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Los triángulos de la muerte · El buque fantasma · Extrañas explosiones · Grandes enigmas vivientes · El bondadoso habitante del lago NESS · Los que se fueron a otra dimensión · Principal
ABOMINABLES
HOMBRES
¿Quién no ha oído hablar alguna vez del “Yetí”, ese abominable hombre
de las nieves, cuya presencia difusa entre las nieblas de las alturas, llenó de
espanto a los exploradores de muchas expediciones, que ascendían las cumbres
heladas del Himalaya?
El “Yeti” es un habitual ocupante de las páginas de la prensa veraniega,
con caracteres de acontecimiento. Pero, en realidad, es más bien como un espectáculo
de circo y fantasía, sin plantearse su verosimilitud. Eso no importa, lo que
interesa es el impacto de la noticia, no su trascendencia.
Sherpas y escaladores son famosos por un día, si al regreso de su viaje a las
montañas asiáticas, dicen haber visto un “Yeti” o unas huellas enormes, de
gigante, grabadas sobre la superficie blanca inmaculada de la nieve virginal que
nadie, excepto ese ser monstruoso, pisa en los techos del mundo.
Peter
Kolosimo, en su libro "El planeta incógnito", recoge un relato que, a
la vuelta de una expedición al Himalaya, hizo de su aventura el fotógrafo
griego N.A. Tombazi, en el año 1925. Relato que apareció por primera vez en un
pequeño volumen que preparó el mismo fotógrafo y del que editó sólo 150
ejemplares. Cuenta Tombazi que Dormía aún, cuando se oyeron los gritos de los
sherpas. Una voz le llamó a gritos, anunciándole que había un “YETI”.
Salió de la tienda y divisó lo que los sherpas le indicaban, a doscientos o
trescientos metros por debajo de donde estaban ellos. El contorno de la figura
era semejante al de un ser humano. Aquel ser caminaba en posición erecta,
inclinándose de vez en cuando para recoger algún rododendro seco. La figura
oscura destacaba contra la nieve y no llevaba ropa alguna. Pocos minutos después
había desaparecido.
Examinaron las huellas, que eran semejantes a las humanas,
pero de gran tamaño. Se podían distinguir muy bien los cinco dedos y la
concavidad del pie, mientras que el talón estaba grabado más débilmente. No
habia duda alguna de que se trataba de las pisadas de un bípedo.
Integrantes de más de 20 expediciones, de distintos países, al Himalaya y a
otros macizos montañosos de Asia y de China, encontraron rastros evidentes del
“Yeti”, y algunos incluso pudieron verlo a escasa distancia, de tal modo,
que sus descripciones resultan suficientemente completas, como para trazar un
retrato robot. De entre los sherpas, raro era el que no lo había visto alguna
vez.
En los primeros años de nuestro siglo, Henry Elwes dijo habérselo encontrado
de frente. Estaba cubierto de pelo marrón oscuro y era de elevada estatura. A
partir de entonces, los encuentros se han ido sucediendo prácticamente sin
interrupción, destacando entre otros muchos los relatos que de ellos hicieron
Knight, en el año 1913, y Dhyrenfurth, en el año 1963.
Kníght, escalando una cumbre del Himalaya, por encima de los 3.000 metros de
altitud, observó a menos de 100 metros a un ser monstruoso, parecido a un gran
mono, cubierto de espeso pelo de color rojizo y que caminaba erguido sobre unos
pies desmesuradamente grandes y gruesos. Lo más asombroso del relato de Knight
es su afirmación de que aquel ser siniestro, llevaba en la mano un arco y una
flecha rudimentarios. Posteriormente,
otras expediciones encontraron cobijos naturales que estaban habitados, o habían
sido visitados, por algún ser inteligente, porque hallaron en su interior
utensilios, restos de comida, una especie de camas y otros objetos trabajados.
Por su parte, Dhyrenfurth transmitió las manifestaciones
de su sherpa, quien se tropezó de súbito, por la noche, con un “Yeti” que
estaba pescando ranas con las manos en un riachuelo. El sherpa lo alumbró con
su linterna durante varios minutos, y el monstruo permaneció quieto hasta que
bruscamente emprendió la huida.
Eric
Shipon y Mike Ward, acompañados del sherpa Tennsíng, lograron fotografiar
unas huellas muy recientes de “Yeti”, a 6.000 metros de altura, en la cumbre
del Menlun Lá. Estas huellas correspondían a unas pisadas de un ser, que había
pasado por allí sólo unos minutos antes, por lo que dedujeron que su
presencia lo puso en fuga. Medían 29 por 14 centímetros. Las siguieron en un
trayecto de más de un kilómetro por un glaciar. Las huellas llegaban hasta el
borde de una ancha y profunda grieta en el hielo y proseguían su ruta, después
del salto, por el otro lado.
Reuniendo todos los detalles, aparentes y diáfanos, que han proporcionado
quienes lo han visto, y basándose igualmente en sus rastros de huellas y
objetos encontrados en algunas cuevas, podemos describir al hombre de las nieves,
al “Yeti”, destacando las siguientes características:
Se estima que debe haber, por lo menos, dos clases de “Yetis”: el más
voluminoso, que se podría encontrar preferentemente en las zonas montañosas
del Himalaya; y otro más pequeño, en el sur de Asia Central, China, Borneo e
Indochina. Algunas tradiciones de esos países refieren encuentros con los
“Yetis” desde tiempos inmemoriales. Los
científicos, que a duras penas admiten la existencia de este "abominable
hombre de las nieves", no logran hacer concordar sus opiniones:
En
el continente americano han sido vistos también extraños seres, de características
semejantes al “Yeti”, en las zonas montañosas del Noroeste, sobre todo, y
en algunos otros lugares de difícil acceso. En América del Sur los abominables
hombres han preferido las regiones andinas, pero son más bien seres
legendarios, de los que hablan los indígenas, descritos como fieros animales
con forma humana, que poseen cuatro manos y van desnudos y cubiertos de
abundante pelo.
En
los Estados Unidos y Canadá, sí se han recogido algunos testimonios dignos de
tener en cuenta, a partir del siglo XIX, y más abundantes en las últimas décadas
del siglo XX. En Canadá se les llama “SASQUATCH”, y en los Estados Unidos,
“BIG-FOOT”, que quier decir algo así como pies grandes. Huellas de 40 y 45
centímetros han sido halladas y estudiadas en varias ocasiones en el valle
Bluff Creck, en California del Norte, en distintos lugares de Canadá, en
Michigan, cerca de Monroe, en Ontario y en Winsconsin.
Loren Colcman y Mark Hall han propuesto como orígenes una raza humana, que en
tiempos remotos compartió las regiones más septentrionales con los esquimales.
Eran los “TORNIT”, gigantescos y pesados, lentos de reflejos, poco
inteligentes, quienes, según relatos legendarios esquimales, luchaban entre sí
y se mataban. Restos de esos “TORNIT” podrían haber quedado diseminados por
las montañas del norte, ocultos, respondiendo al comportamiento que se estima
como normal, en los grupos pequeños y marginados, que prefieren los lugares
inaccesibles, la vida difícil, y donde nada, ni la posibilidad de encontrar
comida fácilmente, atraiga la atención de los grupos humanos más
evolucionados.
En
Bluff Creek, en el año 1967, tuvo lugar un encuentro con uno de estos
“YETIS” americanos. El protagonista, Roger Patterson, logró filmar unos
metros de película. Era el 20 de octubre, y Patterson iba a caballo explorando
un cañón. De pronto, la cabalgadura se asustó y dio con los huesos de su
jinete en el suelo. A su izquierda, a unos 40 metros, había un animal de unas
extraordinarias proporciones. Su cabeza era muy semejante a la de un ser humano,
pero mucho más achatada, con la frente ancha y la nariz grande. Los brazos le
llegaban a las rodillas, y tenía el cuerpo cubierto de pelo marrón, de 5 a 10
centímetros de longitud, menos en el rostro. Era una hembra, de enormes y flácidos
pechos. Los calcos de las huellas señalaron que los pies medían 45 centímetros
de largo, y que el peso del monstruo oscilaba entre los 275 y los 300
kilogramos. Algunos
testimonios de avistamientos del “YETI” americano le adjudicaban una altura
de hasta 4 metros. Son seres pacíficos, en general, aunque existen un par de
relatos que contradicen este extremo.
Por ejemplo la pelea que sostuvieron cinco barreneros, en Monte Saint Helens, en
el Estado de Washington, contra un grupo de “BIG-FOOTS” que les atacó, y la
agresión que sufrió el conductor de un camión, en las proximidades de
Monroe, por parte de otro “YETI” que se acercó al vehículo, e introdujo
una de sus extremidades por la ventanilla, proporcionándole un tremendo golpe
en la cara.
¿Son hombres o monos? ¿Son restos del eslabón que se perdió en la cadena
evolucionista? Tanto los “YETIS” como los “SASQUATCH” y los
“BIG-FOOTS” son una incógnita, clavada en la conciencia de la historia
del hombre. SÍ son los únicos descendientes de nuestros antepasados
primitivos, ¿por qué no evolucionaron ellos también, paralelamente y en armonía,
con la totalidad de la raza humana? Si componen una especie de simios
superiores, ¿por qué fueron marginados a los lugares más inaccesibles y más
inhóspitos?
Podría
tratarse también de una regresión del hombre del Neanderthal a estratos
inferiores de los homínidos, pero esto la ciencia no podría admitirlo nunca.
Los antropólogos divagan también al estudiar sus características anatómicas
y de comportamiento.
En
fin, la historia del mundo, que es la nuestra porque la hemos construido
nosotros, desde los orígenes más remotos hasta el siglo XXI, no sabe dónde
encajar a los abominables hombres de las montañas, y de las nieves. Nuestra
curiosidad se limita a querer ver algún día a uno de estos seres, hombres o
bestias, en la vitrina de un museo, o en un reportaje impactante de la televisión,
sin reparar en que estos monstruos son también producto de la dinámica del
Cosmos, como lo somos nosotros, y por ello, compañeros nuestros en el viaje sin
límites a través del espacio. |