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Es
un movimiento cultural que se produce en Occidente entre finales del s. XIX y
principios del XX. Suele designar solamente las corrientes artísticas (aunque
en Cataluña adquiere un sentido más amplio). Coincide en toda Europa con una
época brillante, la Belle Epoque,
plena de optimismo científico y técnico, de una cierta prosperidad económica,
de creatividad en el arte y la cultura en general (simbolismo en la literatura y
la pintura, “wagnerismo” en la música, influencias de Nietsze en filosofía,
etc.), así como una gran efervescencia social.
En realidad, más que “coincidir”, es el reflejo del momento histórico.
Puede decirse que se origina en Inglaterra, donde las influencias del Arts
and Crafts y del "revival gótico" dan lugar, hacia 1870-80, al
estilo Aesthetic Movement, preludio
"contenido" del Art Nouveau.
Antes, alrededor de 1850, los éxitos
-avances tecnológicos, nuevos materiales, el progreso
en definitiva... - de la 2ª
Revolución Industrial son mostrados en la exposición del Crystall
Palace, en Londres. Las 1as.
obras modernistas no aparecen hasta mediados de 1880, y el triunfo internacional
del estilo obtiene su punto álgido en la Exposición Internacional de París,
en 1900. A partir de éste momento,
se sigue cultivando con fuerza unos cuantos años más, pero pierde el carácter
renovador aunque contribuye a la conformación de nuevos estilos sucesivos.
Es
un estilo que se caracteriza por la supremacía
de la línea curva, de la sinuosidad, sobre la recta, el gusto por lo
asimétrico, la riqueza y el detallismo de la decoración, por los motivos
vegetales, el esteticismo refinado y el dinamismo de las formas (sin olvidar su
carácter derivado del simbolismo). Movimientos afines son: Art Nouveau en Francia y Bélgica, Modern Style en Inglaterra y USA (o también Tíffany's, en este último), Sezession
en Austria y Bohemia, Jugendstil
en Alemania y Liberty en Italia.
En
1884 aparece, quizás por vez primera, el nombre
-Modernismo- en Cataluña;
son los tiempos de los primeros ensayos arquitectónicos del Antonio Gaudí, que
logró situar aquel movimiento en la vanguardia del arte internacional. El gran
arquitecto Gaudí llega a "desbordar" los límites del estilo, lo que
ha llevado a algunos historiadores del arte a valorar e interpretar su obra en
un universo más reducido, el "gaudinismo",
aunque siempre dentro del más amplio, es decir, del Modernismo.
El
Modernismo catalán tiene sus peculiaridades: un profuso repertorio, situado en
muchos aspectos en la vanguardia del momento; es, a menudo, presentado como un arte nacional vinculado al catalanismo político (perceptible por la
utilización de elementos y formas
en arquitectura de los estilos históricos del arte popular, y por la
omnipresencia del escudo de Cataluña y de su patrón, Sant
Jordi). Coincide, como en el resto de Europa, con una etapa de desarrollo socioeconómico
estando, así, ante un momento de estabilidad política
y de consolidación del capitalismo industrial, contexto propicio para
que la burguesía invierta y crezca. Además, el Modernismo pretende crear una
cultura moderna, evidenciada en las referencias a la arquitectura nórdica, en
la adopción de los nuevos materiales (hierro laminado, vidrio industrial,
hormigón, etc) y en el perfeccionamiento
de la tradicional construcción en ladrillo.
La
plena aceptación del Modernismo por parte de la burguesía catalana se
incrementó tras el éxito arrollador que el Art
Nouveau, el más atractivo de los estilos modernistas, había tenido en la
Exposición Universal de París de 1900.
Pero
este periodo artístico tan pegado al
desarrollo urbanístico de
Barcelona, y al desarrollo socioeconómico y cultural de Cataluña en general,
no ha tenido siempre -ni
mucho menos- la misma
valoración: la actual admiración de barceloneses, catalanes y españoles era
de abierta hostilidad por parte de la generación noucentista,
llegando a la provocación y a la insidia. El propio Eugeni
D'Ors, en su Glosari (Enlla
i la generació noucentista,1906), arremete contra los modernistas de esta
forma: "A veces -he de
confesarlo- no puedo pensar
sin terror en el destino de nuestro pueblo, obligado a sostener, sobre su propia
normalidad, tan precaria, el peso, la grandeza, la gloria de estas sublimes
anormalidades: la Sagrada Familia, la poesía de Maragall...". De
hecho, las casas Fuster, de Domenec i
Montaner y la Golferichs, de Rubió i
Bellver, estuvieron amenazadas de derribo, y se llegó a destruir la cautivadora
Casa Trinxet, de Puig i Cadafalch. En
la revista Insula (septiembre, 1952),
el historiador y profesor de arte Juan Antonio Gaya Nuño afirma: "No
me gusta Gaudí, no creo en su genio [...] Barcelona
[...] es la ciudad víctima de los más crueles
furores arquitectónicos que jamás hayan mancillado urbe alguna.
Modernismo, es decir, la concreción tuberculosa, purulenta y cursi, demencial y
morfinómana de un cruce de importaciones baratas, tales como el wagnerismo, con
motivos vagamente hispanos, cual el anarquismo activo. Todo es fruto de una
patología mental, torturas de la imaginación, o bulbos obscenos" (refiriéndose,
con este último calificativo a los pináculos de la Sagrada Familia). No era
solamente la posición de intelectuales e historiadores del arte, sino que era
la opinión mayoritaria en aquella gris
Barcelona de postguerra.
No
será hasta después de bien
entrados los '50 del s. XX -aunque
ya en 1949, J. F. Ràfols comenzaría a rehabilitarlo-
cuando lentamente se forma una corriente
recuperadora que, a través de voces autorizadas, reclama una mayor y
mejor consideración del modernismo. Dalí, entre gestos "teatrales" y
chanzas, inició una deriva que
propiciaría el interés de intelectuales e historiadores, desde Cirici y
Bohigas, hasta N. Pevsner (éste en el plano internacional)
que concederá a Gaudí la
categoría, tanto a nivel histórico
como conceptual, de verdadero pionero del
movimiento modernista. En 1969 se celebró en Madrid y Barcelona la exposición El
modernismo en España cuyo catálogo, preparado por Joan Ainaud de Lasarte,
constituye su primera valoración global.
La
animadversión de antaño ha dado paso a una profunda admiración, pero aún hoy -sobre todo en círculos intelectuales y artísticos-
se habla de la “conveniencia de replantearse la revisión del Modernismo desde los ojos
críticos de la modernidad y de la investigación científica, y plantearse si
lo que se ha dado en llamar “Modernisme català” es realmente un movimiento
moderno o si por el contrario no es el más reaccionario, retrógrado y kitsch
de los estilos”. (X. Barral). Para éste mismo historiador, “de conservadora, reaccionaria, de derechas y tradicionalista sí que es
la arquitectura modernista por lo que representa: la ostentación de la
riqueza, el exceso
decorativo y la voluntad de epatar”.
Para
algunos historiadores, el Modernismo “no
fue un estilo ni una corriente estética; fue simplemente una actitud de
modernidad militante, adoptada por toda una generación de intelectuales y
artistas que estaban hartos del convencionalismo creativo de la época de la
Restauración”. (F. Fontbona)
Sea
lo que fuere (aquí y ahora no vamos a entrar en el debate), la realidad
tangible es un nuevo arte drásticamente diferente y brillantemente creativo que
se extiende por toda la ciudad, pero especialmente en la zona conocida como el Eixample (Ensanche), núcleo arquitectónico y de las artes
aplicadas más destacado del mundo. No resulta extraño, pues que Barcelona haya
resultado elegida -por
“cantidad y calidad”- sede
central de la Ruta Europea del Modernismo
L’Eixample
(El Ensanche)
Diseñado
por Ildefons Cerdà a partir de 1860,
es la zona de expansión urbanística de la antigua ciudad amurallada. Es una
red regular de calles paralelas y perpendiculares al mar, con manzanas de casas
octogonales (por la supresión de los ángulos; los chaflanes) y supone un avanzado y original modelo de planificación
urbana. Aunque ya con antecedentes en el barrio del Pireo (Atenas), con Hipódamo de Mileto, en los tipos constructivos ex
novo de los romanos y en las tramas reticulares de las construcciones españolas
en Hispanoamérica (Santiago de León, la actual Caracas, como ejemplo paradigmático).
Tipología
característica de los
edificios (además de los valores formales y de la riqueza decorativa);
generalmente, en la planta baja, las tiendas y almacenes. La puerta de entrada
en el centro. El Principal
era el piso de los propietarios; ocupaba toda la planta y comunicaba con el jardín
que se abría en el interior de la manzana. Disponía de una tribuna en la
fachada con una buena decoración. Muchas veces el acceso a la casa era directo,
desde el vestíbulo, mediante una
gran escalera. A diferencia de los restantes pisos, más pequeños, de renta, y
a los que se accedía muchas veces por una segunda escalera más sencilla.
El
Paseo de Gracia,
antiguo camino de la Barcelona amurallada a la Villa de Gracia, hoy día
incorporada como barrio a la ciudad, forma su eje principal: Allí se encuentran
algunos de los edificios más destacados (La Pedrera, p. ej.). Allí, se edificaron tres de las casas de vecinos
más espectaculares de la época: Amatller,
Lleó Morera y Batlló, tan interesantes por su arquitectura como por las artes
aplicadas que las ornan, nota ésta que se repite constantemente en toda la
arquitectura modernista catalana, heredando y revitalizando
así, una rica tradición autóctona de artes y oficios artísticos.
La
Casa Amatller
(1898‑1900), obra de Puig i Cadafalch, recrea la arquitectura bajomedieval
norteuropea, siguiendo uno de los mitos culturales de Modernismo catalán: la
fascinación por el viejo mundo germánico.
Del
mismo autor, es de remarcar la Casa Macaya, y Casa
Terrades (de “les
Punxes”),además del palacete de
Barón de Quadras (1902‑04), hoy Museu
de la Música, en la Diagonal.
La
Casa Lleó Morera
(1902‑06), de Doménech i Montaner, es una de las obras antológicas del
Modernismo, por sus esculturas de Eusebi Arnau, el mobiliario de Gaspar Homar
con marqueterías diseñada por
Josep Pey, que también diseño los mosaicos
de Lluís Bru y Mario Maragliano, y los vitrales de Antoni Rigalt, entre otras
realizaciones.
Este
arquitecto realizó también la interesante Casa
Fuster (1908‑10), al final del Passeig
de Grácia, un edificio modernista contenido.
Los
mismos autores, y otros, como Joan Rubió
i Bellver (Casa
Golferichs, 1900-01), realizaron en aquellos años nuevas viviendas
y edificios varios, muy destacables.
La
Casa Batlló
(1904‑06). Uno de los
edificios más ingeniosos de Antoni Gaudí, aún siendo una reforma de otra
casa anterior. Su fachada decorada con volúmenes cromáticos abstractos de
cerámica y vidrio desmenuzados ‑cuya
disposición Gaudí dirigió a distancia dando órdenes desde la acera, como si
de un moderno pintor de la Action-painting
se tratara‑, los originales
ventanales irregulares del mirador del piso principal, o el tejado a modo de
lomo de reptil, presidido por una contundente cruz bulbosa, con resonancias del
mito de Sant Jordi, hacen de ese edificio una de las más fascinantes
construcciones de su tiempo.
Casa
Milá (La Pedrera)
La Casa Milá (1906‑10) fue un encargo de don Pedro Milá y Camps, empresario, diputado y dandy, a Gaudí. La Pedrera fue la obra maestra del género. Gaudí nos muestra en este edificio de viviendas su dominio de la técnica, al crear una muy compleja estructura de piedra aparente, de formas erosionadas, a modo de una gran cascada. Todos los elementos toman en el singular e insólito edificio un aspecto orgánico, avanzadilla de la escultura abstracta y de la arquitectura expresionista. Paredes onduladas, aberturas todas distintas, barandillas de forja de aspecto magmático. Plantas sin muros de carga, resueltas a base de columnas y paredes simples, arcos parabólicos, terraza poblada de salidas cubiertas, y ventiladores de aspecto fantástico. Alex Clapés, el pintor “maldito”, intervino de nuevo en la decoración mural de los grandes patios de luces del bloque.

Casa Mila (La Pedrera)
La
Pedrera se caracteriza, además de la fachada, por la supresión de la escalera
de vecinos, reemplazada por un
ascensor, la situación y la rampa heicoidal de acceso al subterráneo. Pero la
Pedrera impone su ostentación al mismo tiempo que representa la
indisciplina en la recomposición de la trama urbana.
El
edificio, actualmente restaurado, limpiado y depuradas sus estructuras, se ha
intentado -en
la medida de lo posible- reponer
la arquitectura original, constituyéndose, así,
en un lugar de sensualidad perceptiva, en un museo vivo. Aquí tiene su
sede la Fundació Caixa de Catalunya
(su actual propietaria) que ofrece la posibilidad de visitar el monumento,
mediante exposiciones y actos que se celebran asiduamente en su interior, y de
la muestra gaudiniana permanente asentada en el extraño desván, en el llamado “Espai
Gaudí” ; una instalación que dispone de distintos niveles de lectura de
su obra con el instrumento pedagógico más cercano: la arquitectura de Gaudí
en directo, acompañada de maquetas, audiovisuales y otros instrumentos de
aproximación al modo de percibir y ordenar el espacio
de este arquitecto visionario, provocador, capaz de suscitar en sus
monumentos urbanos la espiritualidad y la utopía de la época de las
catedrales, gracias también a mecenazgos espléndidos como el de Eusebi
Güell y, en este caso, el de Roser
Segismón y Pere Milà,
propietarios iniciales de la Pedrera.
Gaudí,
realizó también la Casa Vicens, una de sus
primeras obras (1883-88); el Convento
de las Teresianas; la Casa
Calvet; Les Escoles de la Sagrada Familia, “uno de los mejores
edificios de Gaudí”, según Daniel Giralt Miracle. Asimismo, cabe citar la
Cripta
de la Colonia Güell, en Santa
Coloma de Cervelló. Además de otros edificios y diseños varios de
elementos decorativos y objetos artísticos.
Hospital
de Sant Pau
A
partir de 1902 empezaba a construirse en la ciudad un nuevo gran hospital, planeado como una enorme ciudad sanitaria encajada en un
costado del Eixample, ocupando nueve
manzanas del mismo. La dimensión del solar y la poca simpatía con que Doménech
veía la urbanización de Cerdá, llevó al arquitecto a diseñar su ciudad
hospitalaria rompiendo enteramente con el esquema del Eixample.
Su fachada más representativa es la del edificio de la administración, que
como es habitual en la arquitectura modernista acoge todo tipo de artes
aplicadas, entre las que destacan las esculturas de Eusebi Arnau y las del joven
artista aragonés Pablo Gargallo, y los mosaicos historiados diseñados por
Francesc Labarta y ejecutados por Mario Maragliano.
Palau
de la Música Catalana
Una
de las agrupaciones más carismáticas de la cultura catalana de aquel momento,
el Orfeó Catalá, también se dotaría
de una sede modernista. El resultado fue la principal sala de conciertos de
Catalunya. Su autor fue Doménech i
Montaner, realizandosé las obra entre los años 1905 y 1908. La construcción
del Palau no estuvo exenta de
tensiones, producidas por los discretos medios económicos disponibles por la
entidad y los elevados costes a que obligaba la exuberante decoración planeada
por el arquitecto. Hechos algunos recortes presupuestarios, el resultado no dejó
de ser impresionante; una magna sala, delimitada con vidrieras policromas más
que con paredes, y escenario revestido de mosaicos y alegorías musicales
modeladas por Eusebi Arnau, tras una
acceso que es un enorme arco esculturado por Diego Masana y Pablo Gargallo
(1907‑10). En el exterior destaca, en la esquina principal, a lo largo de
buena parte de la fachada, como un enorme mascarón de proa, un gran grupo escultórico
de Miquel Blay representando la
cançó popular que fue sufragado por el aristócrata catalán marqués de
Castellbell.
una
de las residencias privadas más originales de
la Europa de su tiempo. Todo resulta sorprendente, desde la
esencialista cochera hasta la azotea poblada de chimeneas y ventiladores,
todos distintos, pasando por el gran salón central coronado por una cúpula
de perfil parabólico y decorado con murales del extraño pintor simbolista Aleix
Clapés, que más de una vez pondría su estilo nebuloso y alegórico al
servicio de una realización de
Gaudí, uno de los pocos nombres importantes de la cultura catalana de la época
que hizo caso a aquel pintor "maldito”.
Se
construyó a expensas del banquero Eusebio Güell, protector y mecenas de Gaudí.
Ideado como ciudad-jardín. Un tipo
de urbanización muy en boga en la actualidad, pero que no tuvo el éxito
esperado. Es más, fue un completo fracaso; tanto, que sólo se vendieron dos
casas: la del propio Güell y la que hoy llamaríamos casa-piloto, que se la
quedó Gaudí. Éste solamente construyó la infraestructura; con un mínimo
removimiento de tierras, abrió accesos, caminos y la gran plaza, mediante
viaductos, muros de contención y el uso naturalista de la piedra consiguió una
original integración en la naturaleza. La iniciativa sirvió para urbanizar la
zona en forma de un original parque, completado en 1914, y municipal desde 1922.
En él destacan los insólitos pabellones
de entrada ‑uno de ellos
coronado por un altísimo e irregular chapitel‑
y la gran escalinata rodeando a un dragón cerámico, ejemplo genial del
uso de los materiales de desecho (trencadís),
junto a la sala hipóstila
-que tenía que albergar el mercado de la urbanización- sustentadora de
la extensa plaza bordeada en su mayor parte por un banco ondulado revestido del
mismo material, decoración en la que tuvo una destacada intervención
José M. Jujol. El conjunto sintetiza muy bien la modernidad plástica
del movimiento y su riqueza simbólica,
en una realización de marcado signo urbanístico.
La
Sagrada Familia, concentra hoy todo
lo que queda del debate antimodernista, y se centra
sobre la conveniencia de acabarla, miméticamente reproducida del legado
gaudiniano. Así,
es posible que se plantee algún día la conveniencia o no de la demolición
de los añadidos con el argumento de restituir la pureza originaria de la
obra, para algunos, “el monumento
gaudiniano ideológicamente más antimoderno del Modernismo, aquel que
representa la reacción más intrépida contra el progresismo laico de finales
de siglo y que ilustra el ala más conservadora del catalanismo reformista de la
Lliga. La Sagrada Familia, la Trinidad, los apóstoles, la Iglesia están
glorificados[...]En el mismo momento de la expansión de la ciudad moderna, del
urbanismo de la nueva industria, del planteo urbano que había de llevar al
siglo XXX, la Sagrada Familia es antiurbana y antimoderna. No solamente ignora,
destruye y minimiza la modernidad y el rigor del Ensanche de Cerdà, sino que es
un atentado aereo contra la nueva metrópolis. La religiosidad y el tipo de
catolicismo provacativo que transmite es atrasado; la Sagrada Familia busca la
redención del laicismo metropolitano por
la arquitectura, de los pecados de toda una civilización que avanzaba a pasos agigantados hacia la
modernidad .Con la Sagrada Familia, el mismo Gaudí cambio de vida, orientándose
espiritualmente hacia la beatitud y la contemplación . Una misión
divina que sus sucesores actuales en la obra de la Sagrada Familia, tanto los
arquitectos como el escultor, parece que han asumido como si hubieran recibido
el mensaje directamente de Dios”.(X. Barral).
La
actual pretensión de hacer de Gaudí un
beato y, eventualmente, un santo, -que,
además de reactivar el debate artístico, ha creado otro- no sólo se basa en la realidad capital de su devoción,
sino en su eficiencia como símbolo del anhelo
de recomponer toda la sociedad desde esquemas convencionales. Es decir, con la
voluntad de regenerar a las masas urbanas impregnadas de laicismo,
socialismo y anarquismo, a través de un orden social jerárquico, milenarista y
paternalista. Esta reacción podemos llegar a entenderla
si la enmarcamos en el contexto de la Barcelona, Catalunya y España (y aún
Europa) de aquella época; un momento de fuertes tensiones sociales, como la
gran convulsión de la Semana Trágica, que aumentarán durante la dictadura de
Primo de Rivera y que se agravarán con la crisis financiera del ‘29,
conduciendo a la polarización social y a la violencia de los años posteriores,
propiciarán esta reacción ideológico-religiosa
auspiciada por figuras como el obispo Torras i Bages y aglutinada
en torno a instituciones como el Círculo Artístico de Sant Lluç y financiada por mecenas a mitad de camino entre el
empresario filibustero y el místico de salón. Desde esta perspectiva, y si
tenemos en cuenta que la idea de ciudad del movimiento modernista era
progresista y laica, sí cabe hablar de
una actitud cuando menos, poco “moderna” (al menos, en la Sagrada Familia).
La
Sagrada Familia es la obra de toda la vida de Gaudí. Se hizo cargo de ella en
1884, para proseguir un proyecto
iniciado dos años antes por Villar y Lozano. Concebida como una catedral neogótica,
sobre la ya comenzada cripta proyectó un grandioso templo en continuo
perfeccionamiento -en el que
aplicó todo su saber arquitectónico y técnico,
compendio de la teoría gaudiniana basada en la observación de la naturaleza-,
y que supuso una reforma
radical con relación al diseño originario, derivando
poco a poco hacia un templo sin estilo histórico referencial.
De todas formas, la observación de la natura no deja de entroncar de
alguna forma con el gótico. Como no podía ser de otra manera, dadas las
profundas convicciones religiosas del arquitecto, la sublimación
religiosa del arte está presente así como el sentido simbólico,
profundo y metafísico; los altísimos campanarios de perfil parabólico se
reparten de la siguiente manera: doce torres para los apóstoles, cuatro para
los evangelistas, una para la
Virgen y otra -la más alta (170m.)-
para Jesucristo. Y las columnas, ventanas, etc., se relacionan con el
repertorio hadgiográfico y con instituciones y/o misterios de la religión católica.
La
estructura del edifico es integrada, con predominio casi total de la piedra, y
la decoración es naturalista. El ábside, la fachada del Nacimiento y las
torres campanario (de las que sólo vio acabada una),
fueron construidas directamente por Gaudí.
Una
obra de aquella envergadura gigantesca, y cuya construcción además dependía
de los donativos de los fieles, estaba fatalmente llamada a no ser vista
terminada por su autor. A la muerte de Gaudí en el año 1926, la asociación
religiosa que la había encargado se propuso no interrumpir su continuación.
Así, tras el periodo trágico de la Guerra Civil, en 1952 se reanudaron las
obras basándose en los pocos dibujos y maquetas originales que se salvaron de
la destrucción durante el periodo que duró la contienda (1936-39). Parece que
Gaudí determinó claramente el simbolismo religioso, pero no estableció
ninguna norma fija sobre técnica constructiva, que dejó a elección de quienes
le sucedieran.
No
se pueden dejar de mencionar los museos de Sitges y Olot, que también muestran
colecciones de pintura y escultura de aquel momento, así como joyas,
vidrieras, muebles etc. A destacar también, la Casa-Museo Gaudí (en el Parque
Güell), Museo de la Sagrada Familia (anexo al templo),
Museo de Montserrat, Biblioteca-Museo Victor Balaguer (Vilanova
i la Geltrú) y Museo Comarcal (Reus).

Parque Güell
El
patrimonio modernista (unas 2000 obras) es visible por gran parte de Catalunya;
en la provincia de Barcelona, en las comarcas del Barcelonés,
Anoia, Garraf, Bàges, Vallès, Plana
de Vic, Maresme. En Girona, en el
Gironés,
Empordà, Montseny,
Garrotxa, Penedés, Costa
Brava, valle del Fluvià. En Lleida, en la propia ciudad y comarca (Segrià), l’Urgell, Solsonés,
Segarra. En Tarragona, en el Tarragonés
(Reus, sobre todo), Conca de Barberà,
Penedés, Terra Alta, Priorat. Barcelona
ciudad, empero, detenta más de la mitad de las muestras catalogadas;
además de los edificos religiosos y civiles de carácter institucional, están los
pisos y casas familiares, tiendas, farmacias, monumentos escultóricos, fuentes,
farolas, bancos y mobiliario urbano en general.
La
Barcelona modernista es uno de los más importantes legados artísticos que ha
sabido conservar la bimilenaria ciudad. Visitarla es, sobre todo, pasear ,
dejarse seducir por una ciudad pletórica
de vida, que sigue incorporando las más vanguardistas tendencias culturales,
artísticas y de diseño en el conjunto urbano de sus calles y plazas.
LA
CATEDRA GAUDÍ
El
dia 3 de Marzo de 1.956 era creada, por Orden Ministerial de Educación Nacional
la Cátedra Especial Antonio Gaudí. El profesor y catedrático de historia de
la arquitectura Josep Francesc Ráfols i
Fontanals (†
1.965), primer biógrafo de Gaudí en 1.929, era nombrado por
el Claustro de la Escuela de Arquitectura director de la Cátedra.
Antes,
en 1.950, la Universidad de Barcelona adquiere una importante porción de los
terrenos destinados a la creación de la futura Ciudad Universitaria entre los
cuales se encuentran los pabellones de entrada a la Finca Güell (antigua
propiedad del Sr. Eusebi Güell, amigo, protector y mecenas de Antonio Gaudí).
Construidos por éste, en un personalísimo estilo, con ciertos aires
procedentes de la arquitectura del
lejano Oriente, entre 1.883 y
1.887; comprenden las caballerizas, picadero, casa del portero
y la puerta del dragón. La
Junta de Obras de la Universidad de
Barcelona aprobó el proyecto de restauración de los pabellones presentado por
el arquitecto Joan Bassegoda i Nonell ‑actual
Director de la Cátedra- en el año 1.966. Al año siguiente comienzan las
obras que, tras tres campañas sucesivas de restauración, se beneficiarán de
la declaración de monumento histórico‑artístico que en 1.969 se dictó
a favor de varias obras gaudinianas con la consiguiente aportación crematística
por parte del Ministerio de Educación de la época. En el Octubre de 1.977, la
Cátedra Gaudí se instala en la Finca Güell, donde permanece en la actualidad.
El
"Aula Discretorum y la "Rotonda"
Es
la sala de lectura de la biblioteca y se ubica en lo que fueron las
caballerizas. En la "Rotonda" (antiguo picadero), se sitúa el salón
de actos, archivo, biblioteca y museo. La biblioteca, aunque privada (es
propiedad del director de la Cátedra), está integrada en la red de bibliotecas
de la Generalitat de
Catalunya e inscrita en la del Ministerio de Cultura, y puede ser consultada
por todos los estudiosos que así lo deseen:
dispone de alrededor de 14.000 volúmenes, entre los cuales figuran libros sobre
arquitectura, urbanismo, jardinería e história de los jardines, construcción,
restauración de monumentos y, desde luego, sobre El
Modernismo y su más descollante arquitecto, Antonio
Gaudí.
El
Museo de Arquitectura acoge desde 1.981, obras de Gaudí
y también de otros
arquitectos modernistas, caso de Puig i Cadafalch y Domenech i
Montaner; se pueden admirar muebles diseñados por Gaudí, hierros forjados,
piezas cerámicas del Parc Güell y Casa
Batlló, maquetas y vidrieras, como las de la Catedral de Mallorca.
El Museo está adherido aI I.C.A.M. (International
Council of Architectural Museums = Consejo Internacional de Museos de
Arquitectura).
Planos
y dibujos de significado relieve e importancia, entre los que se encuentran
algunos de los pocos originales de Gaudí (a causa de la quema del archivo sito
en la Sagrada Familia), se
dis- ponen en el archivo, así como un fondo de más de 75.000
diapositivas, antiguos negativos de vidrio y colecciones fotográficas.
Actividades
de la Cátedra
La
Cátedra, con su director al frente y de los profesores adscritos a la misma, así
como de los becarios, desarrollan una febril actividad (inexplicablemente poco
conocida, y reconocida, en Cataluña y en España). No
así en otros lugares del mundo,
como lo prueban las
numerosas exposiciones que la Cátedra
ha organizado (y sigue
organizando) -y en las que
han figurado objetos artísticos de los descritos en el Museo-
por Europa, América y Asia (especialmente, y desde 1.978, en Japón), país
con un elevado interés por el Modernismo
y Gaudí, hasta
el punto de organizarse
vuelos charter hasta Barcelona,
y rara es la semana que no es
visitada la Cátedra -huelga
decir que el resto de los monumentos modernistas también-
por nativos del país del Sol Naciente.
Entre
la ingente actividad desarrollada por la Cátedra cabe destacar
‑además de lo reseñado‑
las dos asignaturas del sexto curso de la carrera: "Ha.
del Urbanismo y de los Jardines" y
"Restauración de Monumentos"; es ésta, precisamente, otra
actividad de la Cátedra: así, ha redactado los proyectos para el Monasterio de
Poblet y de Pedralbes,
Palau de la Música, Teatro del
Liceo, Santuario de la Misericordia (Reus), Iglesia de Santa Maria del Mar,
etc., al igual que los de las Catedrales de Barcelona y Tortosa. Además, y
volviendo al campo de la docencia, la Cátedra imparte tres cursos de Doctorado
al año pertenecientes a un programa sobre "Conservación y Restauración
de Monumentos y Ambientes", "Jardinería y paisaje" y
"Arquitectura de Gaudí". Asimismo, se imparten cursos de humanidades
y conferencias por todo el mundo, y se ha publicado (y se publican) abundantes
monografías ‑a
destacar las de la Real Academia de Ciencias de Barcelona‑
y unos veinte títulos, así como cientos de artículos en diarios y
revistas, todo ello a cargo del
director de la Cátedra y de los profesores adscritos a la misma.
Por
otra parte, la Cátedra mantiene una estrecha colaboración con otras
instituciones del ámbito gaudiniano y/o propietarios de edificios, tales como; Caixa
de Catalunya, Caja de León, "El Museo de los Caminos de Astorga"
(León), el Capítulo de la Catedral de Mallorca, la Casa‑Museo Gaudí del
Parque Güell y la Junta del Templo de la Sagrada Familia, así como con otras
instituciones.
El
Jardín de las "Hespérides"
La
entrada a la Cátedra se halla presidida por una reja de hierro
‑que sirve al mismo tiempo de entrada al jardín‑
en la que destaca el dragón "Ladón" personaje de la leyenda
mitológica de Hesiodo y Apolodoro y que
relatan así: Euristeo, Rey de Micenas,
impuso a Hércules una serie de
trabajos entre los cuales, el undécimo consistía en plantar en España el
Jardin de las "Hespérides" después de robar las frutas del jardin
auténtico. El jardin o huerta de las "Hespérides" tenía un poderoso
guardián, el dragón "Ladón"
‑el cual fué vencido y encadenado por el héroe griego y
convertido en una constelación‑
y tres doncellas, las "Hespérides"; Eglé,
Aretusa e Hiperetusa. Estas fueron
castigadas por los dioses por haberse dejado robar las "manzanas de
oro", convirtiéndolas en sendos árboles; un sauce, un olmo y un chopo.
Toda esta leyenda se muestra en la puerta y el jardin de la Finca Güell, puesto
que el poeta Jacinto Verdaguer en su poema épico, "La Atlántida",
narra el undécimo trabajo de Hércules incorporando la creación del nuevo jardín
hesperídico en España que, con la ayuda de Gaudí
‑que diseñó la reja de hierro forjado con el famoso dragón‑,
se sitúa en la Finca Güell formando parte del homenaje del poeta
Verdaguer con "La Atlántidal", y del propio Gaudí, que tributaron al
Marqués de Comillas (suegro de D. Eusebio Güell).
Una
parte del jardín ‑después
de distintas fragmentaciones‑ quedó
en lo que hoy es la actual Cátedra Gaudí, y es destinado a jardín botánico
cumpliendo funciones relacionadas con la docencia en lo concerniente a alguna de
las disciplinas que imparte la Cátedra.
El
jardín, alberga distintos edificios y bienes arquitectónicos de cierto interés;
una lápida de Jujol, una barandilla procedente de la
"Casa Botines" (en León), etc. Y,
entre los diferentes tipos de arbolado tales como eucaliptus, encinas,
algarrobos, alcornoques, destacaríamos el palmito por ser un árbol muy caro a
Gaudí (en sus hojas se inspiró para varias de sus composiciones decorativas,
como la reja de la "Casa Vicens"). Hay
También, un templete circular ofrendado al dios Solar Apolo,
al lado, tres cipreses que ‑evidentemente‑
"no responden ... " a los nombres de Melchor, Gaspar y
Baltasar, pero sí son conocidos por los nombres de los Reyes Magos. Completan
el muestrario arbóreo pinos, olmos y palmeras.
Es
sabido que muchos arquitectos del Modernismo (y aún, fuera de él) utilizaron con profusión los
arcos catenáricos y, así, durante el periodo comprendido entre el
1.883‑1.930, en Cataluña se construyeron numerosas obras con arcos
equilibrados de ladrillo; cooperativas vitivinícolas del Campo de Tarragona
tales como las de Rocafort de Queralt, Pira, Barberá, Cornudella, Falset,
Vilarodona, Pinell del Brai, Gandesa, Nulles, Aiguamurcia, Santes Creus, etc.,
sin olvidar las interesantísimas bodegas de Raimat, en la Comarca Lleidatana
del Segriá, obra del gran arquitecto Joan
Rubió i Bellver. Éste los utilizó también en sus obras de la Residencia
Estudiantil de la Escuela Industrial de Barcelona, en la Balmesiana y en el
Asilo de Igualada. En líneas generales, tras el impulso de Gaudí
‑que no hace falta decir que los utilizó prolijamente en varias de
sus obras‑ numerosos
arquitectos aplicaron a la construcción la técnica de los arcos equilibrados.
El arco catenárico es, básicamente, la curva que adquiere una cuerda, cadena
metálica, etc., completamente flexible y con una carga homogéneamente
distribuida ‑equilibrada‑
en toda su longitud, sujeta en sus extremos y libremente suspendida. En ello se
basaron los arquitectos para hacer el cálculo de los arcos equilibrados de
ladrillo.
Todo
esto, viene a propósito de un proyecto atribuido a Gaudí en el que, de haberse
llevado a efecto, el uso de los arcos equilibrados hubieran tenido una
formidable aplicación. En el año 1.956, hay un resurgir del interés mundial
en torno al fenómeno Gaudí y a su obra. En tal contexto, Juan Matamala Flotats,
colaborador de Gaudí, publica una monografía ‑cuyo texto íntegro se publicó en el "Gran Gaudí"
(1.989) original de Joan Bassegoda i Nonell. La monografía se titula "Cuando
el nuevo mundo llamaba a Gaudí", y el original manuscrito (junto con
los dibujos) se conservan en la Cátedra Gaudí‑
sobre el “Hotel
Atracción”, obra supuestamente encargada a Gaudí por dos hombres de
negocios estadounidenses en 1.908. Ningún otro biógrafo de Gaudí alude al
tema, en los USA, por ahora, no se ha logrado ninguna pista que permitiera
alguna aproximación al entorno de los dos pretendidos "hoteleros" ni
de sus descendientes, sólo Matamala parece tener noticias del asunto por lo
que, en principio, es un problema el
poder autentificar el proyecto. De hecho, y según aquél, hay unos croquis de
Gaudí y unos dibujos propios, que interpretan el supuesto proyecto. A Gaudí se
le atribuyen los croquis de la Planta, la Sala "América", Sección longitudinal, Otra sección longitudinal.
De Juan Matamala, que hizo trece
dibujos, se pensó que era el autor de todos ellos, tanto los propios como los
atribuídos a Gaudí. Pero, hete aquí que en el programa de Doctorado de la Cátedra
Gaudí de1989‑1990 sobre génesis de la arquitectura gaudiniana, un
arquitecto de la Universidad de Toluca (México), el profesor marcos Mejía López
en su trabajo, "Rascacielos para Nueva York atribuido a Gaudí: Estudio de
su forma y composición" (archivo de la Cátedra Gaudí), realizó un vasto
y pormenorizado estudio de los dibujos y texto de Matamala llegando a un
interesante resultado final en el que se puede asegurar, sin género de dudas,
que cotejando los dibujos atribuidos a Gaudí con los de Matamala, se aprecia
que no son imputables a la misma mano. Lo cual significa
‑si bien no presupone la autoría de Gaudí-
que Matamala disponía de unos dibujos anteriores que le facultó el
enunciado de la sugestiva hipótesis del "Hotel Atracción" de Nueva
York. Además, el arquitecto Mejía López, con la ayuda de la construcción de
una pequeña maqueta con cadenas, comprobó que los croquis atribuidos a Gaudí
se adecuan perfectamente a las formas catenáricas y presentan una asimetría
sumamente exacta.
Todo
ello permite afirmar, tal como cuenta
‑y en la línea de las conclusiones de Mejía‑
el
catedrático Joan Bassegoda i Nonell en su obra, "Aproximación a
Gaudí" (1.992); "Matamala no fué el inventor de tal proyecto sino
que, valiéndose de unos croquis de ajustadas proporciones se lanzó a
establecer la forma y decoración del hotel. Puestas así las cosas no es
aventurado creer que los croquis
iniciales fueran obra de Gaudí, ya que están compuestas según su personal
manera de entender las formas estructurales".
La
investigación de Mejía López supone una novísima e importante aportación en
el entorno de la obra de Gaudi. Y,
de cualquier modo, lo que parece
cierto es que el susodicho Matamala ‑que
no era arquitecto, sino escultor‑
no pudo ser capaz de inventarse, hablando en clave cinematográfica, toda
"la trama argumental", eso sí, en su interpretación de los croquis
que obraban en su poder cometió errores
de bulto y les dio un mucho de carácter fantasioso. Realmente, en el supuesto
de la existencia del encargo de los promotores norteamericanos, lo cierto es que
el proyecto de Gaudí no pasó de una fase preliminar y nunca se llegó a
construir, al igual que el "Office Bulding" (edificio de oficinas en
Nueva York) proyecto que en 1.919 y siguiendo las líneas del "Atracttion
Hotel" de Gaudí, diseñó el arquitecto Ignacio Bruguera Llobet y del que
el Centro de Lectura de Reus, guarda un dibujo.
El
estudio técnico, impecable, del arquitecto Mejía debería animar a estudiosos
de Gaudí y su mundo a complementar la investigación con algún tipo de
trabajo que incidiera en el mundo simbólico, estético, del universo gaudiniano,
arrojando quizás más luz lográndose
así establecer, sin ningún género de dudas, la autoría de Gaudí.
Particularmente, el que suscribe apunta ‑posiblemente, también, dejándome
llevar por la fantasía, (o quizá no tanto...)‑ algunas sugerencias; fíjense
bien en el dibujo del hotel, ¿no nos recuerda, en una asociación
idea/ imagen, a la estatua
de la libertad sita en la isla de Manhattan, en Nueva York?. Tampoco resulta muy
difícil establecer una conexión con la zona central de una de las fachadas de
la Sagrada Familia, concretamente la más reproducida (pero lo cierto es que
Gaudí se hizo cargo de la Sagrada Familia en 1.914, y el supuesto encargo del
Hotel de Nueva York fué en 1.908 ... ). ¿Pretendería Gaudí establecer
‑a través de la síntesis de la estátua de la libertad en Nueva York
(América)
y la Sagrada Familia en Barcelona (Europa)‑
algún tipo de nexo simbólico entre el nuevo y el viejo mundo?. En todo
caso, como el propio "Atracttion Hotel Proyect", no deja de ser sugestivo... .
Sagrada Familia
©
José Luis Burón Alegre
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