A
L'EBRE CENTRE D'ESTUDIS DE LA RIBERA D'EBRE |
El Barranc de Gàfols, Ginestar
Joan Sanmartí, Maria carme Belarte,Joan Santacana, David Asensio i Jaume Noguera
Resum i conclusions del
llibre L'assentament del bronze final i primera edat del ferro del Barranc de
Gàfols (Ginestar, Ribera d'Ebre). Publicat a la col·lecció Ilercavonia
Resumen
1. Ubicación
El yacimiento de
Barranc de Gàfols, también conocido como “El Pomeralet” está situado en el
término municipal de Ginestar, a menos de un kilómetro al sudoeste de esta
población. Se encuentra a la derecha del torrente del mismo nombre, justo en el
punto en que éste desemboca en la llanura aluvial. Las coordenadas UTM del lugar
son CF006455, según el mapa a 1:50.000 de la Cartografía Militar de España, hoja
32-18 (426).
El asentamiento antiguo ocupa una superficie algo
inferior a 600 m2 en el extremo noroccidental de una extensa plataforma
delimitada por pendientes abruptas, que forma parte de la segunda terraza
cuaternaria y es conocida con el nombre de Les Planetes.
2. Cronología y evolución estructural
Los materiales
datables más antiguos recuperados en Barranc de Gàfols son un cuchillo y una
punta de flecha de sílex de tipos aún corrientes durante el Bronce Medio y que
pueden perdurar incluso durante las primeras etapas del Bronce Final (fig. 5.222
y 5.238). Estas piezas no han podido ser relacionadas con estructuras
constructivas, pero muestran que el lugar era ocupado o frecuentado durante el
segundo milenio a.C., y probablemente ya con anterioridad. Este primer momento
de ocupación, de naturaleza incierta, ha sido denominado Período
0.
El Período 1 corresponde claramente al Bronce Final y Primera Edad del
Hierro, con una datación absoluta comprendida entre los siglos X-IX y VII a.C.
Los fósiles directores característicos son, para los primeros siglos de este
período, las cerámicas a mano propias de los Campos de Urnas Antiguos, o Período
I de Vilaseca (bordes exvasados convexos con labio biselado al interior,
decoración de acanalados complejos y hoyuelos) (fig. 5.197, 5.198 y 5.231),
mientras que los niveles de los siglos VIII-VII a.C. se caracterizan
principalmente por la presencia de acanalados horizontales simples (fig. 5.204),
propios del Período III de Vilaseca, y, en cantidades muy reducidas, de cerámica
fenicia de la zona del Estrecho de Gibraltar. La datación por C14 de un carbón
procedente de la UE 280 (Beta-98213) no se aparta de esta evaluación, puesto que
da una cronología calibrada de 1015 a 815 BC (método A) y 938-841 BC (método
B).
Las casas de este período son de una sola habitación
y no comparten paredes medianeras con las casas vecinas (con la posible
excepción de los recintos 01-02). El mismo tipo de vivienda está documentado
contemporáneamente en el yacimiento próximo de Barranc de Sant Antoni (Asensio
et alii, 1994-1996). Las distintas construcciones edificadas a lo largo de los
cuatro siglos de ocupación del Período 1 se superponen y se recortan en
distintas ocasiones, y sin duda algunas de ellas han resultado destruidas por
los edificios levantados durante el Período 2 (fig. 4.2). Ello explica la mala
conservación de muchos de estos recintos (en realidad sólo el recinto 08 nos ha
llegado en relativo buen estado), así como el hecho de que prácticamente todos,
con la única excepción del 05, daten de los siglos VIII-VII a.C. o sean de
cronología imprecisa.
La estructura descrita sugiere que el lugar no fue
habitado durante el Período 1 de una forma permanente, sino que a cada momento
de habitación seguía un tiempo de abandono, después del cual se volvía a
construir, ignorando generalmente la ubicación de las estructuras más antiguas.
En estas condiciones, resulta muy arriesgado intentar evaluar el número de casas
construidas durante este período (y aún más el número de ocupaciones), pero no
está de más plantear la cuestión de forma hipotética. En efecto, para el período
comprendido entre finales del siglo VIII a.C. y los últimos años de la siguiente
centuria contamos con los restos bien documentados de seis casas, a las que tal
vez puedan añadirse otras tres que habrían existido bajo el emplazamiento de los
recintos III-IV del Periodo 2. En total, pues, se podría pensar en un mínimo de
nueve casas para un período de cien años. Admitiendo –pero es sólo una
hipótesis- que hubiera una media de dos casas habitadas simultáneamente en cada
momento de ocupación, ello representaría que cada ciclo de ocupación-abandono
habría durado unos 30-35 años.
El Período 2 se
caracteriza muy particularmente por un cambio profundo en la estructura del
asentamiento (fig. 4.1). En efecto, aparecen ahora una serie de habitaciones
ocupadas sin duda de forma simultánea, a menudo adosadas formando bloques
constructivos compactos (A, B, C, D) separados por estrechas callejas (a, b, c).
También se documenta, al este, una estructura excavada de forma alargada y una
profundidad máxima de 105 cm, que ha sido interpretada como una cisterna. Nos
hallamos, pues, ante una estructura física que puede calificarse de
“protourbana”, en el sentido de que existe un uso controlado del espacio. Todo
ello, así como la presencia de decoraciones pintadas en las paredes de los
recintos I y II, la abundancia de grandes envases cerámicos de almacenaje y la
utilización de molinos de grandes dimensiones y peso, sin duda no transportables
(tipo A), pone de manifiesto que el grupo humano establecido en Barranc de
Gàfols había modificado radicalmente las formas de vida practicadas por sus
antepasados y había adquirido un carácter plenamente sedentario. El tamaño de
este grupo humano puede ser evaluado con una cierta precisión, teniendo en
cuenta que, de los doce recintos ocupados, solamente los cinco que conforman el
bloque constructivo A, más el recinto IX y, tal vez, el recinto VI parecen haber
sido auténticas casas, lo que permite pensar en un grupo compuesto por unas
treinta a treinta y cinco personas.
En cuanto a la datación
de este Período 2, parece probable que la construcción del bloque constructivo A
se iniciara en los últimos lustros del siglo VII a.C. con la erección de los
recintos I y II, a los que pronto se debieron de añadir los recintos II-V. El
momento de construcción de los recintos VI-XII y XIV no puede ser determinado,
pero es prácticamente seguro que todos ellos funcionaron contemporáneamente con
el bloque constructivo A y que todo el conjunto quedó destruido por un violento
incendio en una fecha próxima a 570/560 a.C. La datación de este período se
apoya fundamentalmente en la ausencia de decoración de acanalados entre las
cerámicas a mano, en el pequeño número y el carácter evidentemente residual
–excepto en los niveles fundacionales– de la mayoría de cerámicas fenicias
procedentes del área del Estrecho de Gibraltar -–tan abundantes todavía a
principios del siglo VI a.C. en el yacimiento de Aldovesta–, y, finalmente, en
la abundancia de otras producciones a torno de tipo fenicio, posiblemente
producidas en el sudeste de la Península Ibérica, que incluyen también en su
repertorio algunas formas griegas propias de la primera mitad del siglo VI a.C.
Dos dataciones radiocarbónicas realizadas en restos procedentes del recinto IV
(una bellota carbonizada de la UE 44) (Beta-98211: 817-752 a.C., 58,7% y 695-544
BC, 41,3%, según método B) y del relleno de la cisterna (UE 433) (Beta-98212:
888-871 BC, 1,3% y 850-518 BC, 98,3%, según método B) no contradicen la
evaluación propuesta a partir de los materiales cerámicos.
Con
posterioridad al final del Período 2, el lugar permaneció deshabitado, pero no
abandonado. Efectivamente, los niveles superficiales han proporcionado un
pequeño número de fragmentos de cerámica ibérica, campaniense A, Terra Sigillata
Hispánica, Terra Sigillata Clara, ánfora bajoimperial y diversas producciones
medievales y postmedievales (fig. 5.235) que muestran que el lugar continuó
siendo frecuentado hasta la actualidad, sin duda con finalidad de explotación
agrícola.
3. Análisis funcional del
asentamiento
3.1. El Período 1
La documentación
proporcionada por los niveles correspondientes al Período 1 es más bien escasa,
debido tanto a la destrucción de una gran parte de estos sedimentos como, muy
particularmente, al hecho de que las casas parecen haber sido abandonadas
siempre –el recinto 03 es la única posible excepción- de forma pacífica,
llevándose la totalidad de objetos que podían ser de utilidad. Así, el recinto
08, el mejor conservado, con una sedimentación interna prácticamente intacta,
sólo ha dado materiales cerámicos muy fragmentados (fig. 5.219), sin elementos
que permitan reconocer las actividades realizadas en el
mismo.
Más concretamente, no se ha documentado ningún
objeto relacionable con la actividad textil, lo que no significa, evidentemente,
que ésta no existiera. En efecto, se podrían haber utilizado telares
horizontales de rejilla, sin pesas, o bien utilizando piedras para esta función.
También podría haberse tratado de telares verticales del tipo utilizado para la
cestería de saltos, con pesas del mismo tipo o con la barra inferior fijada en
el suelo con un sistema de anclaje (Morris, 1986, 252, fig. 82). En cualquier
caso, y teniendo en cuenta su escasa sofisticación, debía de tratarse de una
actividad doméstica. Lo mismo puede decirse de la molienda, aunque sólo puede
fecharse dentro de este período un único molino de pequeñas dimensiones. La
presencia de grandes vasos de almacenaje se ha documentado en el recinto 03
(fig. 5.205.7-8), pero su número es ciertamente reducido, por lo menos en
comparación con el Período 2 (sólo un 3% de los individuos de cerámica a mano,
frente a un 13% del Período 2, al que se debería añadir los numerosos pithoi a
torno propios de este momento. Este hecho debe relacionarse con la probable
ausencia durante el Período 1 de pisos superiores en las viviendas que pudieran
servir como zonas de almacenaje. En otros muchos aspectos, sin embargo, las
construcciones del Período 1 de Barranc de Gàfols, como las que han sido
descubiertas en el yacimiento vecino de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii,
1994-1996a), son similares a las de la etapa más avanzada, lo que muestra
claramente que éstas últimas son una evolución de las tradiciones constructivas
existentes en la zona durante el Bronce Final. Efectivamente, las viviendas del
Período 1 son también a menudo de planta rectangular alargada, semiexcavadas en
el suelo de base y con hogares, generalmente en posición central, encajados en
el pavimento y dotados a veces de preparación de fragmentos cerámicos o
guijarros. En cambio, no hay evidencia alguna del uso de adobes ni hornos ni del
resto del equipamiento fijo o semifijo que durante el período más avanzado se
elaboraba con tierra. Por supuesto, de ello no se deduce necesariamente que
tales elementos no existiera, dado el mal estado de conservación de estas
construcciones antiguas y el hecho de que la ausencia de incendio no ha
favorecido la preservación de los objetos de tierra no cocida. En cualquier
caso, en Barranc de Sant Antoni se ha documentado una banqueta cuadrangular de
piedra en uno de los ángulos de la habitación. Por último, no se ha documentado
en este Período 1 ningún elemento relacionable con prácticas
cultuales.
3.2. El Período 2
Contrariamente, el buen estado de conservación de los niveles de destrucción del Período 2 y la presencia en los mismos de un gran número de materiales in situ, consecuencia lógica del final imprevisto del asentamiento, suponen la existencia de una documentación de gran riqueza para el conocimiento de los aspectos funcionales del mismo.
3.2.1. El asentamiento como lugar de trabajo y almacenaje
Las actividades
de trabajo mejor documentadas en el asentamiento son el tejido, la molienda y la
cocina. Todos los recintos domésticos ocupados durante el Período 2 han
proporcionado elementos relacionables con al menos una de estas actividades, y a
menudo con todas ellas. En efecto, la presencia de pesas de telar ha sido
documentada en los recintos I-IV y VI, la de molinos en los recintos I-V, VIII,
XI y XVII, y los hogares en los recintos I-V, VII y IX. Además, el recinto I
también contenía un horno culinario. El asentamiento es, pues, tanto un lugar de
trabajo como un núcleo residencial. A todo ello debe añadirse aún la preparación
de colorantes y, posiblemente, de productos medicinales, concretamente en el
recinto VIII.
La distribución de los pondera parece indicar que el
tejido era una actividad desarrollada en el marco de cada familia nuclear, ya
que, de no ser así, se esperaría haber hallado la totalidad o la mayor parte de
estos objetos agrupados en un solo recinto, tal como se observa en muchos
yacimientos de la segunda edad del hierro. El hecho de que el número de piezas
halladas en cada habitación sea reducido (cuatro en el recinto I, una en el
recinto II, cuatro en el recinto III, tres en el recinto IV y una en el recinto
V), a veces solamente una, no se opone necesariamente a esta idea, ya que los
telares de la primera edad del hierro parecen haber funcionado a menudo con un
número reducido de pondera. Así, en Aldovesta se recuperó un solo ejemplar,
hallado en el único recinto doméstico del yacimiento (recinto C) (Mascort,
Sanmartí, Santacana, 1991, lám. 30, nº 7); en el Coll del Moro de la Serra
d’Almos el número se reduce a 4 (Vilaseca, 1953, 41, 47; Cela, Noguera, Rovira,
1999, 114, lám. V, 11-12), y en el Puig Roig del Roget solamente se han hallado
cuatro piezas en el conjunto del yacimiento (Genera, 1995). Esta situación se
documenta también en otros ámbitos culturales y geográficos muy diferentes, como
la Creta del Bronce Antiguo (Warren, 1972, 220) y muestra que el instrumento
utilizado seguramente no era el telar vertical de pesas –a menos que fuera muy
pequeño-, sino que probablemente se trataba de telares horizontales de rejilla,
tal vez dotados de un lizo, o bien de telares verticales del tipo de cestería de
saltos (fig. 7.16). De todas maneras, la presencia de un número importante de
pondera agrupados en un mismo recinto en determinados yacimientos contemporáneos
del Período 2 de Barranc del Gàfols –como Sant Jaume-Mas d’en Serra (Gracia,
García, Munilla, en prensa) o el Tossal Montañés (Moret, Gorgues, Lavialle, en
prensa)- muestra que la difusión de los telares verticales de pesas se había
iniciado ya en estos momentos.
También la molienda
parece haberse desarrollado en el marco de las familias nucleares, ya que todos
los recintos dotados de hogar y que, consecuentemente, han sido considerados
como casas, contenían al menos una piedra de molino. Con todo, la concentración
de determinados tipos de molino en ciertos recintos permite suponer también una
cierta especialización de esta actividad. En efecto, en los recintos IV y VIII
se concentran respectivamente la totalidad y la gran mayoría de los tipos A1 y
A3, es decir, los instrumentos de molienda de mayores dimensiones y que parecen
haber estado destinados al procesado de cereales (con exclusión de las
bellotas). En cambio, el tipo A2, utilizado indistintamente para cereales y para
bellotas, se documenta en todos los recintos, y lo mismo puede decirse
prácticamente del tipo A4, ausente sólo en los recintos II y V, que era también
utilizado para la molienda de bellotas y de cereales. En definitiva, parece que
los instrumentos especializados exclusivamente para la molienda de grano se
documentan únicamente en tres ámbitos domésticos (I y, sobre todo, IV y VIII),
mientras que los molinos polivalentes están presentes en todas las casas. La
interpretación de estos datos no es fácil, pero, en cualquier caso, parece
evidente la existencia de una cierta concentración de instrumentos
especializados en la molienda de cereales, sobre todo en los recintos IV y VIII,
posiblemente destinados a la obtención de harina o sémola de cereal a gran
escala en ciertos momentos del año, particularmente después de la cosecha,
mientras que en todas las casas se debían de procesar las bellotas y,
ocasionalmente, los cereales. Nos hallaríamos, pues, ante un principio de
especialización de los procesos de molienda.
Por otra parte, es
posible que los recintos X, XI y XII, que no tenían pavimento ni (con seguridad
el primero, probablemente tampoco los dos restantes) hogar hayan servido para el
alojamiento de animales domésticos. Esta posibilidad parece particularmente
plausible en el caso del recinto X, que es de forma diferente (más corto y
ancho) que los recintos claramente domésticos y, además, tiene un acceso en
rampa descendente que parece particularmente indicado para la función que
proponemos. En cuanto a los recintos XI y XII, sus formas y dimensiones (aunque
no su equipamiento interno) se corresponden claramente con los de las casas
normales. Es posible que se trate de casas desafectadas y reutilizadas para
guardar animales, pienso, leña, paja, materias primas transformables o
instrumental diverso. En cuanto al recinto XIV, tan peculiar, es plausible
suponer que se tratara de un pajar. Los cuatro recintos mencionados representan
el 30% de los doce espacios cubiertos que estaban en uso durante el Período 2.
Por otra parte, y dada la ausencia de hogares, es probable que los recintos
VI-VII-VIII deban considerarse también como áreas de trabajo y almacenaje, lo
que significa que prácticamente la mitad de los espacios cubiertos eran de hecho
instrumentos relacionables con la producción y no con las funciones
residenciales propiamente dichas. Si se evalúa desde este punto de vista
funcional la superficie cubierta útil, las áreas residenciales (recintos I-V y
IX) ocuparían unos 126 m2 (+61,6% del total de la superficie útil cubierta),
mientras que los demás recintos se extienden sobre 78,4 m2 (= 38,4%)
aproximadamente (suponiendo una superficie útil de 20 m2 para los recintos XI y
XII), pero hay que tener presente que estas construcciones tenían además un piso
superior destinado al almacenaje.
Además de lo dicho, es
posible que también se practicaran junto a las casas (posiblemente al oeste de
las mismas) otras actividades mal o nulamente atestiguadas en el registro
arqueológico, como la preparación de derivados de la leche o de bebidas
fermentadas a base de cereales, cuya existencia está bien documetada desde
principios del bronce final como mínimo (Juan, en prensa). El mismo lugar podría
haber sido utilizado para la actividad metalúrgica –de haber existido– o para la
fabricación de cerámica. Con objeto de verificar estas posibilidades, se ha
excavado prácticamente todo el sector comprendido entre los recintos V-XIV-X y
los límites meridional y occidental de la plataforma, pero no se ha podido
documentar ninguna actividad concretada (lo que no necesariamente significa que
no se practicaran), pese a la existencia de algunos agujeros y capas de cenizas
que no ha sido posible interpretar.
En cuanto al almacenaje
de alimentos, la presencia de grandes envases cerámicos destinados
presumiblemente a esta función ha sido bien documentada en todos los recintos
del bloque constructivo A (I-V), en los recintos VI-VIII y, con menor claridad,
en los recintos XI-XII. Es decir, que la totalidad o la gran mayoría de las
casas y espacios de trabajo cubiertos utilizados durante el Período 2 eran a la
vez almacenes. A juzgar por la posición estratigráfica en que se han hallado
estos elementos, resulta evidente que su posición original estaba en un nivel
superior: altillo, piso o terraza (fig. 6.16.-17). La utilización de pisos
superiores para el almacenaje está bien documentada etnográficamente, por lo
menos en los meses fríos (Horne, 1994, 100; Louis, 1979;
Triantafyllidou-Baladié, 1979, 15; Schinde, 1991). En cuanto al volumen de estas
reservas, es difícil evaluarlo con precisión, dado que la gran mayoría de vasos
se conserva sólo de forma fragmentaria y que, además, no es posible asegurar que
se han encontrado todos. En cualquier caso, los envases recuperados en el
recinto I habrían podido contener un mínimo de 1.000 litros de grano, lo que se
corresponde bastante bien con el consumo familiar anual, y es posible suponer
que esta cifra es válida también para el resto de recintos, en particular los
del bloque constructivo A. Se trataría, por tanto, de reservas domésticas a
escala familiar. No se puede excluir que también existieran otras reservas
ubicadas en otros lugares, utilizando silos u otros sistemas, pero no se ha
hallado evidencia alguna de ello en la zona excavada.
3.2.2. El asentamiento como lugar de refugio
Como indica L.
Horne, la noción de refugio se puede definir como aquellas condiciones que
garantizan no solamente la supervivencia biológica, sino también unas
condiciones de trabajo adecuadas, el mantenimiento de la salud y un ambiente
general tolerable, a la vez que un nivel de confort personal aceptable (Horne,
1994, 96-97). Esto significa, en primer lugar, la necesidad de mantener unas
temperaturas confortables –aspecto que presenta ciertas dificultades en una zona
con oscilaciones térmicas considerables entre verano e invierno–, y también la
de protegerse de la acción de los vientos, particularmente del cierzo, que sopla
del noroeste y es frío y violento.
En relación con el
confort térmico, la propia utilización de la tierra como material de
construcción es ya una ventaja importante, dadas sus cualidades aislantes
(Bardou, Arzoumanian, 1979, 32; CRATerre, 1995, 156-157). Este aislamiento,
además, debía de mejorar gracias a la existencia, que creemos muy probable, de
un piso superior, y también por un adecuado mantenimiento de los revestimientos
de barro interiores y exteriores (Horne, 1994, 98). Asimismo, la disposición de
las casas compartiendo muros medianeros se justifica también por la necesidad de
reducir al máximo las pérdidas calóricas a través de los muros que dan al
exterior, motivo por el cual las habitaciones deben presentar la menor
superficie externa posible manteniendo el máximo espacio interior (Taylor, 1984,
26). El carácter parcialmente subterráneo de muchos de los recintos, siguiendo
una tradición bien documentada en la zona, también permite aprovechar y
conservar mejor el calor durante los meses fríos. El elemento básico de
calefacción eran evidentemente los hogares que se han documentado en gran número
de recintos (particularmente los del bloque constructivo A, el recinto IX y, de
un tipo diferente, el recinto VIII), situados por lo general en el centro de las
habitaciones. Es posible que en estos hogares se encendiera fuego, y ello
implicaría probablemente la existencia de alguna abertura en el techo para
facilitar la salida de humos, lo que, a su vez, haría imposible la existencia de
un piso superior completo (probablemente se trataría, en este caso, de dos
altillos más o menos grandes, con un espacio libre en medio, en el centro de la
habitación). También es posible, sin embargo, que en estos hogares se
depositaran solamente brasas y que los fuegos propiamente dicho se practicaran
en el exterior de las casas, hecho que podría explicar algunos indicios de
combustión hallados en algún punto no cubierto del yacimiento, sobre todo al sur
del recinto V. En cualquier caso, el uso de brasas en hogares situados
directamente en el suelo está bien atestiguado por paralelos etnográficos
(Horne, 1994, 143).
La ventilación, particularmente en verano, se debía
de conseguir a través de las puertas, las ventanas y, en caso de no existir un
piso superior completo (es decir, que se tratara de altillos más o menos
grandes), con aberturas en el techo; con todo ello se habría alcanzado una buena
circulación del aire. En tiempo frío, algunas de estas aberturas se debía de
tapiar. De todas formas, es probable que en tiempo estival la mayor parte de las
actividades, incluyendo el reposo nocturno, se desarrollaran en el exterior, de
manera que la preocupación principal debió de ser la calefacción durante los
meses fríos.
La ubicación de las puertas raramente puede ser
reconocida, a causa del arrasamiento de una parte de las paredes y también,
posiblemente, porque el umbral se situaba a menudo por encima del zócalo de
piedra. De todas formas, se puede suponer que, en el caso del bloque
constructivo A, estas aberturas estaban situadas en el lado corto oriental, ya
que ésta es la mejor ubicación posible para aprovechar la luz y el calor solar
y, además, permite evitar el cierzo, que sopla del noroeste. Hay que decir, sin
embargo, que la única puerta claramente reconocible, la del recinto IV, se
encuentra precisamente en el lado occidental. Ello, sin embargo, debe de
obedecer al hecho de que, en este caso, al este del edificio se adjuntó un anexo
(recinto XVII) que anulaba la puerta original; además, la existencia del recinto
IX al otro lado de la calle A hacía imposible la construcción del anexo en este
último punto, a la vez que proporcionaba una protección de los vientos
dominantes que permitía la existencia de una puerta en el lado occidental del
recinto IV. En cuanto al bloque constructivo B, parece fuera de lugar suponer
que las puertas pudieran encontrarse en el lado norte, actualmente desaparecido,
de modo que con toda probabilidad debían de abrir a la calle B. Es preciso
indicar, de todas formas, que la puerta del recinto X estaba en el lado
occidental, hecho que confirma que nunca se trató de una vivienda y sugiere que
podía tratarse de un establo: en efecto, la entrada de los animales habría sido
muy difícil por los lados sur y este, dada la estrechez de las calles que
determina la presencia de los recintos IX, XIV, VII y VIII, mientras que era
cómoda por el lado occidental.
3.2.3. El asentamiento como centro de actividades cultuales
Las actividades
rituales presumibles se refieren a dos aspectos diferentes. En primer lugar, la
existencia de un posible sacrificio de fundación, realizado en el momento de
construcción de los recintos I-II. Se trata del hallazgo de una escápula
completa de Bos taurus (fig. 5.2) colocada en el horizonte de construcción y
bajo una de las piedras que forman el muro septentrional del recinto I (UE 25).
Dada la gran fragmentación habitual en los restos óseos procedentes de consumo y
la posición del hallazgo no parece excesivamente aventurado suponer que esta
escápula se depositó intencionalmente antes de construir el muro, con una
finalidad evidentemente ritual y vinculada a la protección del propio edificio y
de sus ocupantes.
Asimismo, bajo el pavimento del recinto V se ha
documentado la existencia de una pequeña cavidad de forma ovalada (42 cm. de
longitud) que contenía algunos restos óseos, muy escasos. La posibilidad de que
se trate de un sacrificio fundacional no puede excluirse, aunque también puede
tratarse de restos de ocupación del Período 1.
Otro indicio importante
de prácticas rituales es el hallazgo de objetos que se suponen vinculados a
éstas. Es el caso de los thymiateria, hallados precisamente en los recintos I y
II (fig. 5.11.-10 y 5.40.-3) y –pero en este caso es una pieza ya amortizada– en
el relleno de la cisterna (fig. 5.181.-4). Precisamente esta última pieza
conservaba restos de cera, que parecen confirmar su carácter ritual. Es
interesante observar, en cualquier caso, que la presencia de estos objetos
atestigua la penetración en ambientes indígenas de prácticas rituales exógenas,
hecho que no puede sorprender, dado el largo contacto, de más de un siglo, que
habían mantenido las poblaciones de la zona con los comerciantes fenicios. Otro
elemento al que es posible atribuir un carácter ritual es el “morillo” del
recinto IV (fig. 5.69 y 5.70), aunque su significación precisa se nos escapa. La
vinculación al hogar sugerida por G. Ruiz Zapatero (1985, 806-808) es
perfectamente posible, pero difícil de demostrar; en cualquier caso, el hecho de
que sólo se haya encontrado un ejemplar, cuando existían por lo menos seis
hogares en funcionamiento en otros tantos recintos, no parece apoyar esta
idea.
Probablemente no es casual el hecho de que la mayor
parte de testimonios relacionables con las prácticas rituales hayan aparecido
precisamente en los únicos recintos (I-II) que han dado restos de decoración
pintada y que son, además, los más antiguos del bloque constructivo A y,
probablemente, del Período 2. Este tipo de actividad parece, pues, concentrada
en estos dos espacios, que, sin embargo, no tienen un carácter especializado,
dado que en los mismos se desarrollaron también funciones domésticas y
residenciales diversas (cocina, molienda, tejido, reposo).
4. El sistema de ocupación del territorio y la estructura económica
La estructura económica de los grupos humanos establecidos en la hoya de Móra experimentó probablemente una evolución considerable entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, de manera que parece indicado distinguir desde este punto de vista por lo menos dos períodos (1 y 2), que se corresponden con los que se han definido más arriba a partir de criterios formales.
4.1. El Período 1 (fig. 8.1)
El hecho de que
durante el Período 1 se documente una ocupación en casas no adosadas, que a
menudo se superponen o se recortan, indica muy probablemente que el lugar fue
ocupado en repetidas ocasiones de manera temporal, impresión que también se
desprende de los trabajos realizados en los yacimientos de Les Deveses y Barranc
de Gàfols (Asensio et alii, 1994-1996a) y 1994-1996b). En definitiva, parece que
los distintos yacimientos del Bronce Final y Primer Hierro documentados en los
trabajos de prospección realizados en esta zona no fueron habitados de forma
estrictamente contemporánea, sino que son el resultado de una forma de vida
todavía no plenamente sedentaria, de manera que un mismo grupo humano los debió
de ocupar de forma alternativa. Aunque los datos paleoeconómicos de que
disponemos para este período son todavía muy limitados, la ausencia de un
hábitat sedentario lleva a pensar en un sistema agrícola de rozas, probablemente
con deforestación por fuego. Esta producción se complementaba sin duda con una
importante actividad de recolección, sobre todo de bellotas (bien atestiguada en
el Período 2 con abundantes restos paleocarpológicos) y, sin duda, con la
ganadería, que también debió de desempeñar un papel muy importante en la
estructura económica. En efecto, el estudio arqueozoológico del Período 1 de
Barranc de Gàfols ha permitido demostrar el predominio absoluto de las especies
domésticas (96% de los restos), entre las que los ovicápridos ocupan claramente
el primer lugar (74%), seguidos por los suidos (16%) y los bóvidos (10%). La
caza, documentada por escasos restos de conejo y de ciervo parece ya, pues,
reducida a una práctica ocasional. En cuanto a los escasos restos malacológicos
recogidos, tampoco permiten pensar en un aprovechamiento importante de los
recursos fluviales de este tipo, a menos que no se consumieran en el yacimiento.
Tampoco hay el más mínimo indicio de pesca.
Un sistema económico de
este tipo es claramente compatible con el nivel tecnológico de las poblaciones
de finales de la Edad del Bronce e inicios de la Edad del Hierro en esta región.
Muy concretamente, la ausencia de arado es uno de los rasgos característicos de
este sistema agrícola (Sahlins, 1984, 52). Asimismo, la ausencia de medios de
almacenaje importantes, particularmente de silos, así como el número
proporcionalmente pequeño de grandes vasos de almacenaje (un 3% de las piezas de
cerámica a mano, por un 13% en el Período 2) podría indicar también un papel más
bien marginal de la producción cerealícola (Garcia, 1998). Por otra parte, este
sistema explicaría fácilmente las características del poblamiento de la zona con
anterioridad al siglo VI a.C., particularmente la gran dispersión de los
yacimientos (Sahlins, 1984, 54), la pequeña superficie ocupada por los hábitats
–indicio claro de la debilidad demográfica del sistema–, la reocupación
periódica de los asentamientos –claramente atestiguada en Barranc de Gàfols y en
Barranc de Sant Antoni–, su carácter preurbanístico –con viviendas no agrupadas–
y el desarrollo aún relativamente pobre de la arquitectura doméstica. No está de
más señalar, por otra parte, que un sistema similar se documenta
contemporáneamente en las áreas costeras de Cataluña, concretamente en el
Penedès (Mestres, Senabre, Socias, 1994-1995), el Vallès (Marcet, Petit, 1985;
Bordas et alii, 1994; Bóquer et alii, 1991) y en el Ampurdán (Martín,
Sanmartí-Grego, 1978). En todas estas zonas se comprueba la existencia de
pequeñas agrupaciones de fondos de cabaña, a menudo asociadas a otras
estructuras excavadas destinadas al almacenaje, que aparecen dispersas en las
llanuras prelitorales. En las áreas de montaña se documentan contemporáneamente
asentamientos de pastores, como el de La Mussara (Rovira, Santacana, 1982b),
ocupados también de forma intermitente y caracterizados por la presencia de
cercados.
La existencia, probablemente desde finales del siglo
VIII a.C., de importaciones anfóricas fenicias procedentes del Círculo del
Estrecho de Gibraltar no puede resultar extraña, dado que un sistema de este
tipo es capaz de producir un volumen considerable de excedentes sin un gran
esfuerzo suplementario, siempre, naturalmente, que la extensión del territorio
explotable sea suficientemente grande (Wolf, 1971, 36-38; Sahlins, 1984, 53).
Por otra parte, y a pesar de que su importancia económica debía de ser muy
grande, el volumen de tales importaciones parece bastante modesto: en efecto, la
cerámica fenicia representa solamente el 2% de los fragmentos en los niveles del
Período 1, lo que, teniendo en cuenta que se trata siempre de piezas de grandes
dimensiones, representa un número muy reducido de individuos; de hecho, no se ha
hallado ni un solo fragmento de borde estratificado, y el cálculo de individuos
con ponderación por uno –que inevitablemente supone una sobrevaloración de las
producciones más minoritarias– no sobrepasa el 4% del total de vasos cerámicos.
Aún así, este comercio exterior –que se debió de fundamentar sobre todo en la
exportación de metales– fue suficientemente importante como para provocar en la
segunda mitad del siglo VII a.C. la aparición de asentamientos con funciones
especializadas de carácter comercial, concretamente el de Aldovesta (Benifallet,
Baix Ebre), que tiene una estructura radicalmente diferente de la del resto de
núcleos conocidos contemporáneamente y que ha proporcionado, además de un
elevado número de ánforas fenicias (en torno a un centenar de bordes),
evidencias importantes relativas a la refundición de objetos de bronce en forma
de panes y varillas para facilitar el transporte del metal (Mascort, Sanmartí,
Santacana, 1991). El desarrollo a finales del siglo VII a.C. de otros hábitats
permanentes vinculados a la explotación de las galenas argentíferas del valle
del Siurana, como el Puig Roig (El Masroig, Priorat) (Genera, 1995) o El Calvari
(El Molar, Priorat) (Vilaseca, 1943) también debe ponerse probablemente en
relación con este comercio colonial fenicio (Belarte et alii, 2000; Asensio et
alii, 2000b). Aparte de estos contactos con el mundo colonial semita, la
presencia de un molino de granito y de una pequeña proporción (2,1% de los
fragmentos) de cerámicas con desgrasante micáceo –que muy probablemente no son
de origen local– muestra la existencia de una red interior de relaciones de
intercambio, cuya importancia económica debía de ser, sin embargo, muy inferior
a la de los contactos exteriores (Ruiz Zapatero, 1992).
4.2. El Período 2 (fig. 8.2 y 8.3)
Durante el
último período de su existencia, el yacimiento de Barranc de Gàfols es el único
que parece estar ocupado en la zona suroccidental de la hoya de Móra. En un
sistema aún no plenamente sedentario como el que hemos sugerido para el Período
1 esto no tendría nada de particular (simplemente, se trataría del yacimiento
ocupado en ese momento preciso) si no fuera porque a la vez se produce un cambio
profundo en la estructura del asentamiento, así como en algunas de las
características arquitectónicas de las casas y en la composición de los
materiales muebles. Ahora, efectivamente, nos hallamos ante un núcleo de tipo
protourbano, de carácter estable, bien distinto del aspecto anárquico de los
yacimientos del período anterior, y con una capacidad de almacenaje que parece
netamente superior.
Esta sedentarización provocó probablemente un
incremento en la importancia de la agricultura dentro de la estructura
económica. Un indicio en este sentido es la existencia de un gran número de
vasos de almacenaje, que ahora constituyen un 13% de los individuos de cerámica
a mano –frente al 3% del período anterior– y a los que debe añadirse un número
significativo de piezas a torno (39% de los individuos de cerámica a torno, que
se elevaría hasta el 49% si se incluyeran las ánforas entre los vasos de
almacenaje) (fig. 7.14), a parte de la posible existencia de recipientes de
barro o de barro y madera. Todo ello permite suponer que cada una de las casas
del bloque constructivo A podría haber almacenado un volumen superior a los
1.000 litros, lo que representa aproximadamente el consumo familiar anual. Debe
añadirse la presencia de varios molinos de granito de grandes dimensiones y peso
(tipo A), sin duda instrumentos fijos, de los que no se conocen equivalentes en
períodos más antiguos. Contrariamente, no se ha documentado la existencia de
silos, hecho que puede responder a la ausencia de tradición de uso de este tipo
de depósitos en la zona, o bien a la dificultad para excavarlos en la roca
calcárea dura sin instrumental de hierro, o, simplemente, al hecho de que el
volumen aún reducido de los excedentes no los hacía
necesarios.
El estudio del material paleocarpológico muestra la
importancia de la recolección de bellotas (53% de los restos), así como una
presencia considerable de pepitas de uva (38%), de las que no es posible
precisar si corresponden a especie silvestre o doméstica. Los cereales, por el
contrario, están mal representados (7% de los restos); la única especie
identificada es la cebada. También están presentes el lino y el higo, pero ambos
en proporciones muy modestas (0,1% y 1% respectivamente). Estos datos tienen que
completarse con los resultados de los análisis de residuos conservados en las
superficies de fricción de los molinos. Éstos confirman la importancia de las
bellotas, que probablemente proporcionaban harina panificable (Oliveira,
Queiroga, Pereira Dinis, 1991), pero también han mostrado que la presencia de
cereales es bastante más importante de lo que dejarían suponer los datos
carpológicos. En efecto, los residuos atribuibles a cereales (siempre cebada
cuando es posible precisar la especie) han sido identificados en ocho de los
catorce molinos analizados, entre los que se cuentan todas las piezas móviles de
grandes dimensiones del tipo A3 y las tres piezas fijas del tipo A1, aún más
grandes y pesadas. Este último tipo de molino no se ha documentado en los
períodos precedentes, y su presencia en los niveles del Período 2 tal vez se
tenga que relacionar con una relativa expansión de la economía cerealícola en la
zona. En efecto, los análisis de residuos han mostrado que cada molino se
empleaba de forma exclusiva bien para bellotas bien para cereales. Ahora bien,
las piezas de mayores dimensiones (tipos A1 y A3) (fig. 7.17) siempre han dado
exclusivamente residuos atribuibles a cereales, lo que permite pensar que se
trataba de instrumentos especializados, que, además, se encontraban concentrados
casi exclusivamente en dos recintos (IV y VIII), que también podrían haber
estado especializados en la molienda de cereales, tal vez en el momento
inmediatamente posterior a la cosecha. En el resto de las casas había pequeños
molinos que, según muestran los análisis de residuos, se podían utilizar
indistintamente (aunque no la misma pieza) para la molienda de cereales o de
bellotas. Esta diversificación funcional y especialización de la actividad de
molienda contratan vivamente con la documentación disponible para los períodos
precedentes, en que los molinos conocidos son escasos, muy simples y siempre de
un mismo tipo, el barquiforme de pequeñas dimensiones.
Es posible, por
consiguiente, que comience a desarrollarse en este Período 2 una agricultura de
barbecho, basada en buena parte en el cultivo de la cebada, que es uno de los
más sencillos, ya que este cereal es fácil de trillar y es también el primero
que madura si se planta en invierno, siendo las variedades primaverales las más
tardías. No es posible precisar qué variedades existían en Barranc de Gàfols,
aunque lo más probable es que se trate de la invernales. La siega de la cebada
no está documentada –no hay hojas de sílex u otro instrumento con marcas de
siega–, tal vez porque las espigas se separaban a mano. Aparte de los cereales,
los análisis de residuos han demostrado también el uso de raíces o
rizomas.
La documentación arqueozoológica no muestra
diferencias significativas en relación al Período 1, con un amplio predominio de
las especies domésticas (95% de los restos). Los ovicápridos constituyen el
grupo más numeroso (80%), con una peculiaridad importante, el dominio de la
cabra sobre la oveja, lo que puede interpretarse en función del mayor
rendimiento de la primera en la producción láctea. La obtención de productos
lácteos sería, pues, el objetivo principal de la cría de ovicápridos (Nadal,
Albizuri, 1999). Los suidos representan un 9% de los restos recuperados, y sin
duda constituían la parte esencial del alimento cárnico, mientras que los
bóvidos (5,6%) y équidos (0,35%) se debían de utilizar primordialmente como
fuerza de trabajo. En cuanto a la caza, aunque seguramente se practicaba de
forma constante, sólo debía de proporcionar un aporte complementario a la
alimentación del grupo.
En cuanto a las
actividades de transformación, la mejor documentada –aparte de la molienda– es
el tejido. El hecho de que la mayoría de casas contuviera alguna pesa que se
supone de telar (entre una y cuatro) (fig. 7.15) parece indicar que se trataba
de una actividad doméstica. La materia prima debía de ser la lana, según se
desprende de la abundancia de ovicápridos, y también probablemente el lino,
representado, aunque en muy pequeña proporción (0,1% de los restos), entre el
material paleocarpológico.
El predominio de la cabra
entre los ovicápridos permite pensar también en una producción láctea
importante, que probablemente debía de alimentar una actividad de transformación
de una cierta entidad, aunque los indicios arqueológicos en este sentido se
reducen a un solo vaso con el fondo perforado, que habría podido servir para la
elaboración de queso (fig. 5.158.-7). Ahora bien, es perfectamente posible que
este tipo de actividad se desarrollara a menudo fuera del asentamiento, allí
donde en cada momento se hallaran los rebaños.
Probablemente se
desarrollaba también en el seno de esta pequeña comunidad la producción de
cerámicas, pero los trabajos de excavación no han proporcionado ningún indicio
de ello, posiblemente porque los hornos estaban situados a una cierta distancia
del hábitat.
De todas formas, existe, como en el período
anterior, una pequeña proporción de piezas elaboradas con desgrasantes micáceos,
que muy probablemente no han sido fabricadas en la zona, y lo mismo puede
decirse de los numerosos molinos hallados, casi todos fabricados con roca
granítica, que podría proceder –pero no hay constancia de ello– de la zona
próxima de Falset. Es posible suponer también un origen no estrictamente local
para los objetos metálicos.
En cuanto a la actividad
comercial a larga distancia, está bien demostrada por la existencia en los
niveles de este período de numerosas cerámicas a torno (fig. 7.8), generalmente
de tipo fenicio en cuanto a la forma (sobre todo pithoi, pero también ánforas,
una oinochoe, platos, thymiateria, etc.) y, más raramente, de inspiración griega
(copa, tapadera de lekanís). Es preciso destacar que la gran mayoría de estas
cerámicas no es ya originaria de la zona del Estrecho de Gibraltar, sino de
otros centros de fabricación todavía no identificados y probablemente bastante
diversificados, que posiblemente deben situarse en la zona sudoriental de la
Península Ibérica, entre Granada y Murcia.
En definitiva, pues,
durante este Período 2 el grupo humano instalado en Barranc de Gàfols parece ser
ya plenamente sedentario, sin que esto signifique que el número total de
habitantes experimentara un crecimiento significativo. Posiblemente cabe pensar
en un sistema agrícola de barbecho sectorial, con las tierras de cultivo
divididas en diferentes sectores (posiblemente tres o cuatro) que se debían de
cultivar alternativamente. Unas ocho o nueve hectáreas serían suficientes para
alimentar a la población del asentamiento, lo que supone una extensión total de
tierras de cultivo en torno a las 25-30 ha., de la que sólo un tercio se
hallaría en cada momento en explotación (fig. 8.4).
El proceso de
sedentarización documentado en Barranc de Gàfols no es, lógicamente, un proceso
aislado, sino que se enmarca dentro de una tendencia general que se documenta
desde finales del siglo VII a.C. en las áreas prelitorales y litorales de
Cataluña. Este fenómeno es particularmente visible en las comarcas del Ebro, con
yacimientos como la Moleta del Remei, la Ferradura, Aldovesta, Coll del Moro de
Serra d’Almos, el Calvari del Molar o el Puig Roig del Roget, pero también se ha
documentado recientemente en El Catllar (Tarragonès) (Molera et alii, 1999) y en
Sant Martí d’Empúries (Aquilué et alii, 1998). Por otra parte, la presencia de
cerámicas fenicias en yacimientos de la costa del Barcelonès, el Maresme y la
Selva (Penya del Moro, Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet, Castell Ruf,
Cadira del Bisbe, Montbarbat) permiten pensar también en la existencia de
núcleos similares en esta zona, aunque, de momento, no se conocen estructuras
constructivas que permitan evaluar las características de los asentamientos
mencionados antes de la segunda mitad del siglo VI a.C.
Llegados a este
punto, la pregunta que es preciso formular es por qué se produjo este proceso de
sedentarización. Efectivamente, un sistema sedentario de este tipo no
proporciona verdaderas ventajas a menos que se produzca un incremento
considerable de la población, fenómeno que en el caso que nos ocupa no parece
haberse producido. Por el contrario, una población sedentaria puede necesitar
una inversión de trabajo superior para obtener una producción similar, debido a
la pérdida de fertilidad de los suelos. Ahora bien, si esto es así, ¿qué puede
haber llevado a esta población a cambiar su modo de vida tradicional? El
contacto colonial puede haber provocado este resultado en otros lugares, como
muestran, entre otros, el caso de Aldovesta –control del paso del río y
redistribución interior de los productos fenicios–, La Ferradura y Coll del Moro
de Serra d’Almos (control del territorio y las comunicaciones) o de los núcleos
situados en el valle del Siurana (producción metalúrgica destinada al
intercambio por productos fenicios), ya mencionados más arriba. Ahora bien, por
sí solo no puede explicar el proceso de cambio en esta zona de la hoya de Móra,
carente de recursos como los que acabamos de mencionar y donde los intercambios
con el mundo fenicio se habían iniciado probablemente ya un siglo antes y habían
sido mantenidos sin problemas por el antiguo sistema de agricultura itinerante.
Una hipótesis verosímil viene sugerida por la abundancia en el yacimiento de
vitis sp. Si se admite efectivamente que se trata de viña cultivada –extremo que
no se puede asegurar–, es evidente que ello implicaría un hábitat sedentario, ya
que la viña no es productiva hasta tres o cuatro años después de ser plantada,
lo que inevitablemente tendería a fijar a la población en proximidad a estos
cultivos. En cualquier caso, los trabajos de excavación no han mostrado ninguna
estructura que se pueda identificar con una instalación de
prensado.
5. La organización social del grupo
La existencia durante el Período 2 de hogares centrales de un tipo elaborado y uniforme en los cinco recintos que componen el bloque constructivo A (a los que probablemente cabe añadir el recinto IX, tal vez el XIX y otra posible habitación de características similares al este de la cisterna –recinto XVIII, fig. 4.1–) permite definir otros tantos espacios habilitados para el reposo, la cocina y el consumo de alimentos (todos los recintos del bloque constructivo A contienen por lo menos una pieza de vajilla de superficie bruñida), así como el almacenaje (en un piso superior) y algunas actividades de transformación (tejido, molienda). Por el contrario, el resto de espacios cubiertos parece más bien relacionado de forma exclusiva con la producción y el almacenaje. Se puede suponer –pero no demostrar– que cada uno de estos recintos dotados de hogar (seis o siete en total) era utilizado como residencia de una familia nuclear. Ahora bien, es preciso señalar que, más allá de las características comunes que se han enumerado, estos espacios tienen también a menudo un cierto carácter especializado. Así, los recintos I, II y IV han proporcionado elementos relacionables con prácticas cultuales; el mismo recinto I contenía el único horno culinario del asentamiento (probablemente destinado a la elaboración de pan), mientras que el recinto II ha dado la gran mayoría de vasos bruñidos, para los que se puede suponer una función de vajilla (seis de las diez piezas documentadas en el bloque constructivo A). En cambio, el recinto IV contenía un número superior al habitual de elementos relacionados con la molienda de cereales. En definitiva, parece que estos espacios, además de tener un carácter residencial a escala familiar, son también áreas funcionalmente especializadas, utilizables y probablemente utilizadas por el conjunto del grupo humano establecido en el asentamiento. Así, la frontera entre espacio “privado” (entendiendo la palabra como “propio de la unidad familiar nuclear”) y espacio “comunitario” se desdibuja hasta prácticamente desaparecer y el conjunto del asentamiento aparece como una sola y única gran casa. Es lógico suponer, por consiguiente, que el lugar era ocupado por una familia extensa, y que los distintos recintos constituían áreas separadas a nivel de familia nuclear para el reposo, ciertas actividades de transformación (tejido y molienda, sobre todo de bellotas) y, posiblemente, también para la cocina. El hecho de que los dos recintos domésticos más antiguos (I y II) sean a la vez los únicos que estaban dotados de decoración pintada en las paredes, que contengan el único horno culinario del asentamiento, así como el mayor número de piezas de vajilla y la mayor parte de elementos de carácter ritual lleva a pensar que eran las residencias de la primera generación de la familia extensa y que durante toda la vida del asentamiento en este Período 2 continuaron siendo los espacios ocupados por los hombres de más edad y el lugar donde se desarrollaban determinadas ceremonias religiosas y el consumo comunitario de determinados alimentos, particularmente de los líquidos que se bebían con la vajilla bruñida (concentrada esencialmente en el recinto II) y que probablemente se servían con la oinochoe a torno hallada en el recinto I. Probablemente era también el lugar de reunión donde se tomaban las decisiones importantes sobre la vida del grupo.
6. El sistema cultural de Barranc de Gàfols
Las
características descritas en las páginas anteriores corresponden con toda
evidencia a una sociedad tribal. En este sentido, es preciso destacar la escasa
magnitud de los asentamientos (tal vez una o dos casas ocupadas simultáneamente
durante el Período 1, seis o siete en Barranc de Gàfols durante el Período 2),
la debilidad demográfica evidente, por lo menos en la hoya de Móra, la ausencia
de jerarquización del hábitat, la falta de especialización y de indicios claros
de diferencias sociales, tanto por el tamaño y estructura de los hábitats como
por la naturaleza y/o cantidad de los materiales muebles que
contienen.
La documentación disponible para el Período 2, mucho
más precisa, permite reconocer en Barranc de Gàfols la sede de un linaje
compuesto por unas seis o siete familias, que eran, sin duda, a partir de la
división del trabajo por sexo y edad, la entidad fundamental de producción,
tanto de los bienes de subsistencia como –según muestra claramente la
documentación arqueológica– de la mayor parte de los productos transformados. La
producción, en definitiva, se debía de organizar de acuerdo con las demandas del
grupo familiar y en función de las necesidades del hogar, lo que, evidentemente,
no debe confundirse con una supuesta autarquía, ni de éste ni del linaje en su
conjunto. Como ha señalado M. D. Sahlins, “los grupos domésticos no son
autárquicos, aunque frecuentemente producen la mayor parte de las cosas que
consumen” (Sahlins, 1972, 120). Por tanto, no se trata únicamente de producción
para el uso o para el consumo directo, sino también para sostener el
intercambio, de manera que se pueda adquirir aquello que se necesita.
Precisamente, lo que regula la producción es la necesidad, no el
beneficio.
Otro aspecto que conviene añadir a las
consideraciones anteriores se refiere a la organización del trabajo. En efecto,
hablar de grupo de producción doméstico no equivale a decir que las familias
constituyan grupos de trabajo plenamente autónomos; al contrario, la cooperación
entre los miembros del linaje, por encima del círculo estrictamente familiar, es
imprescindible para las comunidades tribales como la que analizamos. En Barranc
de Gàfols muchas de labores tenían que ser abordadas de forma colectiva: el modo
de producción familiar implicaba solamente que eran organizadas por y para la
familia.
Todo lo que hemos dicho es válido para el Período 2,
pero también parece claro que, en este momento de la primera mitad del siglo VI
a.C., la sociedad que estudiamos había iniciado un proceso de rápida evolución,
cuyo rasgo más característico es la plena sedentarización. Este proceso había de
conducirla rápidamente del sistema tribal segmentario a la formación de
caudillajes, que creemos debían de estar ya desarrollados en el período ibérico
antiguo (ca. 550-400 a.C.), momento en que el registro arqueológico comienza a
revelar la existencia de producciones especializadas de una cierta entidad
(particularmente en el campo de la metalurgia y de la cerámica), de
asentamientos de una cierta magnitud física y de potentes
fortificaciones.
7. Nota sobre el comercio colonial
Un aspecto
importante de la documentación obtenida en Barranc de Gàfols atañe a la
evolución del comercio colonial en el curso del siglo VI a.C. Efectivamente, los
materiales de importación recuperados en los niveles del Período 2 han permitido
comprobar la tantas veces comentada crisis del comercio fenicio en la costa
ibérica desde principios de dicho siglo (Arteaga, Padró, Sanmartí-Grego, 1978),
ya que en los mismos los elementos de producción fenicia procedentes del círculo
del Estrecho de Gibraltar son extraordinariamente escasos (1% de los fragmentos
de cerámica a torno) y probablemente tienen a menudo un carácter residual. Se
puede decir, por tanto, que, cuando el poblado fue abandonado, muy posiblemente
hacia 570-560 a.C., los productos fenicios que desde hacía más de un siglo
llegaban a la zona estaban totalmente o casi totalmente ausentes. Dichos
elementos habían sido substituidos por otras cerámicas, de tipo formalmente
fenicio –aunque también se documentan algunas formas griegas– que, según el
análisis visual realizado con binocular, contienen abundantes partículas de
materiales metamórficos cuya procedencia se podría situar hipotéticamente en la
zona del sudeste de la Península Ibérica comprendida entre Granada y Murcia. Dos
observaciones son importantes en relación con estos
materiales:
- Su número es importante (13% de los fragmentos, 9%
de los individuos en cálculo no ponderado, 14% de los individuos en cálculo
ponderado por uno), en claro contraste con los niveles del Período 1, en los que
el material de importación es muy escaso (3%, 1% y 6%
respectivamente).
- La gran diversidad de formas muestra que se trata
de un comercio de naturaleza distinta al que se había dado hasta principios del
siglo VI a.C., claramente dominado por el tráfico de
ánforas.
Cabe añadir a todo lo dicho que el yacimiento no ha
dado ni un solo fragmento de cerámica griega ni etrusca.
Todo lo dicho
permite probablemente definir un período y una facies concreta de importaciones
que se pueden situar probablemente entre 590 a.C. y 560 a.C. y que se
diferencian claramente tanto del período anterior, dominado de forma casi
exclusiva por las importaciones anfóricas del área del estrecho de Gibraltar,
como del período siguiente, que se caracteriza por la diversidad de los
elementos importados y la pluralidad de las zonas de procedencia, con un
importante componente de cerámicas griegas (sobre todo copas “jonias” y ánfora
de Massalia).
8. Conclusions
8.1. Cronologia i evolució estructural del jacimentAdscripció cultural
Els materials
datables més antics recuperats al jaciment són el ganivet i la punta de sageta
de sílex procedents respectivament de la UE 525 (fig. 5.222) i del nivell
superficial (fig. 5.238), a més d’un cert nombre d’ascles i restes de talla de
sílex, trobats sempre a l’estrat superficial (fig. 5.237). Els objectes
esmentats són encara corrents durant el bronze antic i poden perdurar en el
bronze mitjà i les primeres etapes del bronze final, la qual cosa demostra que
el lloc era ja ocupat o feqüentat durant el II mil·lenni aC, si no abans. Cap
d’aquestes peces no es pot associar amb estructures constructives, de manera que
la natura d’aquesta primera ocupació roman incerta. Aquesta primera etapa
d’ocupació o freqüentació del jaciment ha estat denominada Període
0.
Hi ha també indicis clars d’ocupació humana del lloc en els segles X-IX
aC. Es tracta, concretament, de diversos petits fragments de vora exvasada
convexa i llavi bisellat vers l’interior (fig. 5.197.-6, 9, 13 i 17; fig.
5.198.-2 i 4; fig. 5.231.-9) pertanyents a vasos brunyits, a més d’altres bocins
amb decoració d’acanalats complexos o clotets (fig. 5.199.5; fig. 5.201.-4) i
d’una base amb acanalats concèntrics a l’exterior (fig. 5.200.-7), elements
ornamentals que són propis de la fase antiga de Camps d’Urnes, o Període I de
Vilaseca, i que han estat ben documentats al jaciment veí del Barranc de Sant
Antoni (Asensio et alii 1994/1996 figs. 7 i 8). Aquests elements han estat
trobats quasi sempre en nivells formats amb posterioritat a la seva amortització
i, per tant, no permeten datar estructures constructives, amb la sola excepció
del recinte 05 (fig. 5.192), situat sota el carrer b i el recinte I, i que cal
considerar com l’estructura habitacional datable més antiga descoberta al
jaciment. Amb tot, les primeres restes estructurals per a les quals es pot
proposar una datació relativament precisa són diferents cases que han donat
conjunts de ceràmica a mà atribuïbles al Període III de Vilaseca, en què
l’element més característic són les peces de superfície brunyida decorades amb
solcs acanalats horitzontals al coll (fig. 5.204), que tenen paral·lels clars a
la fase IB de la necròpoli del Calvari (El Molar) i a la fase II de la necròpoli
de La Tosseta (Guiamets). Aquests nivells, per als quals hem proposat una
datació de segle VIII aC i primera meitat del segle VII aC, han donat també
ocasionalment algun fragment de ceràmica fenícia procedent del Cercle de
l’Estret de Gibraltar. Aquest «fòssil director» permet datar amb relativa
seguretat dins d’aquest moment els recintes 01-02, 03, 04, 06 i 08. Altres
habitacions (recinte 07 i restes d’ocupacions anteriors documentades sota el
bloc constructiu A i sota el recinte VII) que no han donat materials datables
podrien datar-se també dins d’aquest arc cronològic, però res no impedeix pensar
que puguin ser anteriors, és a dir, de la fase antiga dels Camps d’Urnes (o,
fins i tot, encara més antigues). Hem denominat Període 1 aquesta ocupació que
s’inicia ja en el segle X-IX aC i perdura fins la segona meitat del segle VII
aC. La datació radiocarbònica d’un carbó procedent de l'UE 280
(Beta-98213) no desdiu d’aquesta cronologia, ja que dóna una datació calibrada
de 1015 a 815 BC (mètode A) i 938-841 BC (mètode B) (veg. annex
6).
Com s’ha indicat anteriorment, aquestes
construccions semblen ser sempre (amb l’única possible excepció dels recintes
01–02) cases formades per una sola habitació aïllada, sens dubte del mateix
tipus que s’ha pogut documentar, en molt bones condicions de conservació, al
jaciment del Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii 1994-1996). A Barranc de
Gàfols l’única estructura d’aquest tipus que ha arribat en relatiu bon estat és
el recinte 08. Les altres han estat molt malmeses per la contínua reocupació del
lloc al llarg dels segles i especialment –però ni molt menys exclusivament– per
les construccions de l’última fase d’ocupació del jaciment, en la primera meitat
del segle VI aC. De fet, fa la impressió que abans del segle VI aC el lloc no va
ser mai habitat de forma permanent, sinó que a cada moment d’ocupació seguia un
temps d’abandonament, després del qual es tornava a construir, ignorant
generalment la ubicació de les estructures més antigues, que sovint van resultar
destruïdes per l’excavació de la base de les noves cases, encara que algun
d’aquests habitacles sembla haver estat reocupat en almenys una ocasió. En
aquestes condicions, és evidentment molt arriscat intentar avaluar el nombre de
cases construïdes durant aquest Període 1 (i encara més el nombre d’ocupacions),
però no està de més plantejar la qüestió a tall d’hipòtesi. Efectivament, per al
període comprès entre finals del segle VIII aC i els darrers anys de la centúria
següent comptem amb restes ben documentades de sis cases, a les quals sens dubte
caldria afegir un mínim de tres més que haurien existit a l’emplaçament dels
recintes III-V del bloc constructiu A de l’últim moment d’ocupació, segons
mostren diversos indicis documentats en aquesta zona. En total, doncs, es podria
pensar en un mínim de nou cases per a un període d’un centenar d’anys. Admetent
–però no és més que una hipòtesi– que hi hagués una mitjana de dues cases
habitades simultàniament en cada moment d’ocupació, això representaria que cada
cicle d’ocupació-abandonament hauria durat uns 30-35 anys.
En un moment
que segurament cal situar vers la fi del segle VII aC s’inicia la construcció
del bloc constructiu A, amb l’erecció dels recintes I-II, als que s’afegiran,
probablement no molt després, els recintes II-V. La data de construcció dels
recintes VI-XII i XIV no es pot determinar, però és segur que van funcionar
contemporàniament amb el bloc constructiu A i que tot aquest conjunt va quedar
destruït per un violent incendi en un data que possiblement cal situar entorn de
570/560 aC. Dues datacions radiocarbòniques realitzades en restes procedents del
recinte IV (una gla de la UE 44) i del farciment de la cisterna (UE 433)
(Beta-98211: 817-752 BC, 58,7% i 695-544 BC, 41,3%; Beta-98212: 888-871
BC, 1,3% i 850-518 BC, 98, 3%, sempre amb mètode B) (veg. annex 6) no desdiuen
de la cronologia proposada a partir dels materials mobles, que, tanmateix,
resulta ser molt més precisa. Aquesta nova etapa de la vida del jaciment ha
estat denominada Període 2.
L’estructura del jaciment
és ara molt diferent de la que havia tingut durant el Període 1, ja que ara es
documenta l’ocupació simultània de fins a una dotzena de recintes, així com una
estructura física que es pot qualificar de «protourbana», en el sentit que es
dóna un ús controlat de l’espai, amb vies de pas ben delimitades que separen
diferents blocs constructius formats per diversos recintes adossats. Tot això,
així com la presència de decoracions pintades a les parets dels recintes I-II,
l’abundància de grans envasos ceràmics d’emmagatzematge i la utilització de
grans molins granítics no transportables (tipus A) fa evident que el grup humà
que ocupava l’assentament durant el primer terç del segle VI aC havia modificat
radicalment les formes de vida practicades pels seus avantpassats i havia
adquirit un caràcter ja plenament sedentari. És també un indici important, en
aquest sentit, la presència immediatament a l’est del bloc constructiu A d’una
gran estructura excavada a la roca calcària, probablement amb funció de
cisterna, la realització de la qual devia suposar un esforç molt considerable i,
conseqüentment, ha de ser entesa com una inversió de futur que no s’explicaria
en un sistema no sedentari. La grandària d’aquest grup humà pot ser determinada
amb una certa precisió, tenint en compte que dels dotze recintes ocupats durant
aquest període, només tenen llar de foc i es poden considerar com a autèntiques
cases els cinc que conformen el bloc constructiu A i el recinte IX, als quals
tal vegada es podria afegir el recinte VI. Això faria pensar en un grup compost
per unes trenta a trenta-cinc persones.
Amb posterioritat a la fi
del Període 2, el lloc va romandre deshabitat, però no abandonat. Efectivament,
els nivells superficials han lliurat un petit nombre de fragments de ceràmica
ibèrica, campaniana A, Terra Sigillata Hispànica, Terra Sigillata Clara, àmfora
baiximperial (fig. 5.234.-1-6) i diverses produccions medievals i postmedievals
–incloent un fragment de vora amb decoració verd manganès (fig. 5.234.-10)–, que
mostren que el lloc ha estat freqüentat fins a l’actualitat de forma segurament
ininterrompuda, sens dubte amb finalitat d’explotació
agrícola.
Pel que fa a l’adscripció cultural de l’assentament,
els elements de cultura material moble documentats en el Període 1 es
corresponen amb tota evidència amb els que són característics del bronze final
de la zona, ben tipificats a partir, sobretot, dels treballs de S. Vilaseca
(1953; 1973; Vilaseca, Solé, Mañé, 1963) i, posteriorment, de G. Ruiz Zapatero
(1985). Es tracta, doncs, d’elements propis de l’anomenada «Cultura dels Camps
d’Urnes». Ara bé, la continuïtat d’ocupació durant aquest període d’un indret
que ja havia estat freqüentat probablement des del bronze mitjà, si no abans
–fet que, per una altra part, es comprova també en altres jaciments pròxims–,
sembla indicar la persistència sense ruptura de formes de vida probablement molt
similars. En aquest sentit, almenys, l’adopció progressiva durant el bronze
final dels elements de cultura material propis dels Camps d’Urnes no sembla
haver suposat un canvi important.
Quant al Període 2, hi
ha, com s’ha vist, canvis importants en diferents aspectes de la cultura
material, que fins i tot fan pensar en unes formes de vida força diferents de
les dels períodes anteriors. Amb tot, els elements de continuïtat són també
força evidents, començant per la pròpia ubicació del jaciment en un indret
ocupat des de feia segles. Igualment, el tipus de casa semiexcavada i de forma
rectangular allargada deriva clarament dels habitacles del bronze final
documentades al propi jaciment i en el ja citat assentament del Barranc de Sant
Antoni, tot i que les tècniques constructives experimenten una evolució
considerable, probablement en funció de la necessitat de construir cases dotades
d’un pis utilitzable com a magatzem. Així mateix, les formes ceràmiques
documentades i les tècniques utilitzades en la seva fabricació deriven clarament
de les que són pròpies del Període 1. En canvi, tot el material ceràmic a torn
documentat al jaciment sembla, a jutjar per l’estudi de les pastes amb
binocular, d’origen exòtic. En definitiva, l’ambient cultural del jaciment de
Barranc de Gàfols en el Període 2 és encara clarament preibèric i característic
de l’etapa final de la cultura dels Camps d’Urnes de la
zona.
8.2. Anàlisi funcional de l’assentament
Les restes de materials mobles i d’elements constructius susceptibles de proporcionar informació sobre aspectes diversos del funcionament de l’assentament són particularment abundants en els nivells del Període 2 i permeten conèixer de forma bastant precisa la forma de vida dels habitants del nucli de Barranc de Gàfols durant el primer terç del segle VI aC. En canvi, la documentació proporcionada en aquest sentit pels nivells corresponents al Període 1 és molt escadussera, la qual cosa és deguda tant a la destrucció d’una bona part d’aquestes sedimentacions com, molt particularment, al fet que–amb la possible excepció del recinte 03– els habitacles semblen haver estat abandonats de forma pacífica i enduent-se la totalitat dels objectes que podien ser d’utilitat. Així, per exemple, el recinte 08, la sedimentació interna del qual estava pràcticament intacta, només ha lliurat materials ceràmics molt fragmentats (fig. 5.219), sense elements que permetin reconèixer clarament les activitats que s’hi realitzaven.
8.2.1. El Període 2
8.2.1.1. L’assentament com a lloc de treball i emmagatzematge
Les activitats
de treball més ben documentades dins l’assentament són el teixit, la mòlta i la
cuina. Tots els recintes domèstics que eren ocupats durant el Període 2 han
donat testimonis d’almenys una d’aquestes activitats, i sovint de totes elles.
En efecte, la presència de pesos de teler ha estat documentada en els recintes
I-IV i VI, la de molins en els recintes I-V, VIII, XI i XVII, i les llars de foc
en els recintes I-V, VII i IX. A més, el recinte I també contenia un forn
culinari. L’assentament és, doncs, tant un lloc de treball com un nucli
residencial. A tot això cal afegir encara la preparació de colorants o
conservants i, possiblement, de productes medicinals, concretament en el recinte
VIII.
La distribució dels pondera sembla indicar que el
teixit era una activitat desenvolupada en el marc de cada família nuclear, ja
que, si no fos així, s’esperaria haver trobat la totalitat o la major part dels
pesos de teler agrupats en un sol recinte, tal com sovint s’esdevé en els
assentaments de la segona edat del ferro. El fet que el nombre de peces trobades
a cada habitació sigui reduït (quatre al recinte I, un al recinte II, quatre al
recinte III, tres al recinte IV i un al recinte V), a vegades només una, no
s’oposa necessàriament a aquesta idea, ja que els telers de la primera edat del
ferro semblen haver funcionat sovint amb un nombre petit de pondera. Així, a
Aldovesta s’en va recuperar un únic exemplar, trobat en l’únic recinte de
caràcter domèstic del jaciment (recinte C) (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991,
làm. 30, nº 7); al Coll del Moro el nombre es redueix a quatre (Vilaseca, 1953,
làm. XI, a dalt i làm. XIII, a dalt a l’esquerra) i al Puig Roig del Roget només
s’han recuperat quatre peces en el conjunt de l’assentament (Genera, 1995, 55).
Aquesta situació es documenta també en altres àmbits culturals i geogràfics molt
diferents, com ara la Creta del bronze antic (Warren, 1972, 220) i mostra que el
giny utilitzat probablement no era el teler vertical de peses –a menys que fos
molt petit–, sinó que probablement es tractava de telers horitzontals de
reixeta, potser dotats d’un lliç, o bé de telers verticals del tipus de
cistelleria de salts (fig. 7.16). De tota manera, la presència en determinats
assentaments contemporanis de Barranc de Gàfols –com ara Sant Jaume-Mas d’en
Serra (Gracia, Garcia, Munilla, en premsa) o Tossal Montañés (Moret, Gorgues,
Lavialle, en premsa) d’un nombre important de pondera agrupats en un mateix
recinte mostra que en aquest moment ja s’havia iniciat la difusió dels telers
verticals de peses.
També la mòlta sembla haver-se desenvolupat en el
marc de les famílies nuclears, ja que tots els recintes dotats d’una llar de foc
i que, conseqüentment, han estat considerats com a cases, contenien almenys una
pedra de molí. Amb tot, la concentració de determinats tipus de molí en certs
recintes permet suposar també una certa especialització d’aquest treball. En
efecte, en els recintes IV i VIII es concentren la totalitat i la gran majoria
respectivament dels tipus A1 i A3, que són els instruments de mòlta de més grans
dimensions i que semblen haver estat destinats al processat de cereals (amb
exclusió de les glans). El tipus A2, en canvi, emprat per als dos productes
esmentats, es documenta en tots els recintes, i pràcticament es pot dir el
mateix del tipus A4, absent únicament en els recintes II i V i utilitzat també
per a glans i per a cereals. En definitiva, sembla que els instruments
especialitzats de forma exclusiva per a la mòlta del gra es documenten únicament
en tres àmbits domèstics (I i, sobretot, IV i VIII), mentre que els molins
polivalents són presents a totes les cases. La interpretació d’aquestes dades no
és fàcil, però, en tot cas, sembla evident l’existència d’una certa concentració
d’instruments especialitzats en la mòlta de cereals, sobretot als recintes IV i
VIII, possiblement destinats a l’obtenció de farina o sèmola de cereal a gran
escala en certs moments de l’any, particularment després de la collita, mentre
que a totes les cases es devien processar les glans i, ocasionalment, els
cereals. Ens trobaríem, doncs, davant d’un principi d’especia-lització dels
processos de mòlta.
Per una altra part, és possible que els recintes X,
XI i XII, que no tenien paviment ni (amb seguretat el primer; probablement
tampoc els altres dos) llar de foc, haguessin servit per l’allotjament d’animals
domèstics. Aquesta possibilitat sembla particularment plausible en el cas del
recinte X, que és de forma diferent (més curt i ample) que els recintes
clarament domèstics i, a més, té un accés en rampa descendent que semblaria
particularment indicat per a aquesta funció. Quant als recintes XI i XII, la
seva forma i dimensions (però no els agençaments interns) es corresponen amb els
de les cases normals. És possible que es tracti de cases desafectades i
reutilitzades per guardar-hi animals, pinso, llenya, palla, matèries primeres
transformables o instrumental divers. Quant al recinte XIV, tan peculiar, és
plausible suposar que es tractés d’un paller, funció que tampoc es pot excloure
en el cas de la resta de construccions que acabem d’esmentar. És possible,
finalment, que algunes restes estructurals molt malmeses, situades al sud dels
recintes V i IX-XIV es puguin relacionar també amb corrals, estables o simples
coberts polifuncionals. En tot cas, sembla molt probable que dels dotze (o
tretze, si es compta una possible habitació a l’est de la cisterna) recintes
coberts existents durant el Període 2, almenys quatre (recintes X-XII i XIV), és
a dir, un 30%, fossin utilitzats com a estables, pallers, magatzems de pinso,
llenya, forratge o altres matèries primeres, possiblement també utillatge
agrícola, etc. Per una altra part, i atesa la manca de llars de foc del tipus
habitual en els habitacles, és probable que els recintes VI-VII-VIII fossin
també àrees de treball i emmagatzematge, la qual cosa significaria que
pràcticament la meitat dels recintes coberts eren de fet instruments
relacio-nats amb la producció, i probablement no amb les funcions residencials
pròpiament dites. Si s’avalua des d’aquest punt de vista funcional la superfície
coberta útil, les àrees residencials (recintes I-V i IX) ocuparien uns 126 m2
(=61,6% del total de superfície útil coberta), mentre que la resta de recintes
s’estenen sobre 78,4 m2 (=38,4%) aproximadament (supo-sant una superfície de
útil de 20 m2 per als recintes XI i XII), però cal tenir present que moltes
d’aquestes construccions tenien a més un pis superior destinat a
l’emmagatzematge.
A més del que s’ha dit, és probable que altres
activitats poc o gens testimoniades en el registre arqueològic de l’assentament,
com ara la preparació de derivats de la llet o de begudes fermentades a base de
cereals –l’existència de les quals és ben testimoniada des de principi del
bronze final com a mínim (Juan, en premsa)–, es practiquessin també amb
proximitat immediata a les cases, possiblement a l’oest d’aquestes. Aquest
podria haver estat també un lloc indicat per a l’activitat metal·lúrgica i
terrissaire. Amb l’objecte de verificar aquestes possibilitats es va excavar
pràcticament tot el sector comprès entre els recintes V-XIV-X i els límits
meridional i occidental de la plataforma, però no s’hi va poder documentar cap
tipus d’activitat precisa (la qual cosa no significa necessàriament que no s’hi
practiqués), malgrat la presència d’alguns forats i petites capes de cendra no
interpretables.
Pel que fa a l’emmagatzematge d’aliments, la
presència de grans envasos ceràmics destinats a aquesta funció ha estat ben
documentada en tots els recintes del bloc constructiu A (I-V), en els recintes
VI-VIII i, menys clarament, en els recintes XI-XII. És a dir, que la totalitat o
la gran majoria de les cases i espais de treball coberts utilitzats durant el
període més avançat d’ocupació eren a la vegada magatzems. A jutjar per la
posició estratigràfica en què han estat trobats aquests elements, resulta
evident que la seva posició original era en un nivell superior: altell, pis
superior o terrat (fig. 6.16-17) La utilització de pisos superiors per a
l’emmagatzematge és ben documentada etnogràficament, si més no en els mesos
freds (Horne, 1994, 100; Louis, 1979; Triantafyllidou-Baladié, 1979, 15; Shinde,
1991). Quant al volum d’aquestes reserves, és difícil avaluar-lo amb precisió,
donat que la gran majoria de vasos es conserva únicament de forma fragmentària i
que, a més, no es pot tenir en cap cas la seguretat d’haver-los trobat tots. En
tot cas, els envasos recuperats al recinte I haurien pogut contenir un mínim
d’uns 1000 litres de gra, la qual cosa es correspon bastant bé amb el consum
familiar anual, i es pot suposar que aquesta xifra és vàlida també per a la
resta de recintes, particularment els del bloc constructiu A. Es tractaria per
tant de reserves domèstiques a escala familiar. No es pot excloure que també
existissin altres reserves ubicades en altres llocs, utilitzant sitges o altres
sistemes d’emmagatzematge, però no se n’ha trobat cap evidència en tota la zona
excavada.
8.2.1.2. L’assentament com a lloc de refugi
Com indica L.
Horne, la noció de refugi es pot definir com aquelles condicions que garanteixen
no solament la supervivència biològica, sinó també unes condicions de treball
apropiades, el manteniment de la salut i un ambient general tolerable, a la
vegada que un nivell de confort personal acceptable (Horne, 1994, 96-97). Això
significa, primerament, la necessitat de mantenir unes temperatures confortables
–la qual cosa presenta certes dificultats en una zona amb oscil·lacions
tèrmiques considerables entre l’estiu i l’hivern– i també la de protegir-se de
l’acció dels vents, particularment del cerç, que bufa del nordoest i és fred i
violent.
En relació al confort tèrmic, la pròpia utilització
de la terra com a material constructiu és ja un avantatge important, ateses les
seves qualitats aïllants (Bardou, Arzoumanian, 1979, 32; CRATerre, 1995,
156-157). Aquest aïllament, a més, devia millorar per l’existència, que creiem
molt probable, d’un pis superior, i també per un adequat manteniment dels
revestiments de fang interiors i exteriors (Horne, 1994, 98). Així mateix, la
disposició de les cases compartint parets mitgeres es justifica per la
necessitat de reduir al màxim les pèrdues calòriques a través dels murs que
donen a l’exterior, per la qual cosa les habitacions han de presentar la menor
superfície externa possible amb el màxim espai intern (Taylor, 1984, 26). El
caràcter par-cialment subterrani de molts dels recintes, seguint una tradició
ben documentada a la zona, també permet aprofitar i conservar millor l’escalfor
durant els mesos freds. L’element bàsic de calefacció eren, evidentment, les
llars que s’han documentat en un gran nombre de recintes (particularment els del
bloc constructiu A, el recinte IX i, d’un tipus diferent, el recinte VII),
situades en general al centre de les habitacions. És possible que damunt
d’aquestes llars es fes foc, i això implicaria probablement l’existència
d’alguna obertura al sostre per facilitar la sortida de fums, la qual cosa, a la
vegada, faria impossible l’existència d’un pis superior complet (probablement es
tractaria, en aquest cas, de dos altells més o menys grans, amb un espai lliure
entremig, al centre de l’habitació). També és possible, però, que només s’hi
dipositessin brases, i que els focs pròpiament dits estiguessin situats a
l’exterior, la qual cosa podria explicar els indicis de combustió trobats en
algun punt del jaciment, sobretot al sud del recinte V. En tot cas, l’ús de
brases en focs situats a terra és ben testimoniat per paral·lels
etnogràfics (Horne, 1994, 143).
La ventilació,
particularment a l’estiu, es devia aconseguir a través de les portes, les
finestres i, en el cas que no existís un pis superior complet (és a dir, que es
tractés d’altells més o menys grans), amb obertures al sostre, amb la qual cosa
es devia assolir una bona circulació d’aire. En temps fred algunes d’aquestes
obertures es devien tapiar. De tota manera, és probable que en temps estival la
major part de les activitats, incloent el repòs nocturn, es desenvolupessin a
l’exterior, de manera que la preocupació principal devia ser la calefacció
durant els mesos freds.
La ubicació de les portes
rarament pot ser reconeguda, a causa de la desaparició d’una part de les parets,
i també possiblement pel fet que el llindar se situava damunt el sòcol de pedra.
De tota manera, es pot suposar que en el cas del bloc constructiu A
aquestes obertures estaven situades en el costat curt oriental, ja que aquesta
és la millor ubicació possible per aprofitar la llum i l’escalfor solars i, a
més, permet evitar el cerç, que bufa del nordoest. Cal dir, però, que
l’única porta clarament reconeixible, la del recinte IV, es troba precisament en
el costat occidental. Això, però, deu respondre al fet que en el costat oriental
d’aquest recinte es va adjuntar un annex (recinte XVII) que obliterava la porta
original; a més, l’existència del recinte IX a l’altra banda del carrer A feia
impossible la construcció de l’annex en aquest punt, a la vegada que
proporcionava una protecció dels vents dominants que permetia l’existència d’una
porta en el costat occidental del recinte IV. Quant al bloc constructiu B,
sembla fora de lloc pensar que les portes es trobaven en el costat nord,
actualment desaparegut, de manera que amb seguretat devien obrir al carrer B.
Cal indicar, de tota manera, que la porta del recinte X es trobava en el costat
occidental, la qual cosa confirma que mai no va ser un habitacle i suggereix que
podia, doncs, tractar-se d’un estable: en efecte, l’entrada dels animals hauria
estat molt difícil pels costats sud i est, atesa l’estretor dels carrers que
determina la presència dels recintes IX, XIV, VII i VIII, mentre que era còmoda
pel costat occidental.
8.2.1.3. L’assentament com a centre d’activitats cultuals
Les activitats
cultuals que es poden presumir a partir de la documentació material recuperada
es refereixen a dos aspectes diferents. Primerament, l’existència d’un possible
«sacrifici de fundació» realitzat en el moment de la construcció dels recintes
I-II. Es tracta, com s’ha indicat més amunt (apartat 5.1.1.1 i fig. 5.2), de la
troballa d’una escàpola completa de Bos taurus, posada plana sobre l’horitzó de
construcció (format a la vegada per les restes de l’enderroc d’una construcció
més antiga, el recinte 05), i sota una de les pedres que formen el mur
septentrional del recinte I (UE 25). Atesa la gran fragmentació de les restes
òssies procedents de consum i la posició en què ha estat trobada, no sembla
excessivament aventurat suposar que aquesta escàpola fou dipositada
intencionalment just abans de bastir el mur, amb una finalitat evidentment
ritual i vinculada a la protecció del propi edifici i dels seus
ocupants.
També cal dir que sota el paviment del recinte V es
va documentar l’existència d’una petita cavitat de forma ovalada (42 cm de
longitud) que contenia algunes restes d’ossos, molt escadusseres. La
possibilitat que fos un sacrifici de fundació no es pot excloure, però també
podria tractar-se de restes d’ocupació del Període 1.
Un altre indici
important de pràctiques rituals és la troballa d’objectes que se suposen
vinculats a aquestes. És el cas de les restes de thymiateria, documentades
precisament en els recintes I i II (fig. 5.11.-10 i 5.40.-3), i també –però es
tracta d’una peça ja amortitzada– al farciment de la cisterna (fig. 5.181.-4).
Precisament aquesta darrera tenia, segons han mostrat les anàlisis de residus,
restes de cera que semblen confirmar el seu caràcter ritual. És interessant
observar, en tot cas, que la presència d’aquests objectes dóna testimoni de la
penetració en els ambients indígenes de pràctiques rituals exògenes, la qual
cosa, tanmateix, no pot sorprendre si es té present el llarg contacte,
probablement de més d’un segle, que havien mantingut les poblacions de la zona
amb els comerciants fenicis. Un altre element al que es pot suposar un caràcter
ritual és el «capfoguer» del recinte IV (fig. 5.69 i 5.70), encara que no és
possible precisar-ne la significació d’una forma més acurada. La vinculació a la
llar que ha estat suggerida per G. Ruiz Zapatero (1985, 806-808) és perfectament
possible, però igualment difícil de demostrar; en tot cas, el fet que només se
n’hagi trobat un exemplar, quan hi havia almenys sis llars en funcionament en
altres tants recintes, no semblaria abonar aquesta idea.
Probablement no
és casual el fet que la major part de testimonis de pràctiques rituals hagin
aparegut precisament en els únics recintes (I-II) que han donat restes de
decoració pintada (que dissortadament no es pot reconstituir) i que, a més, són
els més antics de tot el bloc constructiu A i, probablement, d’aquest període
últim del jaciment (l’únic recinte amb funcions residencials que podria ser
anterior és el IX). Les activitats d’aquest gènere semblen doncs bàsicament
concentrades en aquests dos espais, els quals tanmateix no tenien un caràcter
especialitzat, com sigui que també s’hi desenvolupaven activitats domèstiques i
residencials diverses (cuina, mòlta, teixit, repòs).
8.2.2. El Període 1
Els recintes del Període 1 no han donat cap element relacionable amb l’activitat tèxtil, la qual cosa no significa evidentment que aquesta no existís. Es podrien haver utilitzat, en efecte, telers horitzontals de reixeta, sense pesos o bé emprant pedres per a aquesta funció; també podia tractar-se de telers verticals del tipus utilitzat per a la cistelleria de salts, amb pesos del mateix tipus o bé amb la barra inferior fixada al sol amb un sistema d’ancoratge (Morris, 1986, 252, fig. 82). En tot cas, i atesa la seva escassa sofisticació, devia tractar-se d'una activitat domèstica. Lògicament, també cal considerar com una activitat domèstica el treball de mòlta, tot i que només es pot datar d’aquest període un únic molí de petites dimensions. No és possible distingir, en canvi, l’existència de recintes funcionalment diferenciats, ni per la forma o peculiaritats constructives ni per la natura de l’instrumental trobat a l’interior. La presència de vasos d’emmagatzematge de grans dimensions ha estat documentada en el recinte 03 (fig. 5.205.-7-8), però el seu nombre és certament reduït, si més no en comparació amb el que es documenta durant el Període 2 (només un 3% dels individus de ceràmica a mà, per un 13% en el Període 2, als qual caldria afegir encara els nombrosos pithoi a torn existents en aquest moment). Aquest fet s’ha de relacionar amb la més que probable absència durant aquest període antic de pisos superiors a les cases que poguessin servir com a àrees d’emmagatzematge. En molts aspectes, però, les construccions del Període 1 de Barranc de Gàfols, igual que les que han estat excavades al jaciment veí de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996a), són similars a les de l’etapa més avançada, la qual cosa mostra clarament que aquestes darreres són una evolució de les tradicions constructives existents a la zona durant el bronze final. Efectivament, els habitacles del Període 1 són també sovint de planta rectangular allargada, semiexcavats en el sòl de base i proveïts de llars, generalment en posició central –o, almenys, no adjacents a les parets–, encaixades en els paviments i dotades a vegades de preparacions de fragments ceràmics. En canvi, no hi ha cap evidència de l’ús de tovots ni de forns ni de la resta d’equipament fix o semifix que durant el període més avançat s’elaborava amb terra. Això, de tota manera, no demostra que aquests elements no existissin, donat el mal estat de conservació d’aquestes construccions antigues i el fet que l’absència d’incendi no ha afavorit la preservació dels objectes de fang cru. En tot cas, al jaciment del Barranc de Sant Antoni s'ha documentat una banqueta quadrangular de pedra en un angle de l'habitació (Asensio et alii, 1994-1996a). Finalment, tampoc no s’han documentat elements relacionables amb pràctiques cultuals.
8.3. El sistema d’ocupació del territori i l’estructura econòmica
L’estructura econòmica dels grups humans establerts a la Foia de Móra va experimentar probablement una evolució considerable entre el Bronze final i la Primera Edat del Ferro, de manera que sembla indicat distingir almenys dos períodes, que es corresponen amb els que hem establert amb criteris formals: un Període 1, corresponent a la fase preurbanística del jaciment, sense cases adossades i amb ceràmiques fenícies de l’àrea del Cercle de l’estret de Gibraltar com a úniques importacions, i un Període 2, de caràcter protourbà, que es correspon amb l’últim moment d’ocupació del lloc i que es caracteritza per la presència de cases adossades, agrupades en blocs separats per carrerons, i per la presència d’un volum considerable de ceràmiques a torn procedents de llocs diferents que el Cercle de l’Estret de Gibraltar i que possiblement cal situar, en gran part almenys, a la zona sudoriental de la península ibèrica compresa entre Granada i Múrcia.
8.3.1. El període 1 (fig. 8.1
El fet que
durant el Període 1 es documenti una ocupació en cases no adossades, que sovint
se superposen o es retallen les unes a les altres, indica molt probablement que
el lloc va ser ocupat en repetides ocasions de manera temporal, impressió que
també es desprèn dels treballs realitzats als jaciments de Les Deveses i de
Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996a i 1994-1996b). En
definitiva, fa la impressió que els diferents jaciments del bronze final i
primer ferro documentats en els treballs de prospecció i excavació desenvolupats
a la zona probablement no devien ser estrictament contemporanis, sinó que són el
resultat d’una forma de vida encara no plenament sedentària, de manera que un
mateix grup humà els devia ocupar de forma alternativa. Tot i que les dades
paleoeconòmiques de què disposem per a aquest moment són molt limitades,
l’absència d’un hàbitat sedentari porta a pensar en un sistema agrícola
d’artiga, probablement amb deforestació per foc. Aquesta producció es
complementava sens dubte amb una important activitat de recol·lecció, sobretot
de glans (ben testimoniada en tot cas durant el Període 2 amb restes
paleocarpològiques abundants) i, sens dubte, amb la ramaderia, que també devia
tenir un paper molt important en l’estructura econòmica. Efectivament, l’estudi
arqueozoològic del Període 1 de Barranc de Gàfols ha permès demostrar el
predomini absolut de les espècies domèstiques (96% de les restes), amb un clar
predomini dels ovicaprins (74%), seguits dels suïds (16%) i dels bòvids (10%).
La cacera (representada per escasses restes de conill i de cèrvol) sembla ja
doncs reduïda a una pràctica ocasional. Les escasses restes malacològiques
documentades tampoc permeten pensar en un aprofitament important dels recursos
fluvials d’aquest tipus si, doncs, no es consumien al jaciment. Tampoc hi ha el
més mínim indici de pesca.
Un sistema econòmic
d’aquest tipus és clarament compatible amb el nivell tecnològic de les
poblacions de finals de l’edat del bronze i inici de l’edat del ferro en aquesta
regió. Molt concretament, l’absència d’arada és un dels trets característics
d’aquest sistema agrícola (Sahlins, 1972, 52); igualment, l’absència de mitjans
d’emmagatzematge importants, particularment de sitges, així com el nombre
proporcionalment petit de grans vasos d’emmagatzematge (un 3% dels vasos de
ceràmica a mà, per un 13% en el Període 2), podria indicar també un paper més
aviat marginal de la producció cerealícola (Garcia, 1998). Per una altra part,
aquest sistema explicaria fàcilment les característiques del poblament de la
zona amb anterioritat al segle VI aC, particularment la gran dispersió dels
jaciments (Sahlins, 1972, 54), la petita superfície ocupada pels hàbitats
–indici clar de la debilitat demogràfica del sistema–, la reocupació periòdica
dels assentaments –clarament testimoniada a Barranc de Gàfols i a Barranc de
Sant Antoni–, el seu caràcter preurbanístic amb habitacles no agrupats i el
desenvolupament encara relativament pobre de l’arquitectura domèstica. No està
de més assenyalar, per una altra part, que un sistema similar es documenta
contemporàniament a les àrees costaneres de Catalunya, concretament al Penedès
(Mestres, Senabre, Socias, 1994-1995), al Vallès (Marcet, Petit, 1985; Bordas et
alii, 1994; Bóquer et alii, 1991) i a l’Empordà (Martín, Sanmartí-Grego, 1978).
En totes aquestes zones es comprova l’existència de petites agrupacions de fons
de cabana, sovint associades a altres estructures excavades destinades a
l’emmagatzematge, que apareixen disperses a les planes prelitorals. A les àrees
de muntanya es documenten contemporàniament assentaments de pastors, com ara La
Mussara (Rovira, Santacana, 1982b) o Olèrdola (Mestres, Senabre, Socias,
1994-1995), ocupats també de forma intermitent i caracteritzats per la presència
de tancats.
L’existència des de final del segle VIII aC o inici
de la centúria següent d’importacions amfòriques fenícies provinents de l’àrea
de l’Estret de Gibraltar no ha d’estranyar, ja que un sistema d’aquest tipus és
capaç de produir un volum considerable d’excedents sense un gran esforç
suplementari, sempre, naturalment, que l’extensió del territori explotable sigui
suficientment gran (Wolf, 1971, 36-38; Sahlins, 1972, 53). Per una altra part, i
malgrat que la seva importància econòmica havia de ser indubtablement molt gran,
el volum de les importacions sembla bastant modest: en efecte, la ceràmica
fenícia representa únicament el 2% dels fragments en els nivells del Període 1,
la qual cosa, atès que es tracta sempre de peces de grans dimensions, representa
un nombre molt petit d'individus; de fet, no s’ha trobat ni un sol fragment de
vora estratificat, i el càlcul d’individus amb ponderació per u –que
inevitablement suposa una sobrevaloració de les produccions més minoritàries– no
ultrapassa el 4% del total de vasos ceràmics. Tot i amb això, aquest comerç
exterior –que es devia fonamentar sobretot en l’exportació de metalls– fou
suficientment important per provocar en la segona meitat del segle VII aC
l’aparició d’assentaments amb funcions especialitzades de caràcter comercial,
com ara el d’Aldovesta (Benifallet, Baix Ebre), que té una estructura del tot
diferent de la resta de nuclis coneguts i que ha lliurat, a més d’un elevat
nombre d’àmfores fenícies (entorn d’un centenar de vores), evidències importants
relatives a la refundició d’objectes de bronze en forma de pans i varetes per
facilitar el transport del metall (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991). El
desenvolupament a finals del segle VII aC d’altres hàbitats permanents
possiblement vinculats a l’explotació de les galenes argentíferes de la vall del
Siurana, com ara el Puig Roig (El Masroig, Priorat) (Genera, 1995) o el Calvari
(El Molar, Priorat) (Vilaseca, 1943), també s’ha de posar probablement en
relació amb aquest comerç colonial fenici (Asensio et alii, 2000). A part
d’aquests contactes amb el món colonial semita, la presència d’un molí de granit
i d’una petita proporció (2,1% dels fragments) de ceràmiques amb desgreixant
micaci –que molt probablement no són d’origen local– mostra l’existència d’una
xarxa interior de relacions d’intercanvi, la importància econòmica de la qual
devia ser, però, molt inferior a la dels contactes exteriors (Ruiz Zapatero,
1992).
8.3.2. El Període 2 (fig. 8.2 i 8.3)
Durant l’últim
període de la seva existència, el jaciment de Barranc de Gàfols és l’únic que
sembla estar ocupat a la part sudoccidental de la Foia de Móra, és a dir, a la
zona de la marge esquerra de l’Ebre ocupada pels termes municipals de Miravet i
de Ginestar. En un sistema encara no plenament sedentari com el que hem descrit
en l’apartat anterior, això no tindria res de particular (simplement es
tractaria del jaciment ocupat en aquest moment precís), si no fos perquè a la
vegada es produeix un canvi profund en l’estructura de l’assentament, així com
en algunes de les característiques arquitectòniques de les cases i en la
compo-sició dels materials mobles. Ara, efectivament, ens trobem davant d’un
nucli de tipus protourbà, de caràcter estable i permanent, ben diferent de
l’aspecte anàrquic dels jaciments del període anterior, i amb una capacitat
d’emmagatzematge que sembla considerablement -superior.
Aquesta
sedentarització de la població de la zona va provocar probablement un increment
en la importància de la producció agrícola en l’estructura econòmica. Un indici
positiu en aquest sentit és l’existència d’un gran nombre de vasos
d’emmagatzematge, que ara constitueixen un 13% dels individus de ceràmica a mà,
davant del 3% del període anterior, als quals cal afegir un nombre significatiu
de peces a torn (39% dels individus, que s’elevaria fins al 49% si s’hi
afegissin les àmfores) (fig. 7.14), a banda de la possible existència de
recipients de terra o de terra i fusta. Tot això permet suposar que cada una de
les cases del bloc constructiu A podia arribar a emmagatzemar un volum superior
als 1000 litres, la qual cosa representa aproximadament el consum familiar
anual. A tot això cal afegir encara la presència de diversos molins de granit de
grans dimensions i pes (tipus A), que cal entendre com a instrument fixes, dels
quals no es coneixen equivalents en períodes més antics. Contràriament, no s’ha
documentat l’existència de sitges, la qual cosa pot respondre a la manca de
tradició en la utilització d’aquest tipus d’instal·lacions, o bé a la dificultat
per excavar sense instruments de ferro contenidors d’aquest tipus en la roca
calcària dura, o bé, simplement, al fet que el volum encara petit dels excedents
cerealístics no feia necessari el seu ús.
L’estudi del material
paleocarpològic mostra la importància de la recol·leció de glans (53% de les
restes), així com una presència considerable de pinyols de raïm (38%), dels
quals no es pot precisar si pertanyen a espècie silvestre o domèstica. Els
cereals, en canvi, estan mal representats (7% de les restes), i l’única espècie
identificada és l’ordi. També són presents el lli i la figuera, però els dos en
quantitats realment molt modestes (0,1% i 1% respectivament). Aquestes dades
s’han de completar amb els resultats de les anàlisis dels residus conservats a
les superfícies de fricció dels molins. Aquest estudi ha permès confirmar la
importància de les glans, que probablement proporcionaven una farina
panificable (Oliveira, Queiroga, Pereira Dinis, 1991), però també han mostrat
que la presència de cereals és força més considerable del que deixarien suposar
els estudis carpològics. En efecte, els residus atribuïbles a cereals
(exclusivament ordi sempre que ha estat possible precisar l’espècie) han estat
identificats en vuit dels catorze molins analitzats, entre els quals hi ha totes
les peces mòbils de grans dimensions tipus A3 i les tres peces fixes del tipus
A1, encara més grans i pesades, fins al punt que cal considerar-les no
transportables. Aquest darrer tipus de molí no s’ha documentat, de moment, en
les els períodes precedents i la seva presència en el Període 2 de Barranc de
Gàfols potser s’ha de relacionar amb una relativa expansió de l’economia
cerealícola a la zona. En efecte, les anàlisis de residus han mostrat que en un
mateix molí sempre hi havia únicament restes o bé de glans o bé de cereals. Ara
bé, les peces de més grans dimensions (tipus A1 i A3) (fig. 7.17) sempre
presentaven exclusivament residus atribuïbles a cereals, la qual cosa permetria
pensar que es tractava d’instruments especialitzats, que, a més, es trobaven
concentrats quasi exclusivament en dos recintes (IV i VIII), que podrien haver
estat també especialitzats per a la mòlta de cereals, possiblement en un moment
immediatament posterior a la collita, mentre que a la resta de cases hi havia
petits molins que, segons mostren les anàlisis de residus, es podien utilitzar
indistintament per a la mòlta de cereals o de glans. Aquesta diversificació
funcional i especialització de l’activitat de mòlta contrasta vivament amb la
documentació de què disposem per als períodes precedents, quan els molins
coneguts són escassos, molt simples i sempre d’un mateix tipus, el barquiforme
de petites dimensions.
Molt probablement, doncs, comença a desenvolupar-se
durant aquest Període 2 una agricultura de guaret, basada en bona part en el
conreu de l’ordi, que és un dels més senzills, ja que aquest cereal
presenta l’avantatge de ser fàcil de batre i és també el primer que madura si es
planta a l’hivern; les varietats de primavera són mes tardanes. No podem
precisar quines varietats hi havia a Barranc de Gàfols, encara que el mes
probable és que es tracti de les hivernals. La sega de l’ordi no està
documentada en el jaciment –no hi ha cap fulla de sílex o altre instrument amb
les marques de segar–, tal vegada perquè potser trencaven directament l’espiga
dins d’un sac o cabàs; en aquest cas, per l’ordi no s’hauria necessitat cap
eina. La tasca de batre les espigues tampoc està documentada en el jaciment,
però l’ordi es pot batre simplement trepitjant-lo. Mes feina requeria
l’aprofitament de la palla, que certament requereix elements per
tallar-la. A part dels cereals i les glans, les anàlisis de residus han
demostrat també la utilització d’arrels o rizomes.
Pel que fa a
les activitats de transformació, a part de la mòlta, de què ja s’ha parlat, la
més ben documentada és el teixit. El fet que la major part de cases contingués
alguns pes que se suposa de teler (entre un i quatre exemplars) (fig. 7.15)
sembla indicar que es tractava d’una activitat domèstica. La matèria primera
utilitzada devia ser, sens dubte, la llana, segons es desprèn de l’abundància
d’ovicaprins, i probablement també el lli, representat, com s’ha dit, entre les
restes carpològiques, encara que en molt petita proporció (0,1% de les
restes).
La documentació arqueozoològica, per una altra part,
no mostra diferències significatives en relació al Període 1. Com era d’esperar
en un sistema ramader ja sòlidament establert des del període anterior, les
espècies domèstiques continuen dominant molt àmpliament (95% de les restes). Els
ovicaprins constitueixen ara també el grup més nombrós (80% de les restes), amb
una particularitat important, que és el predomini de la cabra sobre l’ovella, la
qual cosa es pot interpretar en funció del rendiment en llet, que és molt
superior en la primera d’aquestes espècies; això implicaria, doncs, que
l’obtenció de làctics era l’objectiu principal de la cria dels ovicaprins
(Nadal, Albizuri, 1999). Els suïds representen un 9% de les restes recuperades i
sens dubte constituïen la part essencial de l’aliment càrnic, mentre que els
bòvids (5,6% de les restes) i el cavall (0,35%) es devien utilitzar
primordialment com a força de treball. Pel que fa a la cacera, el nombre
d’espècies documentades és ara bastant superior (senglar, cabirol, cèrvol,
conill, llebre, cabra, toixó) –sens dubte com a conseqüència de la superior
amplitud de la mostra–, però sempre en proporcions molt reduïdes, la qual cosa
indica que aquesta activitat, tot i que segurament es practicava de forma
constant, únicament devia proporcionar un aport complementari a l’alimentació
del grup.
El predomini de la cabra entre els ovicaprins fa
pensar també en una producció làctia important, que probablement devia alimentar
una activitat de transformació d’una certa entitat. Ara bé, els indicis
arqueològics en aquest sentit són molt escadussers, ja que es redueixen a un sol
vas amb el fons perforat que hauria pogut servir per a la fabricació de formatge
(fig. 5.158.-7). Ara bé, és perfectament possible que aquest tipus d’activitat
es desenvolupés molt sovint fora de l’assentament, allà on en cada moment es
troben els ramats.
Probablement es desenvolupava també en el marc
d’aquesta petita comunitat la producció de ceràmiques, però els -treballs
d’excavació no n’han lliurat cap indici, possiblement perquè els forns estaven
situats a una certa distància de l’hàbitat.
De tota manera, hi ha,
com en el període anterior, una petita proporció (3,3%) de peces fabricades amb
desgreixants micacis, que molt probablement no han estat produïdes a la
zona, i el mateix es pot dir dels nombrosos molins trobats a l’excavació, quasi
tots elaborats amb roca granítica, que podria procedir –però no en tenim
constància– de la zona de Falset. És plausible suposar igualment un origen no
estrictament local per als objectes metàl·lics.
Quant a l’activitat
comercial a llarga distància, està ben demostrada per l’existència en els
nivells d’aquest període de nombroses ceràmiques a torn (fig. 7.8), molt
majoritàriament de tipus fenici (sobretot pithoi, però també àmfores, una
oinochoe, plats, thymiateria, etc.) i, més rarament, d’inspiració grega (copa,
tapadora de lekanis). Cal destacar que la major part d’aquestes ceràmiques no
són ja originàries de l’àrea del Cercle de l’Estret de Gibraltar, sinó d’altres
centres de fabricació encara no identificats i probablement bastant
diversificats, que possiblement cal situar a la zona sudoriental de la Península
Ibèrica, entre Granada i Múrcia.
En resum, doncs, durant
aquest Període 2 el grup humà establert a Barranc de Gàfols sembla ser ja
plenament sedentari, sense que això signifiqui que el nombre total d’habitants
experimentés un creixement significatiu. Això porta a pensar en un sistema
agrícola de guaret sectorial, amb les terres de conreu dividides en diferents
sectors (possiblement, tres o quatre), que es devien cultivar de forma
alternativa. Unes vuit o nou hectàrees serien suficients per nodrir la població
de l’assentament, la qual cosa significa la necessitat d’una superfície total de
terres de conreu entorn de les 25-30 ha, de la qual només un terç es trobaria en
conreu, i la resta en guaret (fig. 8.4).
El procés de
sedentarització documentat a Barranc de Gàfols no és, lògicament, un procés
aïllat, sinó que s’emmarca dins d’una tendència general que es documenta des de
final del segle VII aC a les àrees litorals i prelitorals de Catalunya. Aquest
fenomen és particularment visible a les comarques de l’Ebre, amb jaciments com
la Moleta del Remei, la Ferradura, Aldovesta, Coll del Moro de Serra d’Almos,
Barranc de Gàfols, el Calvari del Molar o el Puig Roig del Roget, però també
s’ha documentat recentment al Catllar (Tarragonès) (Molera et alii, 1999) i a
Sant Martí d’Empúries (Aquilué et alii, 1998). Per una altra part, la presència
de ceràmiques fenícies en jaciments de la costa del Barcelonès, el Maresme i La
Selva (Penya del Moro, Puig Castellar, Castell Ruf, Cadira del Bisbe,
Montbarbat) permeten pensar també en l’existència de nuclis similars en aquesta
zona, tot i que, de moment, no es coneixen estructures constructives que
permetin avaluar les característiques dels assentaments esmentats abans de la
segona meitat del segle VI aC.
La pregunta que, arribats
a aquest punt, cal plantejar-se és: perquè es va produir aquest procés de
sedentarizació?. Efectivament, un sistema sedentari d’aquest tipus no
proporciona veritables avantatges si doncs no es produeix un increment
considerable de la població, fenomen que en aquest cas no sembla haver-se
produït. Contràriament, una població sedentària pot necessitar una inversió de
treball superior per obtenir una producció similar, tenint en compte la pèrdua
de fertilitat dels sòls. Ara bé, si això és així, què pot haver conduït aquesta
població a canviar la seva forma de vida tradicional? El contacte colonial pot
haver portat a aquest resultat en altres llocs, com mostren, entre altres, els
exemples d’Aldovesta (control del pas del riu i redistribució interior dels
productes fenicis), La Ferradura o Coll del Moro de Serra d’Almos (control del
territori i les comunicacions), o els nuclis situats a la vall de Siurana
(producció metal·lúrgica destinada a l’intercanvi per productes fenicis), ja
esmentats més amunt. Ara bé, per si sol no ho podria explicar en aquest sector
de la Foia de Móra, mancat de recursos com els que acabem d’esmentar i on els
intercanvis amb el món colonial havien començat probablement ja un segle abans i
havien estat mantinguts sense problemes per l’antic sistema d’agricultura
itinerant. Una hipòtesi versemblant vindria suggerida per l’abundància al
jaciment de vitis sp. Si s’admet, efectivament, que es tracta de vinya cultivada
–cosa que no es pot assegurar–, és evident que això implica un hàbitat
sedentari, ja que la vinya no és productiva fins tres o quatre anys després de
ser plantada, la qual cosa inevitablement tendiria a fixar la població en
proximitat a aquests conreus. Ara bé, cal admetre que els treballs d’excavació
no han donat cap estructura que es pugui identificar amb una instal·lació de
premsat.
8.4. L’organització social del grup
L’existència,
durant el Període 2, de llars de foc centrals d’un tipus elaborat i uniforme en
els cinc recintes del bloc constructiu A, als quals caldria afegir el recinte
IX, tal vegada el XIX i un altre possible àmbit de característiques similars a
l’est de la cisterna (recinte XVIII –fig. 4.1–) permet definir altres tants
espais habilitats per al repòs, la cuina i el consum d’aliments (tots els
recintes del conjunt constructiu A contenen almenys peça de vaixella brunyida),
a més de l’emmagatzematge (en un pis superior) i algunes activitats de
transformació (teixit, mòlta d’aliments i potser altres no documentades en el
registre arqueològic), mentre que, com s’ha dit més amunt, la resta d’espais
coberts semblen més aviat relacionats de forma exclusiva amb la producció i
l’emmagatzematge. Es pot suposar –però no demostrar– que cadascun d’aquests
recintes dotats de llar de foc (sis o set en total) era utilitzat com a
residència d’una única família nuclear. Ara bé, cal fer notar que, més enllà de
les característiques comunes que hem enumerat, aquests espais tenen també sovint
un cert caràcter especialitzat. Així, els recintes I, II i IV han lliurat
elements relacionables amb pràctiques de caràcter cultual; el mateix recinte I
contenia l’únic forn culinari de l’assentament (probablement destinat a
l’elaboració del pa), mentre que el recinte II ha lliurat la major part de vasos
brunyits, per als quals es pot suposar una funció de vaixella (sis de les deu
peces documentades en el conjunt constructiu A). En canvi, el recinte IV ha
donat un nombre superior a l’habitual d’elements relacionats amb la mòlta de
cereals. En definitiva, fa la impressió que aquests espais, ultra tenir un
caràcter residencial a l’escala de família nuclear, són també àrees
funcionalment especialitzades, utilitzables i probablement utilitzades pel
conjunt del grup humà establert a l’assentament. Així, la frontera entre espai
«privat» (entenent el mot com a «propi de la unitat familiar nuclear») i espai
«comunitari» es desdibuixa fins, de fet, desaparèixer i el conjunt de
l’assentament apareix com una sola i única gran casa. És lògic suposar, doncs,
que l’assentament era ocupat per una família estesa i que els diferents recintes
constituïen àrees separades al nivell de família nuclear per al repòs, per a
certes activitats (com el teixit i la mòlta de certs productes, particularment
les glans) i, possiblement, també per a la cuina. El fet que els dos recintes
domèstics més antics (I i II) siguin a la vegada els únics que estaven dotats de
decoració pintada a les parets, que continguin l’únic forn culinari de
l’assentament, així com el més gran nombre de peces de vaixella i la major part
d’elements de caràcter ritual, porta a pensar que eren les residències de la
primera generació de la família estesa i que durant tota la vida de
l’assentament en aquest període 2 van continuar essent els espais ocupats pels
homes de més edat i el lloc on es desenvolupaven determinades cerimònies
religioses i el consum comunitari de determinats aliments, particularment dels
líquids que es bevien amb la vaixella brunyida (concentrada essencialment al
recinte II) i que potser es servien amb l’oinochoe a torn trobada al recinte I.
Probablement eren també el lloc de reunió on es prenien les decisions importants
sobre la vida del grup.
La documentació
disponible per al Període 1 no permet donar tantes precisions, però sembla lògic
suposar que l'organització de la societat devia seguir unes pautes essencialment
similars a les que acabem de descriure.
8.5. El sistema
cultural de Barranc
de Gàfols i el patró tribal
Les
característiques descrites en les pàgines anteriors, tant per al Període 1 com
per al Període 2, corresponen amb tota evidència a una societat tribal. En
aquest sentit, cal destacar la petita grandària dels assentaments (potser una o
dues cases ocupades simultàniament durant el Període 1; sis o set durant el
Període 2), la debilitat demogràfica evident, si més no a la foia de Móra,
l’absència de jerarquització de l’hàbitat, la manca d’especialització i
d’indicis clars de diferències socials, tant per la grandària i estructura dels
habitacles com per la natura i/o quantitat dels materials mobles que
contenen.
La documentació disponible per al Període 2, molt
més precisa, permet reconèixer a Barranc de Gàfols la seu d’un llinatge compost
per unes sis o set famílies, que eren sens dubte, a partir de la divisió del
treball per sexe i edat, l’entitat fonamental de producció, tant dels béns de
subsistència com –segons mostra clarament la documentació arqueològica– de la
major part de productes transformats. La producció, en definitiva, es devia
organitzar d’acord amb les demandes del grup familiar i en funció de les
necessitats de la llar, la qual cosa, evidentment, no s’ha de confondre amb una
suposada autarquia ni d’aquesta ni del llinatge en el seu conjunt. Com ha
assenyalat M. D. Sahlins, «els grups domèstics no són autàrquics, encara que
freqüentment produeixen la major part de les coses que consumeixen» (Sahlins,
1972, 120). No es tracta, per tant, únicament de producció per a l’ús o per al
consum directe, sinó també per sostenir l’intercanvi, de manera que es pugui
adquirir allò que es necessita. Precisament el que regula la producció és la
necessitat, no el benefici.
Un altre aspecte que
caldria afegir a les consideracions anteriors és el que es refereix a
l’organització del treball. En efecte, parlar de grup domèstic de producció no
equival a dir que les famílies havien de ser grups de treball plenament
autònoms; contràriament, la cooperació entre els membres del llinatge, per
damunt del cercle estrictament familiar, és imprescindible per a les comunitats
tribals com la que ara analitzem. Al Barranc de Gàfols, moltes tasques havien de
ser empreses de forma col·lectiva: la forma familiar de producció implicava
solament que aquesta era organitzada per i per a la
família.
Tot el que acabem de dir és vàlid per al Període 2,
però també sembla clar que, en aquest moment de la primera meitat del segle VI
aC, aquesta societat ha iniciat un procés de ràpida evolució, el tret més
característic del qual és la plena sedentarització. Aquest procés l’havia de
conduir ràpidament del sistema tribal segmentari a la formació de cabdillatges,
que creiem que devien estar ja desenvolupats durant el període ibèric antic,
moment en què el registre arqueològic comença a revelar l’existència de
produccions especialitzades d’una certa entitat (particularment en el camp de la
metal·lúrgia i de la ceràmica), d’assentaments d’una certa magnitud física i de
potents fortificacions.
8.6. Nota sobre el comerç colonial
Un aspecte important de la documentació lliurada pel jaciment de Barranc de Gàfols fa referència a l’evolució del comerç colonial en el decurs del segle VI aC. Efectivament, els materials d’importació recuperats en els nivells del Període 2 han permès comprovar la tantes vegades comentada crisi del comerç fenici a la costa ibèrica des de principis del segle VI aC (Arteaga, Padró, Sanmartí-Grego, 1978), ja que els elements de producció fenícia del Cercle de l’Estret de