Calentamiento global

Cambio climático en España

Principal

 

CAMBIO CLIMÁTICO EN EL PLANETA

 

 

Para Mariano Marzo, experto en combustibles, catedrático de Estratigrafia y profesor de Recursos Energéticos de la Facultad de Geologia de la Universidad de Barcelona, se está hablando del cambio climático sin poner de relieve lo que de verdad implica: un cambio radical en nuestro estilo de vida, que pasa por sustituir el 85 % de la energía primaria que consumimos por otras... no sabemos cuáles. «Hemos alcanzado el estado actual de desarrollo gracias al petróleo, eso no hay que olvidado. Pero ahora, además de tener que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para mitigar los efectos del cambio climático, tenemos que hacer frente también a otra realidad: el petróleo fácilmente extraíble y barato se acaba», advierte, al tiempo que recuerda que el gas natural le va a la zaga.

 

Mientras que las previsiones más optimistas auguran que hay reservas de petróleo para 40 años más, Colin Campbell, director del Centro de Análisis del Agotamiento de las Reservas de Petróleo (The Oil Depletion Analysis Centre, ODAC), con sede en Londres, estima que en sólo cuatro años se alcanzará el cenit de producción. Posteriormente, ésta descenderá rápidamente y no se podrá satisfacer el consumo mundial, que actualmente es de 157.000 litros por segundo. «En 125 años hemos consumido un billón de barriles (1 barril equivale a 159 litros), y a este ritmo consumiremos otro billón en los próximos 30 años —apunta Marzo—. Hay que replantearse el actual modelo energético porque es totalmente ineficiente.»

 

Del total de petróleo consumido, se quema sin más un 85 %. «Es como si quemáramos Picassos para calentamos. Derrochamos el 50 % de la energía primaria que entra en el sistema, perdiéndola en forma de calor durante su transformación, transmisión y distribución», señala el geólogo, quien opina que los ciclos políticos de cuatro años hacen un flaco favor a un asunto que requiere una planificación a largo plazo. «La política energética debe basarse en las tres "es": energía, entorno y economía», apunta. Es decir, el abastecimiento de la energía necesaria, la salvaguarda del entorno y la estabilidad de la economía de un país. «Tendremos que sustituir el sistema energético que nos ha permitido conseguir las cotas de bienestar actuales y planteamos que quizá será necesario dejar de crecer o planificar el ritmo al que podemos hacerlo», dice Marzo. Según él, la situación actual es muy compleja.

 

El cambio climático genera a su vez nuevas demandas energéticas, como las derivadas de las temperaturas extremas, que disparan el consumo de aire acondicionado, o de la falta de agua, que conlleva la creación de unas plantas desalinizadoras, cuyo gasto energético es muy elevado. Y todo ello llega de la mano del cenit del petróleo en un marco mundial marcado por un profundo cambio cultural y económico. «Necesitaremos combinar todas las fuentes de energía conocidas y dedicar esfuerzos a investigar otras nuevas —advierte Marzo—. Porque las renovables, por sí solas, no son suficientes. La nuclear, aunque es limpia, produce residuos y sólo genera electricidad, y no hay que olvidar que el uranio también es finito.» ¿Y el hidrógeno? «Hoy por hoy es un proceso caro que requiere mucha energía —responde—. Haría falta la energía de 400 centrales nucleares (casi las que hay en todo el mundo) para producir el hidrógeno necesario para alimentar el parque automovilístico de Estados Unidos», y asegura que será inevitable asumir un cambio de vida que requiera menos gasto energético. «Uno de los principales problemas es el sector del transporte. Porque, a pesar de que el petróleo representa sólo el 35 % del combustible que se consume en el mundo, de él se extrae el 90 % de la energía que requieren los medios de locomoción», concluye Mariano Marzo. Todo indica que la era del hombre del hidrocarburo tiene los días contados. ¿Qué nombre le ponemos a la era que se avecina?

 

Según el socioecólogo Ramon Folch, director del Estudi Ramon Folch de gestión ambiental y presidente del Consejo Social de la UPC, cuestionarse hoy el cambio climático es científicamente ofensivo. «En la actualidad parece que los conceptos emanen, no del saber solvente, sino del glamour mediático. Pero las opiniones de quienes no tienen criterio carecen de interés, por mediáticas que resulten», afirma. Para este doctor en biología, el cambio climático no es, como se dice, un grave problema ecológico. «El planeta Tierra ha superado con creces situaciones mucho más extremas. Pero sí constituye una considerable alteración ambiental y un grave problema socio económico que debemos afrontar desde ahora», advierte. Con toda probabilidad, «conllevará aridización en las latitudes intermedias, lo que afecta de lleno al Mediterráneo, y un ligero aumento del nivel del mar, fenómenos ambos ecológicamente irrelevantes e históricamente ya vividos por el planeta, pero desastrosos para nuestra estrechísima banda de intereses. Por ejemplo: si el nivel del mar sube tan sólo un metro, muy plausible a 30 o 40 años vista, dañaría-a la mayoría de los puertos del mundo».

 

Folch insiste en que la sostenibilidad pasa por internalizar costes y responsabilidades en los procesos de producción, incrementar eficiencias y reducir expectativas. «Estamos ante un problema de responsabilidad compartida suplantada por la sensación de una irresponsabilidad difusa, lo que nos da una cómoda y perfecta coartada. El cambio climático es un problema socio económico global que requiere una reacción ideológica general», insiste. Compartamos esa responsabilidad. Podríamos empezar por hacer un uso eficiente del transporte, optimizar el gasto energético del hogar y, por supuesto, reciclar, recuperar y reutilizar.

 

La matemática Carmen Domínguez y el geólogo Adolfo Eraso, investigadores de la Universidad de Salamanca y de la Universidad Politécnica de Madrid, respectivamente, llevan midiendo la cantidad de agua que los glaciares descargan en el mar desde 2001, año en que iniciaron su Proyecto Glackma (Glaciares, CrioKarst y Medio Ambiente). Su investigación se basa en la utilización de los glaciares como sensores naturales de la evolución del calentamiento global, a través de las mediciones realizadas en seis estaciones de registro, tres de ellas situadas en el hemisferio Norte (Islandia, Tarfala y Svalbard) y las otras tres en el hemisferio Sur (Patagonia, Antártida insular y península Antártica). «En todas las estaciones la descarga glaciar ha crecido exponencialmente, lo que confirma el carácter global del proceso —asegura Domínguez—. A la misma latitud en ambos hemisferios, la descarga glaciar es de 3,5 a 4 veces mayor en el Ártico que en la Antártida; entre los años 1987 y 2000 se duplicó, y ha vuelto a hacerlo entre 2003 y 2006.» Según estos investigadores, la comunidad científica da por hecho que el hielo marino del Ártico puede desaparecer en este siglo, y que en Groenlandia y en la península Antártica se desprenderán y fundirán grandes masas de hielo. El proyecto Glackma confirma que la pérdida de masa de hielo en forma de agua es muy superior a la que se estimaba midiendo únicamente los desprendimientos sólidos de los glaciares de los dos círculos polares.

 

Nuestro país es el miembro de la UE que más se aleja de los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero (GEl) acordados en el Protocolo de Kyoto, que obliga, como promedio, a un recorte del 8 % de las emisiones para el período 2008-2012 respecto a 1990. Según lo pactado entre los antiguos 15 estados miembros (los nuevos tienen asignaciones individualizadas), a España le corresponde un aumento del 15 %. Pero en 2006 hemos incrementado nuestras emisiones en un 48 %, Y se prevé que en el año 2012 lleguemos al 50 %. Yeso gracias a las medidas tomadas: sin ellas rozaríamos el 70 %.

 

Luis Jiménez Herrero es el director del Observatorio de la Sostenibilidad en España, un órgano independiente creado a partir de un convenio suscrito en 2005 por el Ministerio de Medio Ambiente, la Fundación Biodiversidad y la Fundación General de la Universidad de Alcalá. Según él, no es factible que España, novena potencia económica mundial, pueda a corto plazo bajar del 50 % al15 %. «El gobierno estima llegar a un 37 % durante el período 2008-2012, y alcanzar el 20 % gracias a los mecanismos de flexibilidad previstos en el Protocolo, como el comercio de derechos de emisión, los créditos de carbono y los sumideros de carbono de las masas forestales», explica. Los mayores problemas de España, dice, se relacionan con la energía y el cambio global: cambio climático, desertificación y pérdida de biodiversidad. «Debemos afrontar el tránsito del actual modelo energético, muy dependiente y de baja eficiencia, hacia otro más autosuficiente, eco eficiente y sostenible. Las energías renovables serán una pieza clave», añade.

 

Para afrontar el calentamiento global en ciernes, el gobierno español ha presentado la «Estrategia Española de Cambio Climático y Energía Limpia», una serie de medidas concebidas para mitigar los efectos del cambio climático, facilitar la adaptación de cada uno de los sectores socio económicos y sistemas ecológicos e incrementar la capacidad de actuación de la ciudadanía. Muchas de estas medidas están dirigidas a reducir las emisiones de forma directa, como las destinadas a aumentar la eficiencia en el sector de la construcción y en los procesos industriales y de generación de energía. Otras, como el Plan de las Energías Renovables, pretenden conseguir además una menor dependencia de los combustibles fósiles. «También será necesario abordar un plan de movilidad sostenible que oriente la planificación urbanística y potencie la ciudad compacta frente a la difusa. y que apoye las modalidades de transporte de menor impacto ambiental», dice Jiménez Herrero.

 

Para este economista, la lucha contra el cambio climático es una opción en la que, a largo plazo, todo el mundo sale ganando. «El incremento de las energías renovables permite reducir nuestra dependencia energética del exterior y la factura de importación de petróleo. Si se reducen las emisiones, mejora la calidad del aire y la salud de los ciudadanos. Además, el fomento de las renovables puede favorecer el desarrollo tecnológico y la exportación al mercado internacional. Y la conservación de ecosistemas forestales para aumentar los sumideros de carbono, junto a la reforestación sostenible, ayudan a mejorar la regulación hidrológica, a proteger la biodiversidad y a reducir la erosión y la desertificación», afirma.

Quién sabe si entre todos lograremos superar el reto que se nos presenta. «Hay señales para la esperanza, concluye Jiménez Herrero en base al Informe de Sostenibilidad de 2006.

 

Como el aumento de la participación de una ciudadanía cada vez más concienciada, la regulación por ley de un suministro transparente de información ambiental y el incremento de incentivos fiscales y económicos que faciliten el necesario cambio del sistema. Un cambio que, a nivel internacional, deberá tener en cuenta a unos 3.000 millones de habitantes de países en desarrollo que aún hoy no tienen acceso a la energía comercial y con los que habrá que hacer un reparto más equitativo en un ecosistema global que evoluciona, pero no crece. El cambio climático ha sido el detonante para encarar un desafío ineludible. Como dice Jiménez Herrero, éste es el reto ambiental y de sostenibilidad global más grave al que nos hemos enfrentado nunca.    

 

EVA VAN DEN BERG

(Nacional Geographic)