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Rincón para la lectura - Principal
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LA CASA ROJA
Los sábados, a una ora temprana, y si el tiempo acompaña, se puede ver por las calles de la urbanización a numerosos deportistas de fin de semana, algunos intentando perder o recolocar algún exceso de peso y volumen, adquirido durante la semana. Es un momento de intimidad entre los esforzados gimnastas y el entorno. Pero, si hay una cosa que todos tienen presente, y respetan, es el no pasar por las calles que dan a la llamada “Casa roja”. Una amplia casa de dos pisos, rodeada por una pared que no deja ver el interior, y totalmente pintada de rojo.
Era considerada por todos los vecinos como una casa maldita. Un capricho de un enigmático personaje, que la mando construir como refugio de paz ante el agobiante ajetreo de la ciudad. En principio solo fue eso, un refugio. Pero con el tiempo esto cambiaría. Pronto su propietario usaría la casa para disfrutar de sus perversiones, acompañado por sus amistades, gente influyente y desconocidos, que pasaban de serlo a las víctimas propiciatorias de las fiestas. De ser un lugar idílico y pacífico paso a ser un infierno nocturno y de madrugada. Se rumoreaba que tanto el alto volumen de la música como los gritos humanos se debían a que se realizaban rituales sadomasoquistas, satánicos y de todo tipo, en los que la sangre, de animales o quizás humana, era el ingrediente imprescindible.
Los vecinos protestaban, una y otra vez, ante las autoridades, pero sus quejas no eran atendidas. Se decía que las personas de la Administración local que debían poner orden en todo aquello, eran parte de los invitados habituales. Por eso aquellas fiestas seguían celebrándose en la mas completa impunidad.
Pero, una noche, algo trágico paso sin que nadie sepa lo que fue. Mucho antes de lo que ya era normal, cesaron los gritos de las personas asistentes a la fiesta. La música siguió sonando durante dos días sin interrupción. La noche del segundo, un vecino se atrevió a visitar al propietario para quejarse enérgicamente. Nadie le atendió pero las puertas estaban abiertas y las luces encendidas. No encontró a nadie en la casa, así que localizo el aparato de sonido y lo desconecto. Todo estaba como si la fiesta estuviera en pleno apogeo, tanto en el interior de la casa como en el jardín. Le llamo la atención la piscina, grande e iluminada, con la superficie llena de prendas de ropa desgarradas y manchadas de sangre.
Después de una exhaustiva investigación policial, nadie supo lo ocurrido en aquella casa. En el interior todo estaba como si se estuviera celebrando una fiesta, y de pronto todos hubieran desaparecido repentinamente. Se halló bebidas, drogas, útiles eróticos y demás utensilios diseminados por todas partes. En el jardín, junto a la piscina, hallaron las ropas y los bañadores de varias personas que, al contrario de las prendas que se habían hallado dentro del agua, estaban en perfecto estado. Dentro del agua no había ni el menor rastro de humanos. Estaba limpia y cristalina, mostrando la cabeza de Medusa en el fondo como motivo decorativo. La casa quedó abandonada bajo el peso de un misterio impenetrable.
**** Después de un largo espacio de tiempo, en que la casa estuvo abandonada, esta volvía de nuevo a la vida. Durante unas semanas, un grupo de obreros restauraron y acondicionaron la casa al gusto de su nueva propietaria: la señorita Elena Fuentes. Era una eminente abogada, que había conseguido realizar el sueño de su vida. Cuando se le ofreció la oportunidad de comprar la casa, a pesar del evidente abandono en que estaba sumida, decidió adquirirla. Ni el descuidado jardín, más parecido a una porción de selva, ni las oscuras y sucias aguas de la gran piscina le hicieron desistir. De ahora en adelante nadie podría calificar aquella casa de “roja”. Ahora sus paredes exteriores lucían un esplendoroso color blanco que daba la sensación de que la casa era más grande. Lo que más le entusiasmaba a la abogada era su piscina, grande y con aquel motivo decorativo mitológico en el fondo: la conocida cabeza de Medusa. Era un espléndido trabajo en relieve adherido al fondo. El rostro mostraba unos ojos cerrados, y de su cabeza salían multitud de serpientes a modo de pelo. Era normal que gustase del agua, siendo una amante de los deportes acuáticos. No consintió que nadie la usara antes que ella.
El primer día fue agotador tras instalar todas sus pertenencias. Hacía un rato que el sol se había puesto, y decidió que antes de cenar se daría un baño en la piscina. Aprovechando la intimidad que le ofrecía los muros del jardín desnudó su sudoroso cuerpo. La noche era agradable y se prestaba a un chapuzón refrescante. Se sentó en el borde con las piernas colgando dentro del agua. La temperatura de la misma era muy agradable. Después de estar unos instantes así decidió introducirse por completo. Cerró los ojos y se deslizó hasta tocar el fondo.
Una vez dentro, con la superficie más arriba de su cabeza, abrió los ojos y el terror se dibujo en su rostro. Delante de ella, las serpientes de la cabeza de Medusa cobraban vida, manteniendo algunas, prisioneros entre sus fauces los cuerpos desgarrados de unos seres, que pugnaban por salir a la superficie. Reaccionó ante tal espectáculo y salió rápidamente del agua. Una vez fuera dirigió su mirada hacia la cabeza de Medusa, pero seguía allí, en el fondo, inerte, como siembre. Intento justificar su horrenda visión con todo tipo de elucubraciones, pero estuvo unos días sin acercarse a la piscina.
Se culpó, una y otra vez, de dar importancia a una visión que las pruebas no confirmaban. Desde la terraza del primer piso vigilaba la piscina sin que hubiera variación alguna. Finalmente se convenció de que lo de la otra noche había sido un episodio producido por el cansancio, el calor y quien sabe que más cosas. Así que había llegado el momento de acabar con todo. Su padre siempre le había aconsejado que, cuando tuviera miedo de algo, no huyera de ello, sino que le plantara cara para vencerlo. Era un consejo que siempre había seguido, y ahora haría lo mismo.
A media mañana, con un sol radiante, después de desnudarse, se lanzó al medio de la piscina con los ojos cerrados. Antes de abrirlos esperaba el contacto agradable del agua por todo su cuerpo, pero algo le apreso el tobillo derecho. Sintió un dolor agudo. Abrió los ojos para mirarse el pie y se horrorizó de lo que estaba viendo. Una de las muchas serpientes de la cabeza de Medusa tenia su tobillo atenazado con sus fauces. En el fondo, el rostro de Medusa abría sus ojos para mirarla fijamente cobrando vida. A su alrededor danzaban un coro de cuerpos desnudos, con sus carnes desgarradas, mostrando algunos huesos de su anatomía y con las cuencas de sus ojos vacías. Escucho un extraño y profundo aullido. Todos aquellos espectros se lanzaron a ella, clavándole sus uñas desgarrando sus carnes, al tiempo que el agua se iba tiñendo de rojo.
**** Los sábados, a una ora temprana, y si el tiempo acompaña, se siguen viendo por las calles de la urbanización a los deportistas de fin de semana. Pero, ahora más que nunca, nadie pasa por el entorno de la “Casa roja”. Es una casa maldita, en la que desaparecen sus inquilinos sin que nadie haya averiguado como, y si lo ha hecho, haya vivido para contarlo.
Del libro "CUENTOS FANTÁSTICOS PARA ADULTOS" de V. Novellón
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