IBERS A L'EBRE. RECERCA I INTERPRETACIÓ |
José Antonio Benavente (arqueólogo, Taller de Arqueología de Alcañiz); Fernando Galve (arqueólogo, Centro de Estudios de Andorra); Miguel Angel Laguéns (Laguéns arquitectos / Taller de Arqueología de Alcañiz)
La serie de actuaciones
arqueológicas realizadas en los últimos años en torno
al yacimiento ibérico de “El Cabo” de Andorra (Teruel), constituyen
una intervención singular e inédita en el panorama arqueológico
aragonés y probablemente peninsular.
El yacimiento ibérico
de “El Cabo”, se situaba a unos dos kilómetros al Oeste de la localidad
turolense de Andorra. Su posición era muy estratégica y dominante
al emplazarse en lo alto de una cuesta que controlaba visualmente, por
una parte, la cabecera de la Val de Ariño, afluente del río
Martín hacia el Oeste y, por otra, el inicio del río Regallo
hacia el NE., ambos utilizados como vías de comunicación
desde tiempos remotos.
El asentamiento ibérico,
conocido desde 1956, fue objeto de catas arqueológicas en 1995 a
través de las cuales se confirmó su adscripción a
la época del ibérico antiguo así como la existencia
de dos núcleos o agrupaciones de estructuras muy próximas
entre sí entre las que se construyó un torreón de
planta rectangular. Ambos núcleos se encontraban afectados en su
totalidad por una gran explotación minera de carbón a cielo
abierto que desmontaba completamente el cerro sobre el que se asentaban.
La empresa Endesa, propietaria de la explotación minera y conocedora
de la existencia del yacimiento, llegó a un acuerdo con el Gobierno
de Aragón por medio del cual la empresa se comprometía a
financiar la excavación completa del poblado y el Gobierno de Aragón,
una vez finalizadas las excavaciones y estudios, concedería los
permisos oportunos para la continuación de los trabajos de la misma,
declarando el lugar libre de restos arqueológicos.
La excavación del
yacimiento ibérico de “El Cabo”, dirigida por nosotros mismos, se
inició en Diciembre de 1998 y finalizó en Julio de 1999.
A lo largo de esos meses se excavaron en su totalidad los dos núcleos
de ocupación que presentaban unas características urbanísticas
y constructivas sensiblemente diferentes entre sí.
El asentamiento de “El Cabo
1” estaba formado por una treintena de espacios rectangulares bastante
amplios, con una superficie variable entre los 45 y los 65 m2, que se adaptaban
a la acusada pendiente del terreno mediante la disposición de pequeños
aterrazamientos y plataformas interiores para hacerlas más habitables.
Estas estructuras conformaban un espacio rectangular o “manzana” situada
en ladera, de unos 1.600 m2 de superficie total, constituida por dos alineaciones
de casas alargadas y estrechas que se adosaban y apoyaban unas en otras
y que tenían sus entradas y accesos por la parte superior, las de
la alineación de arriba, y por la parte inferior, las de abajo.
No se detectaron murallas ni sistemas de defensa o fortificación
en este asentamiento.
El poblado de “El Cabo 2”,
estaba constituido por unos cuarenta espacios de habitación, con
superficies variables entre unos 15 y 25 m2, dispuestos en dos terrazas
separadas por una calle central, siguiendo un modelo de planta urbanística
tradicional en el Bajo Aragón en momentos anteriores. En los extremos
de este poblado se encontraban sendas plataformas o torreones defensivos
y, en el sector oeste, la entrada principal, con un estudiado sistema de
acceso a la calle central del poblado que aseguraba su defensa y
protección. Las paredes traseras de las casas debían conformar
un perímetro defensivo que aprovechaba las condiciones naturales
del terreno. En el sector Este del asentamiento, en la zona más
elevada y junto a un grueso muro que hacía las funciones de muralla,
se emplazó lo que parecen ser las dependencias y viviendas más
importantes del poblado. Existía también una senda o camino
de ronda en la vertiente norte aprovechando una cornisa natural del relieve
que lo comunicaba con el torreón principal y, al menos mediante
dos accesos, con el interior del propio poblado y su calle central.
Tras la excavación
completa de ambos núcleos de estructuras, y ante la destrucción
inminente y definitiva de este interesante poblado, se propuso al Ayuntamiento
de Andorra, al Gobierno de Aragón y a Endesa, el traslado de algunas
de las estructuras y elementos constructivos singulares del yacimiento
para iniciar su posible “reconstrucción” en otro lugar próximo
a la localidad de Andorra con la finalidad de crear un Complejo Arqueológico,
basado en el asentamiento ibérico de El Cabo, como centro de atracción
cultural y turística parala comarca. En el verano de 1999 fueron
trasladadas parte de estas estructuras y elementos constructivos junto
al Parque y Ermita de San Macario y desde entonces se está llevando
a cabo la reconstrucción en planta de este yacimiento habiendo relizado,
hasta el momento, la mitad de la misma. En la recreación del poblado
se incluirá también la reconstrucción completa de
varias de las casas de dos plantas del mismo.
El Complejo Arqueológico
de El Cabo, cuya ejecución se plantea a medio y largo plazo con
la financiación y colaboración del Ayuntamiento de Andorra,
Endesa y programas de empleo del INEM (Escuelas Taller, Casas de Oficio,
etc.), constará de tres áreas bien diferenciadas: el Centro
de Presentación, el Poblado reconstruido y el Area de talleres y
arqueología experimental.
Según el Proyecto
museográfico ya elaborado, este Complejo arqueológico tendrá
una finalidad fundamentalmente didáctica y pedagógica, dirigida
especialmente hacia escolares y turismo cultural de tipo familiar o de
la tercera edad. Se pretende, entre sus objetivos, que los visitantes puedan
conocer, vivir y “sentir” la vida cotidiana de los inicios de la época
ibérica en el Bajo Aragón. Asi mismo, se considera muy importante
la creación de un área arqueológica experimental,
de finalidad rigurosamente científíca, que sirva de base
a los contendidos culturales y divulgativos de todo el conjunto y que pueda
servir de lugar de experimentación práctica para estudiantes
y especialistas de ámbito universitario.
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