El Crimen de los "Existencialistas"

        n un tugurio de la Plaza Real de Barcelona unos jóvenes (y no tan jóvenes) de uno y otro sexo, bebían ginebra barata, fumaban y aplaudían las desgarradas canciones de una chica de color americana. Conversan acerca de "establecer el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia propia".¡Hay gente pa tó!, dijo Rafael El Guerra.        

   Casi todos son yankis: Stephen Johnston, de 29 años, profesor de idiomas; John Josep Hand, de 38, sin trabajo, y James Wagner, desertor del ejército en una base de Alemania. Los tres se agrupaban en torno a una mujer. No es muy guapa, pero tiene estilo.  Se llama María del Pilar Alfaro Velasco, de 32 años.

  Hacía 11 que contrajo matrimonio con un fotógrafo barcelonés del que tuvo dos hijas. No le iba a Pilar la existencia apacible y "burguesa" de una madre de familia y tras repetidas infidelidades, el marido obtuvo la separación y la custodia de las dos niñas. Luego, Pilar, empezó a llevar una vida perdularia y tuvo éxito en aquéllos turbios ambientes. 

  Los "existencialistas" de guardarropía remolonearon a su alrededor. Pero como de ellos -que no tenían un céntimo- no podía vivir, se buscó a alguien que pagara sus gastos y sus caprichos.

  En el mismo inmueble en donde  vivía tenía también su domicilio Francisco Rovirosa, industrial de edad madura, propietario de un negocio sito en el número 136 de la calle de Aragón. Rovirosa no tardó en caer en las redes de aquélla vecinita guapa y separada. Y así, a mediados de 1.961, Rovirosa y Pilar decidieron pasar juntos un fin de semana en Montserrat.

   Cerca de Olessa, un hombre armado con una pistola les paró y les exigió todo el dinero que llevaban. Ante aquélla situación, Rovirosa, le da unas 10.000 pesetas que llevaba, y emprenden el regreso a Barcelona, con el rabo entre las piernas (nunca mejor dicho).También vuelve triste y asustada Pilar, pero la pesadumbre le desaparece en cuanto se despide de su amigo.

   Aquélla noche, en el tugurio "existencialista" de la Plaza Real, corre el champán. Paga Stephen Johnston, que era el atracador de Olessa, y que ha ejecutado el plan de Pilar. Lo bien que ha salido todo, y el conocimiento del carácter pusilánime y cobardón de Rovirosa hicieron pensar a la chica que allí tenía una mina que tenía que explotar. Por eso, en el tugurio expuso su plan a sus amigos.

   Sabía  Pilar que Francisco Rovirosa tenía la costumbre de acudir los sábados después de comer a su oficina de la calle de Aragón, en donde permanecía revisando la contabilidad. Sería el desertor James Wagner, quien se presentaría ante Rovirosa para exigirle la entrega del dinero. Wagner no conocía de Barcelona más que los antros existencialistas de la Plaza Real, pero se le dibujó un plano muy detallado, y además Hand andaría por allí, vigilante, mientras se daba el atraco. Jonsthon y  Pilar, marcharon a Ibiza para proporcionarse una coartada.

    Wagner no sabía ni una palabra de español y poseía un cuchillo y unos alicates, que bien manejados podían hacer entrar en razón a la víctima. Era invierno -noviembre de 1.962- y Stephen aprovecha la oportunidad de dar clases de inglés, con lo que pudieron ganarse la vida honradamente y deciden renunciar al plan concebido en Barcelona.

    Pilar avisa a Wagner pues piensa que el atraco podía ser peligroso. Tenía un proyecto mejor, pues pensaba hacer con su propio marido -de el que estaba separada- lo mismo que pensaban hacer con Rovirosa, pues también tenía mucho dinero....Pero es ya demasiado tarde, los que quedaron en Barcelona deciden actuar cuanto antes. La suerte está echada.

    Sábado 17 de noviembre de 1.962. Francisco Rovirosa llega a su tienda de Aragón 136, esquina Villarroel. Levanta a medias el cierre metálico. Ya en su despacho se dedica a revisar facturas. Inopinadamente aparece James Wagner que empuña el cuchillo señalando la caja fuerte que se encontraba cerrada. En vez de aminalarse y ceder, Rovirosa reacciona de manera inesperada y se lanza contra el americano. Forcejea y consigue herirle levemente con el arma del  asaltante. Pero éste, más joven y fuerte se enfurece y clava repetidamente el cuchillo en el cuerpo del industrial.

    Las llaves de la caja se encuentran allí, pero son inútiles, pues desconoce la combinación. Se limita a apoderarse de la cartera de la víctima y huye, dejando allí unos guantes que llevaba puestos y unos alicates, que han resultado inútiles. Lleva las ropas manchadas de sangre, pero John Hand, que le está esperando le proporciona enseguida algunas prendas para que se cambie.

    El desertor americano convertido en asesino va hacia el puerto en busca del primer barco que le lleve fuera de la ciudad. Diez minutos después de la salida de Wagner llegó al local de la calle de Aragón un amigo de Rovirosa. No le extrañó encontrar el cierre metálico a medio echar, y entró.... Telefoneó al 091. 

    Aquél crimen quedó a cargo del grupo 1º de la BIC (Brigada de Investigación Criminal) al mando del inolvidable comisario Julián Gil Llamas. Unos guantes y unos alicates eran poca cosa para comenzar la investigación. Mientras se averiguaba la vida de Rovirosa se halló en el escritorio de la tienda de la calle de Aragón una carta firmada por Pilar de cuya lectura se deducían unas relaciones muy íntimas entre los dos.

    Se empezó pues a buscarla y se supo que se encontraba en Ibiza desde hacía bastantes días antes del crimen, en compañía del americano, lo cual era una buena coartada. A pesar de ello fueron detenidos y trasladados a Barcelona en donde se les interrogó, saliendo a relucir aquélla turbia historia en la que James Wagner, el desertor, aparecía como atracador/asesino de encargo.  

    Año y medio después, el 3 de marzo de 1.964, se sentaban en el banquillo de la Audiencia Provincial de Barcelona seis procesados. Frente a los cinco magistrados -número preceptivo cuando se pedía la pena de muerte- comparecieron James Wagner, Stephen Johnston, John Josep Hand y María del Pilar Alfaro Velasco. Para los cuatro se pedía la pena de muerte, como autores por acción o inducción de un delito de robo con homicidio. Junto a ellos estaban otras dos mujeres: Joan Douglas Briden y Nancy Karen Hand. Esta última era la mujer de Josep Hand, y Joan Leland, otra amiga del grupo de existencialistas que estaban procesadas como encubridoras pues habían facilitado a Wagner las ropas con las que sustituyó a las suyas manchadas de sangre y le habían ocultado hasta que se fue a Palma.

    Fueron tres sesiones dramáticas y a través de las cuales salió a relucir todo el mundo fétido de los "existencialistas" de la Plaza Real. La sentencia condenaba a James Wagner, como autor de un delito de robo con homicidio, a 30 años de reclusión mayor, a María Pilar a 23 años; a Stephen Jonhston y a Josep Hand, a 21 años de reclusión mayor; A Nancy Karen Hand, como cómplice la condenaron a 12 años y un día de reclusión menor y a Joan Douglas Briden, como encubridora a seis años y un día de prisión mayor.

Recurrió el fiscal ante el Tribunal Supremo, manteniendo la petición de pena de muerte para Wagner, autor material. Pero la sentencia conformó totalmente lo mantenido por la Audiencia barcelonesa.

    Pilar y Stephen no habían liquidado aún todas las cuentas con la justicia. Ambos estaban procesados por el delito de parricidio y homicidio en grado de tentativa, en la persona de Joaquín Ramírez Picas, el marido de Pilar. La mujer había hecho planos detallados del estudio fotográfico que su marido tenía en San Baudilio de Llobregat. Pensaban hacer con él lo mismo que con Rovirosa.

    Se celebró este juicio en junio de 1.964. Fue decisiva la declaración de Joaquín Ramírez, marido de Pilar quien dijo ante el Tribunal que no creía que su mujer quisiera matarlo y que en un tiempo fueron felices, luchando codo con codo para levantar el negocio. 

    Pilar y Stephen fueron absueltos, pero se comieron un marrón de cojones por su participación en la muerte de Rovirosa.

  Fdo. El Capitán Centellas.

 

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