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¿Hubo un pasado tecnológico? Manuscritos desconcertantes Los misterios de la Antártida Los motores prehistóricos Los robots antiguos Los mapas antiguos Principal LOS TEMPLOS Y TUMBAS ILUMINADOS Debido
a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos
objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
En
el curso de unas excavaciones que se estaban efectuando en la colina de Rabua, en Irán, en un territorio antiguamente ocupado por los partos, el arqueólogo Wilheim Kónig encontró, en el año 1938, unos recipientes en forma de jarrón, de arcilla clara, en cuyo interior estaba fijado un cilindro de cobre,
sujeto en la embocadura con asfalto.
Los
recipientes medían 15 cm de altura y el tubo de cobre, 26 mm de diámetro y 19 cm de altura. Dentro del tubo del cobre había una varita de hierro muy oxidado, que sobresalía 1 cm y que daba la impresión de haber estado revestida de una fina capa de plomo. Los objetos recordaban con bastante exactitud a
las pilas eléctricas actuales, pero, ¿quién se atrevería a hablar de que existieran en la antigua Babilonia baterías y para qué?
El
Ministerio de Información de aquel tiempo comunicó, de una manera oficial, que los objetos correspondían a una antigüedad que se cifraba entre el año 227 y 126 a. C. Pero en el mismo yacimiento se descubrieron algunos materiales que habían sido sometidos a un procedimiento de galvanización.
Se
dedujo entonces que las pilas habrían sido utilizadas para esos fines, y dado que la antigüedad de los materiales galvanizados remontaba la fecha de 2.000 años atrás, se concluyó que hace 4.000 años se estaban utilizando pilas eléctricas para galvanizar objetos.
Sin
embargo, quedaba la duda de si, en verdad, aquellos recipientes, pese a su apariencia, eran auténticas baterías. Muchos arqueólogos habían afirmado que se trataba de "objetos de culto", que es lo que suelen decir los arqueólogos cuando se encuentran un objeto que no saben para qué sirve. La
prueba definitiva de que aquellos objetos eran pilas eléctricas la obtuvo el propio Kónig rellenando los recipientes con un electrolito convencional y... las pilas funcionaron.
Recipientes
idénticos o muy parecidos habían sido ya encontrados, con anterioridad, y se exhiban expuestos en las vitrinas de algunos museos. Su utilización debió ser, por tanto, bastante generalizada, aunque debemos entender también que el secreto de su construcción, sería guardado en los arcanos de los
iniciados, a modo de magia técnica.
La
literatura clásica encierra numerosas citas respecto a templos y tumbas, iluminados durante cientos de años por bombillas incandescentes, y de bello colorido rojizo, en Grecia, en Roma y en Egipto. San Agustín, por ejemplo, contó el caso de una lámpara que no podían apagar ni los vientos ni la lluvia en
Egipto, y otra en Antioquía que se mantuvo encendida más de quinientos años.
El
templo de Numa Pompilio, en Roma, ostentaba en su cúpula una luz siempre encendida, y existen bellos relieves en algunos templos egipcios, en el de Hator, por ejemplo, que muestran verdaderas bombillas de cristal, con un hilo incandescente dentro, en forma de serpiente, las cuales están conectadas a unos
cables que, a su vez, se hallan enchufados a una red.
En
la Vía Apia, cerca de Roma, se descubrió una tumba donde estaba enterrada una hermosa mujer, cuyo cadáver se conservó en perfectas condiciones y que estuvo iluminado varios siglos por una brillante luz roja.
El
jesuita Kircher recoge en su "Edipo Egipcíaco", del año 1562, tozos de un documento hindú primitivo, que se guardaba en la Biblioteca de los Príncipes Indios, y que no son otra cosa que las instrucciones que es menester seguir para construir una pila eléctrica. Dice así: "Colocar una
plancha de cobre, bien limpia, en una vasija de barro, cubrirla con sulfato de cobre, y luego cubrirlo todo con serrín húmedo, para evitar la polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado con cinc encima del serrín húmedo. El contacto producirá una energía conocida por el doble nombre de
Mitra-Varuna. El agua se escindirá por la acción de esta corriente en Pranavayu y Udanavayu. Se dice que una cadena de cien vasijas de este tipo proporciona una fuerza muy activa y eficaz." En fin, una batería eléctrica con su ánodo y su cátodo, en la que el agua se escinde en sus componentes oxígeno
e hidrógeno. También, aunque estas citas resultan mucho más vagas, existen relatos de ciudades iluminadas y templos por muchos lugares de América.
En
las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula, en la frontera chino-tibetana, los arqueólogos hicieron en el año 1965 un descubrimiento sensacional: 716 discos extraños de piedra, con lo que en un principio se creyó eran grabados. Su antigüedad se remonta a varios miles de años. Poseían un agujero en el
centro, como los discos de un gramófono, y lo que se pensó eran grabados, en realidad eran unos surcos que, en espiral, partían del centro del disco hacia el borde, unos surcos dobles. La semejanza con los discos de audición de los gramófonos planteó la posibilidad, por otra parte increíble, de que se
tratara de eso.
Pero
los estudiosos investigadores de la Academia de Prehistoria de Pekín informaron de que se trataba de escritura, y lograron descifrar algunos fragmentos que hablaban de naves espaciales hace 12.000 años.
Peter
Kolosimo hace al respecto una interesante observación. En el lugar en el que fueron hallados los discos, frontera entre el Tibet y China, habitan las tribus Ham y Oropa, estos últimos, endebles de constitución y que apenas llegan a medir 1,27 de altura, y cuya clasificación dentro de un grupo étnico
conocido no es posible. Algunos jeroglíficos Ham muy remotos, cuentan que los Oropa llegaron en la antigüedad en una nave espacial, y se establecieron allí, al menos temporalmente. Y que su intención real era desconocida. Los Ham se asustaron y permanecieron varios días escondidos en las cavernas.
Finalmente la nave espacial, en uno de sus vuelos de cercanías, parece que se estrelló en una maniobra de aterrizaje. Se pregunta Kolosimo si no serán estos Oropa descendientes de aquella raza cósmica que llegó a bordo de aquel navío sideral.
Sometidos
los discos de piedra a unos análisis muy rigurosos, se encontró en ellos una cantidad considerable de cobalto, y los medidores señalaron que emitían unas vibraciones muy intensas de energía, como si estuvieran todavía, al cabo de doce mil años, cargados de electricidad.
El
descubrimiento arqueológico se completó con el hallazgo, dentro de algunas cavernas de la zona, de restos óseos de aspecto humanoide, que también correspondían a una antigüedad de 12.000 años, de enormes cráneos y cuerpos pequeños y débiles. Oficialmente se dijo que pertenecían a una raza de simios
extinguida. Pero nadie proporcionó una explicación acerca del origen de los discos y del mensaje de los jeroglíficos.
Es
muy difícil admitir, desde el punto de vista de nuestra lógica, la historia de seres que llegaron del espacio a explorar nuestro planeta y por un accidente debieron vivir aquí, en condiciones que no les eran favorables.
Hay,
o debe haberla, otra lógica que no es la nuestra, de acuerdo con la cual eso sería posible. Si no la admitimos, y la verdad es que nos cuesta muchísimo esfuerzo hacerlo, no nos quedan razonamientos para justificar la presencia, ciento veinte siglos atrás, de los discos energéticos y los jeroglíficos que
asombraron a los arqueólogos y nos maravillan a nosotros, en las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula. |