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LOS MOTORES PREHISTÓRICOS

 

         Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.

 

         Diversos obje­tos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, segura­mente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.

 

         En un estrato, cuya antigüedad se ha fijado en millones de años, se encontró, en el curso de una excavación y de modo accidental, la silueta de un tornillo, perfectamente trazada, en el centro de una piedra. El acontecimiento se desarrolló en Treasure City, en el estado norteamericano de Nevada, en el año 1869. Al abrir la piedra por procedimientos mecánicos, se encontró una oquedad donde estuvo alojado un tornillo de hierro de 5 cm de longitud. Los millones de años transcurridos desde que el objeto quedó encerrado allí habían hecho desaparecer realmente la pieza metálica, y sólo quedaban la herrumbre y la forma perfecta. ¿Para qué podía servir un tornillo hace millones de años?

 

         Otro hallazgo mucho más reciente aumenta la dimensión de la pregunta. Los afortunados investigadores fueron Mike Mikesell, Wallace A. Lane y Virginia Maxey y se realizó el día 13 de febrero de 1961, en Olancha en el estado norteamericano de California. Los citados no eran estudiosos del tema histórico ni se hallaban preocupados por las incógnitas de la evolución humana. Simplemente buscaban geodas, algunas de las cuales pueden llegar a tener casi el valor de una piedra preciosa.

 

         Las geodas se forman dentro de las rocas, y son cavidades tapizadas de cristales o mineralizaciones, que suelen contar con cientos de miles de años, o millones.

 

         En su interior hay generalmente un pequeño hueco. La señorita Maxey era dueña de una tienda de objetos de ese tipo, decorativos y caprichosos. Ascendieron aquella mañana, recogiendo las geodas que encontraban, que eran muchas, porque la región es rica en este tipo de formaciones, hasta una altura de unos 1.300 m sobre el nivel del mar, unos 600 por encima de las riberas del lago Owens, muy cercano. De regreso, ya en el taller, les llamó la atención una de las piedras recogidas, seguramente porque su peso fuera mayor del que debía ser. La abrieron con una sierra de diamante y encontraron en el interior algo tan duro que la sierra se llegó a deteriorar. Dentro no existía hueco, sino un objeto extraño que parecía, ya a simple vista, ser de fabricación humana.

 

         Lo que deterioró la sierra de diamante fue una pieza de porcelana circular, en cuyo interior estaba fijada una varilla metálica de 2 mm de diámetro, terminada en una especie de espiral, o algo parecido, difícil de concretar porque estaba mal conservada. Todo ello envuelto en una especie de estuche hexagonal, de material no identifícable, porque se había desintegrado, y sólo quedaba la forma. Probablemente aquel material inexistente fuera de madera. La varilla metálica estaba rodeada de una materia cuprosa de 18 mm de grosor.

 

         Todo el objeto que encerraba la geoda es muy similar a una bujía de motor de explosión. La antigüedad de la piedra se estableció en 500.000 años. ¿Para qué podía servir entonces una bujía y quiénes la fabricaron?

 

         En el año 1885, en Salisbury, dentro de un lecho de carbón del Terciario, entre 70 y 12 millones de años de antigüedad, se halló una pieza metálica en forma de cubo, con una de sus caras redondeadas.

 

         El objeto apareció dentro del carbón y cuenta, por lo tanto, con la misma antigüedad que éste. Estaba compuesto por hierro, carbono y níquel. La incógnita presentaba sólo ofrece dos soluciones: que se tratara de un meteorito, o que hubiera sido labrado por la mano del hombre.

 

         La hipótesis de un meteorito caído sobre la Tierra hubo de ser desechada, porque forzosamente la superficie del objeto tenía que estar muy alterada por las temperaturas alcanzadas al atravesar la atmósfera, y no era así. Esto quiere decir que la pieza fue labrada por la mano del hombre, hace, por lo menos, doce millones de años. ¿Existía el hombre sobre la faz del planeta entonces? ¿Con qué técnica y con qué máquinas fue labrada?

 

         En California, y dentro de un trozo de cuarzo aurífero, apareció un asa metálica de cubo de agua, y otra semejante fue hallada en Kingoodie, en Inglaterra, en un bloque de piedra de 23 cm de longitud, que correspondía al Pleistoceno, con 8.000 años de antigüedad. En ambos casos los expertos afirmaron que la época en que las asas fueron fabricadas, superaba los 10.000 años. El misterio de su tecnología ha quedado, como en los casos anteriores, pendiente.