban por sus privilegios y, por otro los famosos incidentes protocolarios que entonces, al igual que ahora, y más allá de vanidades personales -que también ...- nos muestran el principio de jerarquización de los distintos poderes establecidos y la necesidad que tienen estos de que la sociedad lo visualice.

Conozcamos otro recibimiento regio, ahora en la Lleida moderna. Estamos en 1860, fecha en la que la Reina Isabel II inaugura el ferrocarril y correspondiente estación: allí esperaba la Paeria en pleno bajo mazas, seguida por los gigantes y la banda de música municipal. La Reina , una vez hubo descendido del tren subió a una “lujosa carreta tirada por seis briosos caballos” haciendo triunfal entrada en la Ciudad por la recientemente abierta puerta del Príncipe Alfonso, dirigiéndose hacia la Catedral donde ingresó bajo palio, cuyas varas portaban los p aheres y a los acordes de un “Te Deum”.

Si bien es cierto que el recibimiento por parte de la Paeria a Reyes y Jefes de Estado parece que ha sido siempre muy semejante, no lo es menos que en función de épocas y regímenes políticos diferentes el protocolo y el ceremonial, aún sustentándose en las bases ya descritas, difiera notablemente.

Aunque no esté en directa conexión con la temática abordada aquí, creo interesante concluir con la mención de un documento, sin fecha pero intercalado en un registro del s. XVIII, encontrado por el historiador y cronista oficial de la ciudad que fue, Josep Lladonosa (q.e.d.), y cuyo título es el siguiente: MÉTODO QUE DEBE OBSERVARSE PARA SOCORRER A LOS AHOGADOS . Tanto por el título como por su contenido -como veremos- puede tratarse, efectivamente, de los tiempos del barroco, época muy proclive a lo aparatoso , a la prodigalidad , etc. Y, desde estas perspectivas, a recomendaciones de todo tipo a la población por parte de las autoridades. De esa forma, lo que se sigue a renglón seguido puede ubicarse en algo así como un incipiente servicio de “protección civil”, recogido en una curiosa normativa municipal que consta de un articulado de 12, que no me resisto a reproducir, aunque sólo sea en parte: el 3º dice;

Cuando el tiempo está frío se debe hacer la operación (desnudarlo...) junto al fuego. Por el contrario, si el tiempo está caluroso se han de abrir puertas y ventanas y procurarla dar un aire fresco, el que es muy conveniente para reunir los restos de vida dispersos y ocultos en el cuerpo...” .

Y el 7º;

“Se han de realizar friegas al ahogado en diferentes partes del cuerpo con licores espirituosos. El rum, el espíritu de enebro o el aguardiente caliente son espíritu propio para esta operación. Se deben aplicar con frecuencia a las narices con una pluma el tabaco el espíritu de hasta de ciervo para excitar el estornudo. Y Sigue el 8º, “El humo del tabaco introducido en el ano es uno de los remedios más eficaces. Si no hay máquina fumigatoria para tal efecto se puede suplir con dos pipas”.  

Para rematar la faena, el 11º aconseja que;

“no se debe hacer uso de la sangría en semejantes casos, al menos que algún médico hábil lo ordene” .

Siguiendo con las exhuberancias barrocas, reproducimos el menú que le fue ofrecido al obispo auxiliar de Zaragoza:

COMIDA QUE SE DIO AL OBISPO AUXILIAR DE ZARAGOZA EN 6 DE OCTUBRE DE 1760,

quando venia de Ibiza.

Melon por principio frio.

Sopa con costra de huevos, azucar y canela.

Olla, con dos gallinas.

Tozino magro con tomates y pimientos.

Costillas de cordero en zumo de perdiz.

Estofado de Buey.

Perdizes y conejos todo junto.

Guisado de cordero.

Pichones.

Frexinat de la asadura del cordero.

Asado, dos piernas del cordero y dos gallinas y ensalada.

 

POSTRES

Ubas = Manzanas = Queso = y azeitunas de Caspe = Confitura con Zumo = Crema = y Anises.

Una muestra de aquello de que de las “grandes harturas, están llenas las sepulturas”.

 

Bibliografía:

Gras i Esteva; La Paeria de Lleida (1149-1707). Organización Municipal. Ayuntamiento de Lleida. 1988 (1911).  

Lladonosa Pujol, J.; Compendio de la Historia de Lérida. 1948. Lleida.

“ ; La Ciutat de Lleida (3 vol.) . Barcelona. 1958-59.  

Ventura Serrano, J.; Curiosa tradición municipal. 1947. Lleida.

© Jose Luis Burón Alegre. Historiador del arte y antropólogo

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