IBERS A L'EBRE. RECERCA I INTERPRETACIÓ |
José Antonio Benavente,
Pierre Moret
El yacimiento de "Torre
Cremá" se sitúa en el término municipal de Valdeltormo
(Teruel), en la zona más alta de un farallón o terraza que
domina el curso medio del río Matarraña, en su márgen
izquierda.
El yacimiento es conocido
en la literatura arqueológica desde 1922-23, cuando fue descubierto
y excavado en parte por P.Bosch Gimpera y Serra Rafols, quienes dejaron
al descubierto algunas habitaciones adosadas al sector oriental del torreón.
Desde 1995 el torreón y sus estructuras anejas están siendo
objeto de excavaciones arqueológicas, junto con otros interesantes
yacimientos de las inmediaciones, a cargo de los arqueólogos Pierre
Moret, de la Universidad de Toulouse, y de José Antonio Benavente,
del Taller de Arqueología de Alcañiz, dentro de un programa
de investigación y estudio de los inicios de la cultura ibérica
en el Bajo Aragón. Paralelamente a estos trabajos de investigación
se están realizando desde 1998 distintas obras de consolidación
del torreón y de otras estructuras arqueológicas, así
como de limpieza y adecuación de su entorno con la finalidad de
asegurar su conservación y facilitar su acceso como lugar de visita
cultural y turística.
En la zona más
elevada de la plataforma rocosa en la que se asienta el poblado íbero-romano
de Torre Cremá se conservan todavía los restos de un gran
un torreón de vigilancia de planta ligeramente ovalada construido
con grandes sillares y mampuestos toscos de arenisca que fueron trabados
con argamasa de barro. El torreón tiene una planta con un diámetro
interior de 8 m. de longitud y muros con un espesor que pueden superar
los 2 m. de En alzado se conserva el muro exterior a lo largo de
todo su perímetro con una media de 2-2,5 m. de altura, excepto en
el sector sur donde fue desmontado un pequeño tramo en la Edad moderna
o contemporánea para reutilizar su interior como corral o dependencia
de tipo agropecuario. El sector norte del torreón es el mejor conservado
y todavía alcanza una altura que supera los 5 metros.
Junto a esta gran
contrucción, de indudable carácter monumental, existen algunas
estructuras y muros bien conservados que conforman varias dependencias
cuadrangulares, excavadas en su mayor parte en los últimos años.
En su interior han aparecido algunos apoyos de piedra circulares para postes
de madera, escaleras de acceso, bancos corridos de adobes, pavimentos de
barro o losas, etc., si bien resta todavía por descubrir una parte
importante del sector oriental y septentrional de la plataforma sobre la
que se asienta el torreón.
El interés
de la construcción y del yacimiento anejo es indudable al tratarse
de un monumental fortín íbero-romano, bastante bien conservado,
que constituye una singular obra defensiva o de vigilancia prácticamente
única en el Bajo Aragón. La presencia del torreón
cabe relacionarla con la existencia a sus pies de un gran poblado de época
ibero-romana de más de una hectárea de extensión,
que hasta ahora había pasado desapercibido y que se emplaza en la
ladera, de acusada pediente, que da al río Matarraña. Este
gran poblado parece tener una disposición urbanística ordenada
a partir de dos o tres largas calles paralelas dispuestas en terrazas a
lo largo de la ladera Este, con viviendas de planta rectangular situadas
entre ellas. También habría que añadir un amplio sector
de construcciones y viviendas en la terraza superior de la ladera donde
aflora el suelo de roca arenisca. Todo el conjunto aparecería bajo
el imponente dominio de un gran torreón desde el que se controlaba
visualmente una buena parte del sector central de la cuenca del río
Matarraña, considerado por algunos autores como una zona fronteriza
en época ibérica.
El gran torreón
se puede interpretar como un fortín o baluarte de tipo militar que
se construyó para proteger y vigilar a un importante asentamiento
íbero-romano, todavía muy mal conocido, situado a sus pies.
El torreón debió ser construido, a juzgar por los materiales
recuperados en las distintas campañas de excavaciones, en torno
al año 100 a.C. y debió ser abandonado de forma no violenta,
junto con el asentamiento al que protegía, en torno a los años
30 del siglo I. d.C. Así pues, tanto el poblado como el torreón,
deben considerase como un asentamiento y una obra realizadas bajo pleno
dominio romano ya que cuando debió ser edificado hacía casi
un siglo que éstos habían conquistado todo este territorio
(hacia el año 200 a.C.) sin que posteriormente existieran conflictos
importantes.
Este aspecto del abandono
no violento del poblado de Torre Quemada, con una estructura de vigilancia
tan singular y monumental, es interesante porque puede relacionarse con
un generalizado fenómeno, primero de concentración de población
en algunos determinados asentamientos bajo dominio romano y después
de despoblación de los mismos, que parece haber tenido lugar en
el territorio oriental del Bajo Aragón en época ibero-romana.
Este proceso de concentración y posterior despoblación es
especialmente patente en el curso medio y alto del río Matarraña
y contrasta poderosamente con la gran densidad de asentamientos de las
etapas precedentes del ibérico antiguo y pleno ubicados en esa misma
zona. La concentración del poblamiento se iniciaría
en la etapa del ibérico tardío, coincidiendo con la llegada
de los romanos, y el proceso de despoblación de toda la zona tendría
su momento culminante a partir del siglo I d.C.
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