SANGRE EN EL ARMARIO

    Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia al robo; del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del Señor y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente ”(Thomas de Quincey)"

    A primeros de septiembre de 1.947 un horrible crimen fue descubierto en una casa de planta baja de la carretera de Beniaján (Murcia). Suscitó indignados comentarios debido a sus circunstancias. La víctima resultó ser Francisco Buendía, de 30 años, soltero y de posición económica desahogada. La madre del finado, que vivía en una casa contigua, al ir a limpiar la casa de su hijo al que creía en Alicante, se dio cuenta con espanto que de un armario ropero de la alcoba se desprendía un fuerte hedor. Escapaban del mueble gotas de sangre casi coagulada, que poco a poco iban encharcando el suelo. La anciana señora, espantada, dio aviso inmediatamente a la Policía que acudió al lugar del suceso. Dentro del armario se encontraba el cadáver de Francisco desde hacía tres o cuatro días, con la cabeza completamente destrozada, con varias puñaladas en el cuerpo y atado de pies y manos. Se registró la casa y se notó la falta de unas cuatro mil pesetas y de un reloj de oro. Asimismo, al observar el cadáver se pudo apreciar que la mandíbula de la víctima se hallaba desencajada al haberle sido arrancadas las piezas de oro de su dentadura. El Juzgado ordenó el levantamiento del cadáver y su traslado al cementerio para la práctica de la autopsia.

    Pocos días después, un vecino de Murcia denunció a la Policía que en el pozo destinado al suministro de agua de su vivienda había aparecido un envoltorio de ropas masculinas empapado en sangre, con mechones de cabellos adheridos a las prendas. Se pudo identificar a la persona que había lanzado el macabro envoltorio. Era Antonio Manuel López, de 27 años, cuñado del denunciante, que fue visto tirar algo al pozo alegando que era cal para purificar el agua. La policía relacionó inmediatamente la aparición de las ropas con el cadáver del armario. Fue identificado como uno de los amigos de su hijo por la madre del finado. Antonio Manuel había pasado la noche de autos en su casa Se habían conocido en prisión y convivieron en la misma celda.

    Antonio Manuel fabricaba unos muñecos vestidos de mejicano que solía vender en Barcelona, ciudad en la que se sospechaba que podía haber huido. Era de baja estatura y ocultaba con un pañuelo unas erupciones que padecía en el cuello. Se supo que había escapado en compañía de Carmen Martínez, más conocida como “La Chaparra” pupila en la casa de lenocinio de “La Aurelia”, en donde comentó que pronto tendría mucho dinero, cosa que, naturalmente, llegó a oídos de la Policía.

    El 23 de el mismo mes, Antonio Manuel paseaba por la barcelonesa calle Conde de Asalto, en pleno “Barrio Chino”. Dos inspectores de Policía creyeron reconocerle por su baja estatura y por erupciones cutáneas que en el cuello mostraba, pues no llevaba puesto e pañuelo. Le pidieron la documentación y exhibió una falsa. Lo trasladaron detenido a Jefatura Superior de Vía Layetana.

    No tardó en confesar que había conocido a su víctima en la prisión. Había hecho amistad con él hasta el extremo de que Francisco Buendía le ofreció dinero en el momento en que estuvieran libres. Acudió a cenar a casa de su amigo y le pidió unas mil pesetas para pagar una letra que iba a ser protestada, a lo que contestó Francisco que se las daría a la mañana siguiente. Empezó Francisco a acosarlo sexualmente. Sus protestas subieron de tono y se enzarzaron en una pelea. Cayeron al suelo. Francisco empuñó un cuchillo de cocina con el que lo apuñaló varias veces.

Con una barra de hierro le destrozó el cráneo. Arrastró el cadáver hasta la habitación y lo introdujo atado de pies y manos dentro del armario. Le arrancó con unas tenacillas las muelas de oro, se llevó las cuatro mil pesetas que encontró y el reloj de oro, así como ropas ensangrentadas que envolvió y arrojó al pozo de la casa de su cuñado. Vendió el reloj por unas 900 pesetas y se fue a la casa de “La Aurelia” para encamarse con “La Chaparra” y pedirle que se fuera con él a Barcelona. La abandonó en Alicante. Podía ser un estorbo. En Barcelona se gastó el dinero en casas de citas y en establecimientos de bebidas, hasta que fue detenido.

Fdo. Capitán Centellas.

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