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OCIO, JUEGOS Y JUGUETES EN EL ANTIGUO EGIPTO
Niños y
mayores del Nilo se entretenían con todo tipo de juegos y deportes
LOS antiguos egipcios sabían divertirse. Así lo indican las escenas vivamente
pintadas en las paredes de tumbas y en numerosos papiros, o los objetos
encontrados en los ajuares funerarios.
Entre los pasatiempos favoritos de reyes y nobles así representados figuran,
desde la época predinástica, la caza y la pesca, como nos muestra la PALETA DE
LOS CAZADORES, conservada en el Museo Británico (3500 a.C.). Durante siglos los
egipcios practicaron la caza a pie, hasta que ya en el Imperio Nuevo (en tiempos
de la dinastía XVIII, hacia 1500 a.C.) se introdujo la monta del caballo y el
carro. Durante los momentos de reposo eran frecuentes las fiestas y banquetes,
en los que participaban también las esposas y los hijos, y que solían amenizarse
con música, danza y bebidas como la cerveza. Para las clases sociales más bajas,
las relaciones familiares y sociales también eran importantes. Era habitual
reunirse en tomo a un anciano venerable para escuchar sus cuentos y fábulas, una
costumbre que pervive entre los campesinos egipcios aún en la actualidad.
El mejor indicativo del grado de sofisticación que alcanzó la sociedad egipcia
en la organización del tiempo libre lo encontramos tal vez en los juegos de mesa
(de azar o de estrategia), cuyos primeros testimonios se hallan ya en tumbas
predinásticas. Existía un gran número de estos juegos. Uno de los más conocidos
es el SENET, lejano antecedente del juego de damas o del ajedrez. Con el
transcurso de los siglos, el SENET (palabra que significa “pasar”) llegó a
formar parte del complejo ritual religioso del pueblo egipcio, lo que explica
que se represente con frecuencia en paredes de tumbas y en papiros del LIBRO DE
LOS MUERTOS.
En cambio, los dados son más tardíos, ya que no llegaron a Egipto hasta el
período griego o ptolemaico, ya en el siglo IV a.C. Hasta entonces parece ser
que se utilizaban con el mismo fin unos palos o bastones de madera, de unos
pocos centímetros de largo, redondeados por un lado y planos por el otro. Los
arrojaban sobre una superficie y el valor dependía del lado sobre el que caían.
TABLEROS Y FICHAS
Otro juego tan antiguo como el SENET es el juego de la serpiente, denominado
MEHEN, cuyo tablero representa una serpiente enroscada sobre sí mísma, con la
cabeza en el centro y el cuerpo dividido en casillas. Según se ha podido
comprobar en distintas tumbas de la dinastía I (3000 a.C.), como la del visir
HEMAKA, las piezas con las que se jugaba en este tablero eran tres leones, tres
leonas y diversas bolitas blancas y rojas.
En las mismas tumbas se han encontrado otras piezas de marfil que debieron
formar parte de algunos otros juegos. Entre ellas se cuentan una especie de
casitas con el tejado puntiagudo, unos elementos parecidos al rey y a la torre
del ajedrez, y unos “peones” cilíndricos, con el extremo superior redondeado de
manera parecida a un botón.
Se desconocen las reglas de todos estos juegos, y también se ignora si se
trataba de juegos de azar o si exigían técnicas de estrategia. Las piezas de los
distintos jugadores se distinguirían por el tamaño o la forma.
Cerca de GIZEH, en ABUSIR, en recientes excavaciones, se han encontrado diversos
tableros en la mastaba del noble PTASHEPSES. En los complejos funerarios del rey
NEFEREFRE y la reina KHENTKAUS, todos ellos personajes de la dinastía V (2400
a.C.), se han hallado asimismo importantes cantidades de piezas y fichas.
Otro juego del que se han encontrado restos en una tumba protohistórica recuerda
vagamente al billar. Consistía en empujar una bola, hacerla pasar bajo un
pequeño arco de piedra y golpear con ella otro grupo de bolas. En este caso
estaríamos ante un juego de habilidad y destreza.
Un juego más moderno que los mencionados es el TAW, que popularizaron los HICSOS,
pueblo invasor de origen asiático del Segundo Período Intermedio (1600 a.C). Se
desarrollaba sobre un tablero de veinte casillas repartidas en tres filas de
cuatro, doce y cuatro. Tanto en éste como en los demás juegos citados
participaban dos personas, excepto en el de la serpiente, en el que podían
intervenir hasta seis jugadores.
JUEGOS DE NIÑOS
Otra de las características del pueblo egipcio era su preocupación por la
infancia y el cuidado de los padres en lo relativo a la alimentación, la salud y
la educación de sus hijos. Numerosas pinturas nos muestran simpáticas escenas de
vida familiar al aire libre, tanto de familias nobles como de artesanos y
campesinos, en las que no faltan los niños correteando entre las piernas de sus
mayores o jugando sus propios juegos.
Como en todas las culturas antiguas, los niños egipcios entraban en el mundo
adulto a temprana edad. Entre los niños nobles, la asistencia a la escuela
exigía esfuerzo y disciplina, mientras que en las clases populares tanto los
niños como las niñas debían aprender los oficios y tareas de los padres y ayudar
en los trabajos del hogar y del campo. Aun así, también disfrutaban del ocio y
la distracción como sus mayores, añadiendo su propia y eterna capacidad de
barullo y diversión: canciones de corro y danzas para las niñas, y carreras,
saltos y juegos de competición y lucha para los niños.
Modernos egiptólogos egipcios han reconocido en representaciones de juegos
infantiles un juego al s que todavía jugaban en su infancia, el “cabrito al
suelo”. Los niños se dividen en dos bandos: unos se sientan en el suelo y los
otros deben saltar por encima de ellos, evitando que los que están en el suelo
les derriben, es decir, que “derriben al cabrito”. Entre los juegos de corro de
las niñas, el más familiar es aquel en que las niñas ponen sus pies en el centro
del corro, estiran los brazos y todo el cuerpo hacia atrás, y empiezan a dar
vueltas cada vez más deprisa. También resulta familiar la imagen de dos niñas
subidas a lomos de otras dos arrojándose una pelota.
Aquí debemos mencionar los juguetes de siempre: pelotas, muñecas y animalitos.
Las pelotas podían ser de cuero, papiro, tela o arcilla. Estas últimas, además,
solían estar rellenas de bolitas, también de arcilla, de modo que sonaban al ser
lanzadas. Las muñecas y los animales, como gatos o perros, solían ser de madera
y a menudo articulados, de modo que tirando de un cordel podían abrir la boca o
mover brazos y piernas. Ya durante el período ptolemaico aparecieron los
caballitos de madera con ruedas para ser arrastrados. Desde luego, no parece que
sea mucho lo que separa nuestra infancia de la de los pequeños egipcios.
DE LA LUCHA LIBRE A LA ESGRIMA
Las competiciones deportivas se desarrollaban en el ámbito castrense, como parte
del entrenamiento de los jóvenes. soldados, o como entretenimiento noble y
principesco. En este último caso a menudo contenían claros elementos simbólicos
y religiosos. Eran actividades reservadas a los varones, con la excepción de los
ejercicios de acrobacia y la danza, que las niñas practicaban desde su infancia.
Entre los deportes de competición masculinos destacan la esgrima, el boxeo y,
sobre todo, la lucha libre. Sabemos que en la corte de RAMSÉS III (dinastía XX,
1180 a.C.) se celebró un torneo de esgrima entre soldados egipcios y
extranjeros, aunque ignoramos quién lo ganó. La presencia del NILO y sus canales
explica la gran afición a la natación y el remo. En fin, una estela de AMENHOTEP
II (dinastía XVIII, 1430 a.C.) nos indica que este faraón fue campeón
indiscutible del tiro al arco sobre carro de dos ruedas.
EL AJEDREZ DE LOS EGIPCIOS
Uno de los juegos más populares entre los egipcios era el SENET, muy parecido a
nuestro ajedrez. Se practicaba sobre un tablero alargado dividido en tres filas
de diez casillas cada una. Las fichas, blancas o negras, tienen una forma muy
parecida a los peones. El tablero podía estar grabado sobre el pavimento, como
puede todavía verse en algunos espacios arqueológicos, pero generalmente, era de
madera, piedra, barro, hueso o cerámica. En la tumba de TUTANKHAMON apareció uno
plegable “de viaje”.
IMMA PANYELLA
SOCIEDAD CATALANA DE EGIPTOLOGÍA
Historia National Geographic
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