EL MODERNISMO

Es un movimiento cultural que se produce en Occidente entre finales del s. XIX y principios del XX. Suele designar solamente las corrientes artísticas (aunque en Cataluña adquiere un sentido más amplio). Coincide en toda Europa con una época brillante, la Belle Epoque, plena de optimismo científico y técnico, de una cierta prosperidad económica, de creatividad en el arte y la cultura en general (simbolismo en la literatura y la pintura, “wagnerismo” en la música, influencias de Nietsze en filosofía, etc.), así como una gran efervescencia social.  En realidad, más que “coincidir”, es el reflejo del momento histórico. Puede decirse que se origina en Inglaterra, donde las influencias del Arts and Crafts y del "revival gótico" dan lugar, hacia 1870-80, al estilo Aesthetic Movement, preludio "contenido" del Art Nouveau.  Antes, alrededor de 1850, los éxitos  -avances tecnológicos, nuevos materiales, el progreso en definitiva... -   de la 2ª Revolución Industrial son mostrados en la exposición del Crystall Palace, en Londres.  Las 1as. obras modernistas no aparecen hasta mediados de 1880, y el triunfo internacional del estilo obtiene su punto álgido en la Exposición Internacional de París, en 1900.  A partir de éste momento, se sigue cultivando con fuerza unos cuantos años más, pero pierde el carácter renovador aunque contribuye a la conformación de nuevos estilos sucesivos.

Es un estilo que se caracteriza por la supremacía  de la línea curva, de la sinuosidad, sobre la recta, el gusto por lo asimétrico, la riqueza y el detallismo de la decoración, por los motivos vegetales, el esteticismo refinado y el dinamismo de las formas (sin olvidar su carácter derivado del simbolismo). Movimientos afines son: Art Nouveau en Francia y Bélgica, Modern Style en Inglaterra y USA (o también Tíffany's, en este último), Sezession en Austria y Bohemia, Jugendstil en Alemania y Liberty en Italia.

 

  Boceto de la Sagrada Familia

  Boceto de la Sagrada Familia.

 

EL MODERNISMO EN CATALUÑA

En 1884 aparece, quizás por vez primera, el nombre    -Modernismo-   en Cataluña; son los tiempos de los primeros ensayos arquitectónicos del Antonio Gaudí, que logró situar aquel movimiento en la vanguardia del arte internacional. El gran arquitecto Gaudí llega a "desbordar" los límites del estilo, lo que ha llevado a algunos historiadores del arte a valorar e interpretar su obra en un universo más reducido, el "gaudinismo", aunque siempre dentro del más amplio, es decir,  del Modernismo.

El Modernismo catalán tiene sus peculiaridades: un profuso repertorio, situado en muchos aspectos en la vanguardia del momento; es, a menudo, presentado como un arte nacional vinculado al catalanismo político (perceptible por la utilización de elementos  y formas en arquitectura de los estilos históricos del arte popular, y por la omnipresencia del escudo de Cataluña y de su patrón, Sant Jordi). Coincide, como en el resto de Europa, con una etapa de desarrollo socioeconómico estando, así, ante un momento de estabilidad política  y de consolidación del capitalismo industrial, contexto propicio para que la burguesía invierta y crezca. Además, el Modernismo pretende crear una cultura moderna, evidenciada en las referencias a la arquitectura nórdica, en la adopción de los nuevos materiales (hierro laminado, vidrio industrial, hormigón, etc) y en el  perfeccionamiento de la tradicional construcción en ladrillo.

 

 

EL CALDO DE CULTIVO: LA SALA PARÉS

Y ELS QUATRE GATS

La pintura modernista de Santiago Rusiñol y Ramón Casas, que  filtraban de Francia los ecos de un Impresionismo gris, surgía también entonces; pero verdaderamente, más que referencias a la geografía urbana de Barcelona eran a la de Montmartre, donde aquellos pintores residieron y pintaron en los primeros años noventa. El producto de aquellas campañas pictóricas parisinas, no obstante, sí que se dieron a conocer en Barcelona, y con controversias por lo que aportaban de modernidad; fue en la Sala Parés de la calle Petritxol (hoy activa como establecimiento de material artístico y galería de arte). La Sala Parés fue el marco de  una de  las primeras exposiciones modernistas y de bue­na parte de las que siguieron. Manifestaciones artísticas como aquéllas proveyeron de energía a las jó­venes generaciones modernistas que,  desde 1897 encontraron un cenáculo ideal para sus reuniones: Els Quatre Gats, en la calle Montsió, una cervecería, hostal y local polivalente. Aunque no era una galería de arte, en sus paredes colgaban pinturas y dibujos de Ramón Casas y  de otros artistas habituales del local, como los pintores Darío de Regoyos, Isidre Nonell o Pablo Picasso, que expusieron individualmente. No era un teatro, pero se desarrolló más de una sesión (sobre todo, de títeres).  Tampoco era sala de conciertos, pero Joaquín Nin, Isaac Albéniz y Enrique Granados deleitaron a la concurrencia más de una vez con sus interpretaciones al piano.

 

La plena aceptación del Modernismo por parte de la burguesía catalana se incrementó tras el éxito arrollador que el Art Nouveau, el más atractivo de los estilos modernistas, había tenido en la Exposición Universal de París de 1900.

Pero este periodo artístico tan pegado al desarrollo urbanístico  de Barcelona, y al desarrollo socioeconómico y cultural de Cataluña en general, no ha tenido siempre   -ni mucho menos-   la misma valoración: la actual admiración de barceloneses, catalanes y españoles era de abierta hostilidad por parte de la generación noucentista, llegando a la provocación y a la insidia. El propio Eugeni D'Ors, en su Glosari (Enlla i la generació noucentista,1906), arremete contra los modernistas de esta forma: "A veces   -he de confesarlo-   no puedo pensar sin terror en el destino de nuestro pueblo, obligado a sostener, sobre su propia normalidad, tan precaria, el peso, la grandeza, la gloria de estas sublimes anormalidades: la Sagrada Familia, la poesía de Maragall...". De hecho, las casas Fuster, de Domenec i Montaner y la Golferichs, de Rubió i Bellver, estuvieron amenazadas de derribo, y se llegó a destruir la cautivadora Casa Trinxet, de Puig i Cadafalch.  En la revista Insula (septiembre, 1952), el historiador y profesor de arte Juan Antonio Gaya Nuño afirma: "No me gusta Gaudí, no creo en su genio [...] Barcelona  [...] es la ciudad víctima de los más crueles  furores arquitectónicos que jamás hayan mancillado urbe alguna. Modernismo, es decir, la concreción tuberculosa, purulenta y cursi, demencial y morfinómana de un cruce de importaciones baratas, tales como el wagnerismo, con motivos vagamente hispanos, cual el anarquismo activo. Todo es fruto de una patología mental, torturas de la imaginación, o bulbos obscenos" (refiriéndose, con este último calificativo a los pináculos de la Sagrada Familia). No era solamente la posición de intelectuales e historiadores del arte, sino que era la opinión mayoritaria en  aquella gris Barcelona de postguerra.

No será hasta después de  bien entrados los '50 del s. XX  -aunque ya en 1949, J. F. Ràfols comenzaría a rehabilitarlo-  cuando lentamente se forma una corriente  recuperadora que, a través de voces autorizadas, reclama una mayor y mejor consideración del modernismo. Dalí, entre gestos "teatrales" y chanzas, inició una deriva que propiciaría el interés de intelectuales e historiadores, desde Cirici y Bohigas, hasta N. Pevsner (éste en el plano internacional)  que concederá  a Gaudí la categoría, tanto a  nivel histórico como conceptual, de verdadero pionero  del movimiento modernista. En 1969 se celebró en Madrid y Barcelona la exposición El modernismo en España cuyo catálogo, preparado por Joan Ainaud de Lasarte, constituye su primera valoración global.

La animadversión de antaño ha dado paso a una profunda admiración, pero aún hoy   -sobre todo en círculos intelectuales y artísticos-   se habla de la “conveniencia de replantearse la revisión del Modernismo desde los ojos críticos de la modernidad y de la investigación científica, y plantearse si lo que se ha dado en llamar “Modernisme català” es realmente un movimiento moderno o si por el contrario no es el más reaccionario, retrógrado y kitsch de los estilos”. (X. Barral). Para éste mismo historiador, “de conservadora, reaccionaria, de derechas y  tradicionalista sí que es   la arquitectura modernista por lo que representa: la ostentación de la riqueza,  el exceso  decorativo y la voluntad de epatar”.

Para algunos historiadores, el Modernismo “no fue un estilo ni una corriente estética; fue simplemente una actitud de modernidad militante, adoptada por toda una generación de intelectuales y artistas que estaban hartos del convencionalismo creativo de la época de la Restauración”. (F. Fontbona)

Sea lo que fuere (aquí y ahora no vamos a entrar en el debate), la realidad tangible es un nuevo arte drásticamente diferente y brillantemente creativo que se extiende por toda la ciudad, pero especialmente en la zona conocida como el Eixample (Ensanche), núcleo arquitectónico y de las artes aplicadas más destacado del mundo. No resulta extraño, pues que Barcelona haya resultado elegida   -por “cantidad y calidad”-   sede central de la Ruta Europea del Modernismo

 

L’Eixample (El Ensanche)

Diseñado por Ildefons Cerdà a partir de 1860, es la zona de expansión urbanística de la antigua ciudad amurallada. Es una red regular de calles paralelas y perpendiculares al mar, con manzanas de casas octogonales (por la supresión de los ángulos; los chaflanes) y supone un avanzado y original modelo de planificación urbana. Aunque ya con antecedentes en el barrio del Pireo (Atenas), con Hipódamo de Mileto, en los tipos constructivos ex novo de los romanos y en las tramas reticulares de las construcciones españolas en Hispanoamérica (Santiago de León, la actual Caracas, como ejemplo paradigmático).

Tipología característica de los edificios (además de los valores formales y de la riqueza decorativa); generalmente, en la planta baja, las tiendas y almacenes. La puerta de entrada en el centro.  El Principal era el piso de los propietarios; ocupaba toda la planta y comunicaba con el jardín que se abría en el interior de la manzana. Disponía de una tribuna en la fachada con una buena decoración. Muchas veces el acceso a la casa era directo, desde el vestíbulo,  mediante una gran escalera. A diferencia de los restantes pisos, más pequeños, de renta, y a los que se accedía muchas veces por una segunda escalera más sencilla.

 

El Paseo de Gracia, antiguo camino de la Barcelona amurallada a la Villa de Gracia, hoy día incorporada como barrio a la ciudad, forma su eje principal: Allí se encuentran algunos de los edificios más destacados (La Pedrera, p. ej.). Allí, se edificaron tres de las casas de vecinos más espectaculares de la época: Amatller, Lleó Morera y Batlló, tan interesantes por su arquitectura como por las artes aplicadas que las ornan, nota ésta que se repite constantemente en toda la arquitectura modernista catalana, heredando y re­vitalizando  así, una rica tradición autóctona de artes y oficios artísticos.

 

La Casa Amatller (1898‑1900), obra de Puig i Cadafalch, recrea la arquitectura bajomedieval norteuropea, siguiendo uno de los mitos cultura­les de Modernismo catalán: la fascinación por el viejo mundo  germánico.

Del mismo autor, es de remarcar la Casa Macaya, y Casa Terrades (de les Punxes”),además del palacete de Barón de Quadras (1902‑04), hoy Museu de la Música, en la Dia­gonal.

 

La Casa Lleó Morera (1902‑06), de Doménech i Montaner, es una de las obras antológicas del Modernismo, por sus esculturas de Eusebi Arnau, el mobiliario de Gaspar Homar con  marqueterías diseñada por Josep Pey, que también diseño los  mo­saicos de Lluís Bru y Mario Maragliano, y los vitrales de Antoni Rigalt, entre otras realizaciones.

Este arquitecto realizó también la interesante Casa Fuster (1908‑10), al final del Passeig de Grácia, un edificio modernista contenido.

 

Los mismos autores, y otros, como Joan Rubió i Bellver (Casa Golferichs, 1900-01), realizaron en aquellos años nuevas viviendas  y edificios varios, muy destacables.

 

La Casa Batlló (1904‑06).  Uno de los edificios más ingeniosos de Antoni Gau­dí, aún siendo una reforma de otra casa an­terior. Su fachada decorada con volúmenes cromáticos abstractos de cerámica y vidrio desmenuza­dos   ‑cuya disposición Gaudí dirigió a distancia dando órdenes desde la acera, como si de un mo­derno pintor de la Action-painting se tratara‑,  los originales ventanales irregulares del mirador del piso principal, o el tejado a modo de lomo de reptil, presidido por una contundente cruz bulbosa, con resonancias del mito de Sant Jordi, hacen de ese edificio una de las más fascinantes construcciones de su tiempo.

 

 

Casa Milá (La Pedrera)

La Casa Milá (1906‑10) fue un encargo de don Pedro Milá y Camps, empresario, diputado y dandy,  a Gaudí. La Pedrera fue  la obra maestra del género.   Gaudí nos muestra en este edificio de viviendas su dominio de la técnica, al crear una muy compleja estructura de piedra aparente, de formas erosionadas, a modo de una gran cascada. Todos los elementos toman en el singular e insólito edificio un aspecto orgánico, avanzadilla de la escultura abstracta y de la arquitectura expresionista. Paredes onduladas, aberturas todas distintas, barandillas de forja de aspecto magmático. Plantas sin muros de carga, resueltas a base de columnas y paredes simples, arcos parabólicos, terraza poblada de salidas cubiertas, y ventiladores  de aspecto fantástico. Alex Clapés, el pintor “maldito”,  in­tervino de nuevo en la decoración mural de los grandes patios de luces del bloque.

Casa Mila (La Pedrera)

Casa Mila (La Pedrera)

La Pedrera se caracteriza, además de la fachada, por la supresión de la escalera de vecinos,  reemplazada por un ascensor, la situación y la rampa heicoidal de acceso al subterráneo. Pero la Pedrera impone su ostentación al mismo tiempo que representa la  indisciplina en la recomposición de la trama urbana.

El edificio, actualmente restaurado, limpiado y depuradas sus estructuras, se ha intentado       -en la medida de lo posible-   reponer la arquitectura original, constituyéndose, así,  en un lugar de sensualidad perceptiva, en un museo vivo. Aquí tiene su sede la Fundació Caixa de Catalunya (su actual propietaria) que ofrece la posibilidad de visitar el monumento, mediante exposiciones y actos que se celebran asiduamente en su interior, y de la muestra gaudiniana permanente asentada en el extraño desván, en el llamado “Espai Gaudí” ; una instalación que dispone de distintos niveles de lectura de su obra con el instrumento pedagógico más cercano: la arquitectura de Gaudí en directo, acompañada de maquetas, audiovisuales y otros instrumentos de aproximación al modo de percibir y ordenar el espacio  de este arquitecto visionario, provocador, capaz de suscitar en sus monumentos urbanos la espiritualidad y la utopía de la época de las catedrales, gracias también a mecenazgos espléndidos como el de Eusebi Güell y, en este caso, el de Roser Segismón y Pere Milà, propietarios iniciales de la Pedrera.

 

Gaudí, realizó también la Casa Vicens, una de sus primeras obras (1883-88); el Convento de las Teresianas; la Casa Calvet; Les Escoles de la Sagrada Familia, “uno de los mejores edificios de Gaudí”, según Daniel Giralt Miracle. Asimismo, cabe citar la  Cripta de la Colonia Güell, en Santa Coloma de Cervelló. Además de otros edificios y diseños varios de elementos decorativos y objetos artísticos. 

 

 

Hospital de Sant Pau

A partir de 1902 em­pezaba a construirse en la ciudad un nuevo gran hospital,  planeado como una enorme ciudad sanitaria encajada en un costado del Eixample, ocupando nueve manzanas del mismo. La dimensión del solar y la poca simpatía con que Doménech veía la urbanización de Cerdá, llevó al arquitecto a diseñar su ciudad hospitalaria rompiendo enteramente con el esquema del Eixample. Su fac­hada más representativa es la del edificio de la administración, que como es habitual en la arquitectura modernista acoge todo tipo de artes aplicadas, entre las que destacan las esculturas de Eusebi Arnau y las del joven artista aragonés Pablo Gargallo, y los mosaicos historiados diseñados por Francesc Labarta y ejecutados por Mario Maragliano.

 

Palau de la Música Catalana

Una de las agrupaciones más carismáticas de la cultura catalana de aquel momento, el Orfeó Catalá, también se  dotaría de una sede modernista. El re­sultado fue la principal sa­la de conciertos de Catalunya. Su autor fue Doménech i Montaner, realizandosé las obra entre los años 1905 y 1908. La construcción del Palau no estuvo exenta de tensiones, producidas por los discretos medios económicos disponibles por la entidad y los elevados costes a que obligaba la exuberante decoración planeada por el arquitecto. Hechos algunos recortes presupuestarios, el resultado no dejó de ser impresionante; una magna sala, delimitada con vidrieras policromas más que con paredes, y escenario revestido de mosaicos y alegorías musicales modeladas por Eusebi Arnau, tras una acceso que es un enorme arco esculturado por Diego Masana y Pablo Gargallo (1907‑10). En el exterior destaca, en la esquina principal, a lo largo de buena parte de la fachada, como un enorme mascarón de proa, un gran grupo escul­tórico de Miquel Blay representando la cançó po­pular que fue sufragado por el aristócrata catalán marqués de Castellbell.

 
El Palau Güell

una de las residencias privadas más originales de  la Europa de su tiempo. To­do resulta sorprendente, desde la esencialista coche­ra hasta la azotea poblada de chimeneas y ventiladores, todos distintos, pasando por el gran salón central corona­do por una cúpula de perfil parabólico y decorado con murales del extraño pintor simbolista Aleix Clapés, que más de una vez pondría su estilo nebuloso y alegórico al servicio  de una realización de Gaudí, uno de los pocos nombres importantes de la cultura catalana de la época que hizo caso a aquel pintor "maldito”.

 
El Parc Güell

Se construyó a expensas del banquero Eusebio Güell, protector y mecenas de Gaudí. Ideado  como ciudad-jardín. Un tipo de urbanización muy en boga en la actualidad, pero que no tuvo el éxito esperado. Es más, fue un completo fracaso; tanto, que sólo se vendieron dos casas: la del propio Güell y la que hoy llamaríamos casa-piloto, que se la quedó Gaudí. Éste solamente construyó la infraestructura; con un mínimo removimiento de tierras, abrió accesos, caminos y la gran plaza, mediante viaductos, muros de contención y el uso naturalista de la piedra consiguió una original integración en la naturaleza. La iniciativa sirvió para urbanizar la zona en forma de un original parque, completado en 1914, y municipal desde 1922. En él destacan los insólitos  pabellones de entrada  ‑uno de ellos coronado por un altísimo e irregular chapitel‑  y la gran escalinata rodeando a un dragón cerámico, ejemplo genial del uso de los materiales de desecho (trencadís), junto a la sala hipóstila        -que tenía que albergar el mercado de la urbanización- sustentadora de la extensa plaza bordeada en su mayor parte por un banco ondulado revestido del mismo material, decoración en la que tuvo una destacada intervención  José M. Jujol. El conjunto sintetiza muy bien la modernidad plástica del movimiento y  su riqueza simbólica, en una realización de marcado signo urbanístico.

 

La Sagrada Familia

La Sagrada Familia, concentra hoy  todo lo que queda del debate antimodernista, y se centra  sobre la conveniencia de acabarla, miméticamente reproducida del legado gaudiniano.  Así,  es posible que se plantee algún día la conveniencia o no de la demolición de los añadidos con el argumento de restituir la pureza originaria de la  obra, para algunos, “el monumento gaudiniano ideológicamente más antimoderno del Modernismo, aquel que representa la reacción más intrépida contra el progresismo laico de finales de siglo y que ilustra el ala más conservadora del catalanismo reformista de la Lliga. La Sagrada Familia, la Trinidad, los apóstoles, la Iglesia están glorificados[...]En el mismo momento de la expansión de la ciudad moderna, del urbanismo de la nueva industria, del planteo urbano que había de llevar al siglo XXX, la Sagrada Familia es antiurbana y antimoderna. No solamente ignora, destruye y minimiza la modernidad y el rigor del Ensanche de Cerdà, sino que es un atentado aereo contra la nueva metrópolis. La religiosidad y el tipo de catolicismo provacativo que transmite es atrasado; la Sagrada Familia busca la redención del laicismo metropolitano  por la arquitectura, de los pecados de toda  una civilización que avanzaba a pasos agigantados hacia la modernidad .Con la Sagrada Familia, el mismo Gaudí cambio de vida, orientándose  espiritualmente hacia la beatitud y la contemplación . Una misión divina que sus sucesores actuales en la obra de la Sagrada Familia, tanto los arquitectos como el escultor, parece que han asumido como si hubieran recibido el mensaje directamente de Dios”.(X. Barral).

La actual pretensión de hacer de Gaudí  un beato y, eventualmente, un santo,   -que, además de reactivar el debate artístico, ha creado otro-   no sólo se basa en la realidad capital de su devoción, sino en su eficiencia como símbolo del  anhelo de recomponer toda la sociedad desde esquemas convencionales. Es decir, con la  voluntad de regenerar a las masas urbanas impregnadas de laicismo, socialismo y anarquismo, a través de un orden social jerárquico, milenarista y paternalista. Esta reacción podemos llegar a entenderla si la enmarcamos en el contexto de la Barcelona, Catalunya y España (y aún Europa) de aquella época; un momento de fuertes tensiones sociales, como la gran convulsión de la Semana Trágica, que aumentarán durante la dictadura de Primo de Rivera y que se agravarán con la crisis financiera del ‘29, conduciendo a la polarización social y a la violencia de los años posteriores, propiciarán esta  reacción ideológico-religiosa auspiciada por figuras como el obispo Torras i Bages y  aglutinada en torno a instituciones como el Círculo Artístico de Sant Lluç y financiada por mecenas a mitad de camino entre el empresario filibustero y el místico de salón. Desde esta perspectiva, y si tenemos en cuenta que la idea de ciudad del movimiento modernista era progresista y laica, sí cabe hablar  de una actitud cuando menos, poco “moderna” (al menos, en la Sagrada Familia).

La Sagrada Familia es la obra de toda la vida de Gaudí. Se hizo cargo de ella en 1884, para  proseguir un proyecto iniciado dos años antes por Villar y Lozano. Concebida como una catedral neogótica, sobre la ya comenzada cripta proyectó un grandioso templo en continuo perfeccionamiento   -en el que aplicó todo su saber arquitectónico y  técnico, compendio de la teoría gaudiniana basada en la observación de la naturaleza-,   y  que supuso una reforma radical con relación al diseño originario, derivando  poco a poco hacia un templo sin estilo histórico referencial.  De todas formas, la observación de la natura no deja de entroncar de alguna forma con el gótico. Como no podía ser de otra manera, dadas las profundas convicciones religiosas del arquitecto, la sublimación  religiosa del arte está presente así como el sentido simbólico, profundo y metafísico; los altísimos campanarios de perfil parabólico se reparten de la siguiente manera: doce torres para los apóstoles, cuatro para los  evangelistas, una para la Virgen y otra   -la más alta (170m.)-   para Jesucristo. Y las columnas, ventanas, etc., se relacionan con el repertorio hadgiográfico y con instituciones y/o misterios de la religión católica.

La estructura del edifico es integrada, con predominio casi total de la piedra, y la decoración es naturalista. El ábside, la fachada del Nacimiento y las torres campanario (de las que sólo vio acabada una),  fueron construidas directamente por Gaudí.

Una obra de aquella envergadura gigantesca, y cuya construcción además dependía de los donativos de los fieles, estaba fatalmente llamada a no ser vista terminada por su autor. A la muerte de Gaudí en el año 1926, la asociación religiosa que la había encargado se propuso no interrumpir su conti­nuación. Así, tras el periodo trágico de la Guerra Civil, en 1952 se reanudaron las obras basándose en los pocos dibujos y maquetas originales que se salvaron de la destrucción durante el periodo que duró la contienda (1936-39). Parece que Gaudí determinó claramente el simbolismo religioso, pero no estableció ninguna norma fija sobre técnica constructiva, que dejó a elección de quienes le sucedieran.

 

En el Museu d’Art Mo­dern, espacio ubicado en la antigua Ciudadela, y de­pendiente del Museu Nacional d'Art de Catalunya, puede admirarse la pintura modernista catalana, así como parte impor­tante de la escultura y de las artes decorativas. Allí se conservan 26 óleos de Ramón Casas  ‑entre los cuales el ca­rismático Plein air‑, otros tantos de Santiago Rusiñol, e igual número del "maldito” Aleix Cla­pés, y 23 de Joan Llimona. Anglada‑Camarasa, Brull, Graner, Adriá Gual, Sebastiá Junyent, Lluís Masriera, Meifren, Riquer, Tamburini, y escultores como Llimona, Clarasó o Blay también es­tán bien representados. Pero también allí se encuentran pinturas de desta­cados modernistas no catalanes, como los españoles Regoyos, Romero de Torres y Zuloaga, los franceses Sisley, Boudin, Rodin, Aman‑jean y Jacques‑Émile Blanche, los ingleses Anning Bell y Brangwyn, o italianos como Et­tore Tito.

No se pueden dejar de mencionar los museos de Sitges y Olot, que también muestran  colecciones de pintura y escultura de aquel momento, así como joyas, vidrieras, muebles etc. A destacar también, la Casa-Museo Gaudí (en el Parque Güell), Museo de la Sagrada Familia (anexo al templo),  Museo de Montserrat, Biblioteca-Museo Victor Balaguer (Vilanova i la Geltrú) y Museo Comarcal (Reus).

  Parque Güell

Parque Güell

El patrimonio modernista (unas 2000 obras) es visible por gran parte de Catalunya; en la provincia de Barcelona, en las comarcas del Barcelonés, Anoia, Garraf, Bàges, Vallès, Plana de Vic, Maresme. En Girona, en el  Gironés,  Empordà, Montseny, Garrotxa, Penedés, Costa Brava, valle del Fluvià. En Lleida, en la propia ciudad y comarca (Segrià), l’Urgell, Solsonés, Segarra. En Tarragona, en el  Tarragonés (Reus, sobre todo), Conca de Barberà, Penedés, Terra Alta, Priorat. Barcelona  ciudad, empero, detenta más de la mitad de las muestras catalogadas; además de  los edificos  religiosos y civiles de carácter institucional, están los pisos y casas familiares, tiendas, farmacias, monumentos escultóricos, fuentes, farolas, bancos y mobiliario urbano en general.

La Barcelona modernista es uno de los más importantes legados artísticos que ha sabido conservar la bimilenaria ciudad. Visitarla es, sobre todo, pasear , dejarse seducir  por una ciudad pletórica de vida, que sigue incorporando las más vanguardistas tendencias culturales, artísticas y de diseño en el conjunto urbano de sus calles y plazas.

 

LA CATEDRA GAUDÍ

El dia 3 de Marzo de 1.956 era creada, por Orden Ministerial de Educación Nacional la Cátedra Especial Antonio Gaudí. El profesor y catedrático de historia de la arquitectura Josep Francesc Ráfols i Fontanals ( 1.965), primer biógrafo de Gaudí en 1.929, era nombrado por el Claustro de la Escuela de Arquitectura director de la Cátedra.

 

Antes, en 1.950, la Universidad de Barcelona adquiere una importante porción de los terrenos destinados a la creación de la futura Ciudad Universitaria entre los cuales se encuentran los pabellones de entrada a la Finca Güell (antigua propiedad del Sr. Eusebi Güell, amigo, protector y mecenas de Antonio Gaudí). Construidos por éste, en un personalísimo estilo, con ciertos aires procedentes de la  arquitectura del lejano Oriente, entre  1.883 y 1.887; comprenden las caballerizas,  picadero, casa del portero  y  la  puerta del dragón.  La Junta de Obras  de la Universidad de Barcelona aprobó el proyecto de restauración de los pabellones presentado por el arquitecto Joan Bassegoda i Nonell  ‑actual Director de la Cátedra- ­ en el año 1.966. Al año siguiente comienzan las obras que, tras tres campañas sucesivas de restauración, se beneficiarán de la declaración de monumento histórico‑artístico que en 1.969 se dictó a favor de varias obras gaudinianas con la consiguiente aportación crematística por parte del Ministerio de Educación de la época. En el Octubre de 1.977, la Cátedra Gaudí se instala en la Finca Güell, donde permanece en la actualidad.

 

El "Aula Discretorum y la "Rotonda"

Es la sala de lectura de la biblioteca y se ubica en lo que fueron las caballerizas. En la "Rotonda" (antiguo picadero), se sitúa el salón de actos, archivo, biblioteca y museo. La biblioteca, aunque privada (es propiedad del director de la Cátedra), está integrada en la red de bibliotecas de la Generalitat de Catalunya e inscrita en la del Ministerio de Cultura, y puede ser consultada por todos los estudiosos que así lo deseen:  dispone  de alrededor  de 14.000 volúmenes, entre los cuales figuran libros sobre arquitectura, urbanismo, jardinería e história de los jardines, construcción, restauración de monumentos y, desde luego, sobre El Modernismo y su más descollante arquitecto, Antonio  Gaudí.

 

El Museo de Arquitectura acoge desde 1.981, obras de Gaudí  y  también de otros arquitectos modernistas, caso de Puig i Cadafalch y Domenech i Montaner; se pueden admirar muebles diseñados por Gaudí, hierros forjados, piezas cerámicas del Parc Güell y Casa Batlló, maquetas y vidrieras, como las de la Catedral de Mallorca. El Museo está adherido aI I.C.A.M. (International Council of Architectural Museums = Consejo Internacional de Museos de Arquitectura).

Planos y dibujos de significado relieve e importancia, entre los que se encuentran algunos de los pocos originales de Gaudí (a causa de la quema del archivo sito en la Sagrada Familia), se  dis- ponen en el archivo, así como un fondo de más de 75.000 diapositivas, antiguos negativos de vidrio y colecciones fotográficas.

 

Actividades de la Cátedra

La Cátedra, con su director al frente y de los profesores adscritos a la misma, así como de los becarios, desarrollan una febril actividad (inexplicablemente poco conocida, y reconocida, en Cataluña y en España). No  así en otros lugares del  mundo,  como lo prueban  las numerosas exposiciones que  la Cátedra  ha  organizado (y sigue organizando)   -y en las que han figurado objetos artísticos de los descritos en el Museo-   por Europa, América y Asia (especialmente, y desde 1.978, en Japón), país con un elevado interés por el Modernismo y  Gaudí,  hasta  el  punto de organizarse vuelos charter hasta Barcelona,  y rara es la semana  que  no  es  visitada la Cátedra   -huelga decir que el resto de los monumentos modernistas también-  por nativos del país del Sol Naciente.

Entre la ingente actividad desarrollada por la Cátedra cabe destacar   ‑además de lo reseñado‑  las dos asignaturas del sexto curso de la carrera: "Ha. del Urbanismo y de los Jardines" y "Restauración de Monumentos"; es ésta, precisamente, otra actividad de la Cátedra: así, ha redactado los proyectos para el Monasterio de Poblet y  de Pedralbes,  Palau de la Música, Teatro del Liceo, Santuario de la Misericordia (Reus), Iglesia de Santa Maria del Mar, etc., al igual que  los de las Catedrales de Barcelona y Tortosa. Además, y volviendo al campo de la docencia, la Cátedra imparte tres cursos de Doctorado al año pertenecientes a un programa sobre "Conservación y Restauración de Monumentos y Ambientes", "Jardinería y paisaje" y "Arquitectura de Gaudí". Asimismo, se imparten cursos de humanidades y conferencias por todo el mundo, y se ha publicado (y se publican) abundantes monografías   ‑a destacar las de la Real Academia de Ciencias de Barcelona‑   y unos veinte títulos, así como cientos de artículos en diarios y revistas, todo  ello a cargo del director de la Cátedra y de los profesores adscritos a la misma.

Por otra parte, la Cátedra mantiene una estrecha colaboración con otras instituciones del ámbito gaudiniano y/o propietarios de edificios, tales como; Caixa de Catalunya, Caja de León, "El Museo de los Caminos de Astorga" (León), el Capítulo de la Catedral de Mallorca, la Casa‑Museo Gaudí del Parque Güell y la Junta del Templo de la Sagrada Familia, así como con otras instituciones.

 

El Jardín de las "Hespérides"

La entrada a la Cátedra se halla presidida por una reja de hierro   ‑que sirve al mismo tiempo de entrada al jardín‑  en la que destaca el dragón "Ladón" personaje de la leyenda mitológica de Hesiodo y Apolodoro y que relatan así: Euristeo, Rey de Micenas, impuso a Hércules una serie de trabajos entre los cuales, el undécimo consistía en plantar en España el Jardin de las "Hespérides" después de robar las frutas del jardin auténtico. El jardin o huerta de las "Hespérides" tenía un poderoso guardián, el dragón "Ladón"   ‑el cual fué vencido y encadenado por el héroe griego y convertido en una constelación‑   y tres doncellas, las "Hespérides"; Eglé, Aretusa e Hiperetusa. Estas fueron castigadas por los dioses por haberse dejado robar las "manzanas de oro", convirtiéndolas en sendos árboles; un sauce, un olmo y un chopo. Toda esta leyenda se muestra en la puerta y el jardin de la Finca Güell, puesto que el poeta Jacinto Verdaguer en su poema épico, "La Atlántida", narra el undécimo trabajo de Hércules incorporando la creación del nuevo jardín hesperídico en España que, con la ayuda de Gaudí   ‑que diseñó la reja de hierro forjado con el famoso dragón‑,   se sitúa en la Finca Güell formando parte del homenaje del poeta Verdaguer con "La Atlántidal", y del propio Gaudí, que tributaron al Marqués de Comillas (suegro de D. Eusebio Güell).

Una parte del jardín  ‑después de distintas fragmentaciones‑  quedó en lo que hoy es la actual Cátedra Gaudí, y es destinado a jardín botánico cumpliendo funciones relacionadas con la docencia en lo concerniente a alguna de las disciplinas que imparte la Cátedra.

El jardín, alberga distintos edificios y bienes arquitectónicos de cierto interés; una lápida de Jujol, una barandilla procedente de la  "Casa Botines" (en León), etc. Y,  entre los diferentes tipos de arbolado tales como eucaliptus, encinas, algarrobos, alcornoques, destacaríamos el palmito por ser un árbol muy caro a Gaudí (en sus hojas se inspiró para varias de sus composiciones decorativas, como la reja de la "Casa Vicens"). Hay  También, un templete circular ofrendado al dios Solar Apolo, al lado, tres cipreses que    ‑evidentemente‑  "no responden ... " a los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, pero sí son conocidos por los nombres de los Reyes Magos. Completan el muestrario arbóreo pinos, olmos y palmeras.

"The Atracttion Hotel Project”

Es sabido que muchos arquitectos del Modernismo (y aún, fuera de él) utilizaron con profusión los arcos catenáricos y, así, durante el periodo comprendido entre el 1.883‑1.930, en Cataluña se construyeron numerosas obras con arcos equilibrados de ladrillo; cooperativas vitivinícolas del Campo de Tarragona tales como las de Rocafort de Queralt, Pira, Barberá, Cornudella, Falset, Vilarodona, Pinell del Brai, Gandesa, Nulles, Aiguamurcia, Santes Creus, etc., sin olvidar las interesantísimas bodegas de Raimat, en la Comarca Lleidatana del Segriá, obra del gran arquitecto Joan Rubió i Bellver. Éste los utilizó también en sus obras de la Residencia Estudiantil de la Escuela Industrial de Barcelona, en la Balmesiana y en el Asilo de Igualada. En líneas generales, tras el impulso de Gaudí  ‑que no hace falta decir que los utilizó prolijamente en varias de sus obras‑   numerosos arquitectos aplicaron a la construcción la técnica de los arcos equilibrados. El arco catenárico es, básicamente, la curva que adquiere una cuerda, cadena metálica, etc., completamente flexible y con una carga homogéneamente distribuida  ‑equilibrada‑ en toda su longitud, sujeta en sus extremos y libremente suspendida. En ello se basaron los arquitectos para hacer el cálculo de los arcos equilibrados de ladrillo.

Todo esto, viene a propósito de un proyecto atribuido a Gaudí en el que, de haberse llevado a efecto, el uso de los arcos equilibrados hubieran tenido una formidable aplicación. En el año 1.956, hay un resurgir del interés mundial en torno al fenómeno Gaudí y a su obra. En tal contexto, Juan Matamala Flotats, colaborador de Gaudí, publica una monografía  ‑cuyo texto íntegro se publicó en el "Gran Gaudí" (1.989) original de Joan Bassegoda i Nonell. La monografía se titula "Cuando el nuevo mundo llamaba a Gaudí", y el original manuscrito (junto con los dibujos) se conservan en la Cátedra Gaudí‑   sobre el  “Hotel Atracción”, obra supuestamente encargada a Gaudí por dos hombres de negocios estadounidenses en 1.908. Ningún otro biógrafo de Gaudí alude al tema, en los USA, por ahora, no se ha logrado ninguna pista que permitiera alguna aproximación al entorno de los dos pretendidos "hoteleros" ni de sus descendientes, sólo Matamala parece tener noticias del asunto por lo que, en principio, es un problema  el poder autentificar el proyecto. De hecho, y según aquél, hay unos croquis de Gaudí y unos dibujos propios, que interpretan el supuesto proyecto. A Gaudí se le atribuyen los croquis de la Planta, la Sala "América", Sección longitudinal, Otra sección longitudinal. De  Juan Matamala, que hizo trece dibujos, se pensó que era el autor de todos ellos, tanto los propios como los atribuídos a Gaudí. Pero, hete aquí que en el programa de Doctorado de la Cátedra Gaudí de1989‑1990 sobre génesis de la arquitectura gaudiniana, un arquitecto de la Universidad de Toluca (México), el profesor marcos Mejía López en su trabajo, "Rascacielos para Nueva York atribuido a Gaudí: Estudio de su forma y composición" (archivo de la Cátedra Gaudí), realizó un vasto y pormenorizado estudio de los dibujos y texto de Matamala llegando a un interesante resultado final en el que se puede asegurar, sin género de dudas, que cotejando los dibujos atribuidos a Gaudí con los de Matamala, se aprecia que no son imputables a la misma mano. Lo cual significa   ‑si bien no presupone la autoría de Gaudí-  que Matamala disponía de unos dibujos anteriores que le facultó el enunciado de la sugestiva hipótesis del "Hotel Atracción" de Nueva York. Además, el arquitecto Mejía López, con la ayuda de la construcción de una pequeña maqueta con cadenas, comprobó que los croquis atribuidos a Gaudí se adecuan perfectamente a las formas catenáricas y presentan una asimetría sumamente exacta.

Todo  ello  permite afirmar,  tal  como cuenta     ‑y en la línea de las conclusiones de Mejía‑         el  catedrático Joan Bassegoda i Nonell en su obra, "Aproximación a Gaudí" (1.992); "Matamala no fué el inventor de tal proyecto sino que, valiéndose de unos croquis de ajustadas proporciones se lanzó a establecer la forma y decoración del hotel. Puestas así las cosas no es aventurado  creer que los croquis iniciales fueran obra de Gaudí, ya que están compuestas según su personal manera de entender las formas estructurales".

La investigación de Mejía López supone una novísima e importante aportación en el entorno de la obra de Gaudi.  Y, de cualquier modo,  lo que parece cierto es que el susodicho Matamala  ‑que no era arquitecto, sino escultor‑   no pudo ser capaz de inventarse, hablando en clave cinematográfica, toda "la trama argumental", eso sí, en su interpretación de los croquis que obraban en su poder cometió  errores de bulto y les dio un mucho de carácter fantasioso. Realmente, en el supuesto de la existencia del encargo de los promotores norteamericanos, lo cierto es que el proyecto de Gaudí no pasó de una fase preliminar y nunca se llegó a construir, al igual que el "Office Bulding" (edificio de oficinas en Nueva York) proyecto que en 1.919 y siguiendo las líneas del "Atracttion Hotel" de Gaudí, diseñó el arquitecto Ignacio Bruguera Llobet y del que el Centro de Lectura de Reus, guarda un dibujo.

El estudio técnico, impecable, del arquitecto Mejía debería animar a estudiosos  de Gaudí y su mundo a complementar la investigación con algún tipo de trabajo que incidiera en el mundo simbólico, estético, del universo gaudiniano, arrojando quizás más luz  lográndose así establecer, sin ningún género de dudas, la autoría de Gaudí. Particularmente, el que suscribe apunta ‑posiblemente, también, dejándome llevar por la fantasía, (o quizá no tanto...)‑ algunas sugerencias; fíjense bien en el dibujo del hotel, ¿no nos recuerda, en una asociación  idea/  imagen, a la estatua de la libertad sita en la isla de Manhattan, en Nueva York?. Tampoco resulta muy difícil establecer una conexión con la zona central de una de las fachadas de la Sagrada Familia, concretamente la más reproducida (pero lo cierto es que Gaudí se hizo cargo de la Sagrada Familia en 1.914, y el supuesto encargo del Hotel de Nueva York fué en 1.908 ... ). ¿Pretendería Gaudí establecer   ‑a través de la síntesis de la estátua de la libertad en Nueva York

(América) y la Sagrada Familia en Barcelona (Europa)‑   algún tipo de nexo simbólico entre el nuevo y el viejo mundo?. En todo caso, como el propio "Atracttion Hotel Proyect", no deja de ser sugestivo... .

  Sagrada Familia

Sagrada Familia

 

© José Luis Burón  Alegre

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