
La casada infiel
UAN
Antonio, jubilado de sesenta y seis años, natural y vecino de Murcia, llevaba
cuarenta años casado con Gloria, de sesenta años, de profesión auxiliar de
clínica. Del matrimonio nacieron seis hijos, de los que viven cuatro: tres
varones y una mujer. Las relaciones conyugales eran normales hasta el verano de
1.985, cuando cierto día, Gloria marchó en su coche a una casa de veraneo
poseían ambos en Lo Pagán, localidad situada a orillas del Mar Menor. Juan
Antonio advirtió que su mujer tardaba en regresar y pidió a un hijo suyo que lo
llevara en su coche para averiguar la extraña tardanza de su esposa. Al llegar a
la casa de veraneo, sobre las tres de la madrugada, padre e hijo pudieron
comprobar que un amigo de la familia apodado “Paco el de la Montesa” se
encontraba en la terraza de la casa, por lo que abochornados, volvieron a
Murcia.
Transcurridos unos días Juan Antonio pidió a Gloria explicaciones acerca de lo sucedido, contestándole que “Paco el de la Montesa” se encontraba con ella en la casa y antes de subir a la terraza, se había escondido debajo del lecho conyugal al escuchar las voces. Juan Antonio hizo lo humanamente posible para persuadirla a que volviera con él, pero Gloria rechazó sus proposiciones, diciéndole que “ya no le quería y que lo despreciaba”.
Desde entonces dormían en camas separadas, siendo rechazado Juan Antonio cuando pretendía dormir con ella. En diciembre de 1.989 mientras Juan Antonio dormía sonó el teléfono y oyó decir a su mujer que contestaba a la llamada: ¿Dónde nos vamos a ver? El día de nochevieja, que era a la vez día de cumpleaños de Juan Antonio, cuando estaban celebrando la entrada del nuevo año, intentó besarla. Gloria se apartó y le dijo que no quería besarlo porque le tenía asco. Juan Antonio, se enfureció amenazándole con matar a su querido, a lo que Gloria contestó que “tenía tres más de repuesto en el hospital en donde trabajaba”.
El día de Reyes de 1.990, Gloria tenía servicio en el hospital, en el turno de tarde. Su marido se encontraba solo en casa y decidió ir a visitarla al trabajo para reiterar su proposición de arreglar el matrimonio. Pero Gloria le recriminó agriamente su visita y le advirtió que no lo hiciera más. Antes de ir a verla, Juan Antonio había dejado en el garaje de su casa, tapado con unos papeles de periódico, un cuchillo.
Al terminar la jornada laboral, salieron ambos en el coche de ella en dirección a casa. Una vez aparcado el automóvil en el garaje volvió a intentar convencerla para que normalizaran sus relaciones y vivieran como un buen matrimonio. Pero ella volvió a negarse vehementemente. Estaban dentro del coche. Juan Antonio le dijo que la iba a matar. Abrió la puerta y empuñó el cuchillo, pero Gloria pudo arrebatarle al arma y le arañó la cara. En el forcejeo Juan Antonio empuñó nuevamente el cuchillo y se lo clavó dos veces en el pecho, produciéndole dos heridas mortales de necesidad. Le había atravesado el corazón y un pulmón. Luego se presentó en Comisaría para denunciar lo que había hecho.
Dos médicos psiquiatras declararon en calidad de peritos que Juan Antonio no mostraba ni signos sicóticos ni patología mental, aunque sufría una depresión debida a la edad. Aseguraron que Juan Antonio era una persona con complejo de inferioridad, introvertida, con baja cultura y modesta capacidad intelectual, considerándolo irresponsable o casi irresponsable de sus actos. La violenta reacción de Juan Antonio se debió a que fue sometido a una situación de frustración límite y no pudo reaccionar de otra forma porque pensaba que todo había terminado para él. La bondad de José Antonio contrastaba con el carácter despótico, absorbente y dominante de Gloria. Cuando surgieron las desavenencias conyugales como consecuencia de la infidelidad, la situación límite desencadenó la tragedia, después de llevar más de cuarenta años casados. El Tribunal apreció las atenuantes de arrepentimiento espontáneo y trastorno mental transitorio.
Fdo. Capitán Centellas.
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