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EL MOBILIARIO DEL HOGAR EN EL ANTIGUO EGIPTO
Para confeccionar muebles de calidad los egipcios importaban madera de pino, de cedro y de ébano
“El carpintero que esgrime la azuela está más fatigado que el campesino; su campo es la madera; su arado es la azuela; su trabajo no tiene fin. Hace más de lo que sus brazos pueden hacer. Aun durante la noche tiene la luz encendida...” Así describe la “Sátira de los oficios”, un texto literario fechado en el Imperio Medio (hacia 2000 a.C.) el duro oficio de carpintero.
Sin embargo, la Sátira no nos habla de la destreza de estos artesanos ni del elevado nivel artístico que alcanzaron en la fabricación de mobiliario. La combinación de distintas maderas, los delicados trabajos de taracea con incrustaciones de materiales nobles (marfil, piedras semipreciosas u oro) y el empleo de los barnices son técnicas que ya se practicaban con indudable calidad y perfección en los albores del Imperio Antiguo (hacia 3000 a.C.).
Las pinturas sepulcrales y algunos papiros ilustrados nos muestran cómo eran los hogares de los nobles y de los soberanos. Las clases dirigentes también dejaron en sus tumbas, como parte del ajuar funerario, una rica muestra de los muebles que usaban. Pero poco ha llegado hasta nuestros días de las casas de los trabajadores, aunque sabemos de ellas por las ruinas de Deir el-Medina, el lugar donde vivían los artesanos y constructores de las fabulosas tumbas del Valle de los Reyes durante el Imperio Nuevo, y los restos de otros poblados esparcidos por el país.
La madera, la materia prima más usada para fabricar muebles, escasea hoy en Egipto. No sucedía lo mismo en el pasado, pues en el valle del Nilo crecían arboledas de álamos, sicómoros, acacias y tamariscos. Su madera tenía la calidad suficiente para satisfacer la demanda del mobiliario más sencillo y utilitario, para la construcción de edificios y, sobre todo, para la de herramientas de trabajo. Pero la riqueza y el poder de la aristocracia y la monarquía propiciaron que desde los inicios del período Dinástico (hacia 3000 a.C.) se importaran las lujosas maderas de cedro y pino de Oriente Medio, así corno ébano africano, que llegaba a través de Nubia. Esas eran las maderas más apreciadas, y no por casualidad son las que en mayor cantidad se han conservado en los ajuares funerarios.
Las sillas egipcias, de diversos tipos, resultan muy parecidas a las usadas hoy día.
DE VISITA POR UNA CASA EGIPCIA
Independientemente del lujo y del espacio disponible según la categoría social de su propietario, la casa urbana consistía en un recibidor seguido de una o varias habitaciones para dormir y asearse, y, al fondo, un patio con la cocina y los almacenes. En esta parte trasera se hallaría la zona destinada a los sirvientes. La mayoría de los hogares disponía de una escalera que conducía a la terraza superior, donde se podía descansar e incluso dormir en las calurosas noches de verano.
Así pues, podemos recorrer un hogar imaginario, de una habitación a otra, para describir su mobiliario. La sala recibidor, que contaba con una capilla para adorar a los dioses, solía tener el techo más alto que el resto de estancias, a fin de dejar espacio para las ventanas que facilitaban la ventilación e iluminación de la vivienda. El estilo arquitectónico más común incluye en el caso de esta sala una o varias columnas, que se encuentran también en los hogares más humildes del poblado de Deir el-Medina (dinastías XVIII-XX).
En este recibidor encontramos muebles para sentarse, para acomodar a los visitantes y celebrar las comidas: sillas, sillones, taburetes y pequeñas mesas. En los hogares más sencillos, esteras y cojines eran suficientes. En los más lujosos, el comedor podía ser una habitación independiente. Las sillas y los sillones, con sus respaldos más o menos altos y sus asientos en madera o en fibra vegetal, muestran diversos estilos, pero todos ellos resultan tan familiares a nuestra vista que cuesta imaginar que esos muebles fueran construidos hace más de dos milenios.
Las mesas merecen una mención especial. A los egipcios nunca se les ocurrió fabricar grandes mesas en torno a las cuales pudieran reunirse en grupo o en familia para comer; comían solos o en grupos de dos. Por esta razón sólo conocemos las mesitas bajas que en pinturas y papiros aparecen colmadas con profusión de ofrendas y alimentos.
En el dormitorio, la cama es el elemento principal. Solía ser muy sencilla: la formaba un simple marco de madera con cuatro patas en el que se ajustaba un trenzado vegetal. Junto con la cama, aparece a menudo el reposacabezas. Hecho casi siempre de madera, aunque también los hay en alabastro o simplemente de barro, este objeto consiste en una base que sostiene una columna de unos pocos centímetros rematada por una tabla curva donde reclinar la cabeza. A veces esta tabla aparece forrada con lino para suavizar su contacto con la cabeza.
También en el dormitorio encontramos armarios o muebles de cajones para guardar la ropa de lino y el vestuario, Y otros baúles para guardar los objetos de aseo, tales como peines, espejos, horquillas y pelucas. Para los productos de belleza (ungüentos y perfumes) existían cofrecillos de obsidiana, cerámica o marfil.
Independientemente de su calidad, todos los muebles mencionados presentan dos estilos de decoración muy diferenciados, que se corresponden con su uso. En los destinados a tener contacto con el cuerpo humano, como sillas, sillones, taburetes, divanes y camas, aparece muy a menudo el elemento animal: patas de toro, de león, cabezas de pato, alas de pájaros, entre otros. Estos elementos “con vida” sugieren un significado simbólico y religioso. Por el contrario, los muebles destinados a contener o servir de soporte de objetos de uso cotidiano, como armarios, baúles, mesas..., utilizan elementos de la arquitectura civil y religiosa, es decir, elementos “sin vida” como frisos, columnas o dinteles, esculpidos en la madera o pintados.
Los hogares con categoría suficiente disponían de un despacho para llevar las cuentas, una sala con cofres especiales donde se guardaban los documentos en papiro una vez enrollados, atados y metidos en bolsas de cuero, y un cajón para guardar los instrumentos para la escritura. No encontraríamos aquí ninguna mesa, pues el escriba hacía su trabajo sentado en el suelo o en un taburete, con el papiro sobre sus rodillas. El mobiliario de la cocina constaba de una mesa, recipientes de barro y cerámica y un horno de barro refractario.
Las lámparas consistían en cuencos de barro o piedra, llenos de grasa y con una mecha en el centro. Se colgaban de las paredes, o bien se colocaban sobre un soporte alto de madera. Por otra parte, no debemos olvidar la sabia tecnología ancestral que convertía el barro y las fibras vegetales, como el papiro, los juncos y las cañas, en toda clase de objetos de uso cotidiano. Esteras, persianas, cortinas, cojines, cestos y múltiples utensilios de barro sustituían la madera en los hogares humildes.
EL ARTE DEL MUEBLE
Los carpinteros, ebanistas y constructores de sarcófagos no utilizaban el clavo. Eran grandes maestros en el ensamblaje de tablas mediante pequeñas espinas ó falcas de madera más dura, y en el uso de colas animales y vegetales. También utilizaban el atado con fibras obtenidas de intestinos de animales, fibras vegetales y, en ocasiones, hilo de cobre. La manufactura del mueble alcanzó su máximo esplendor durante el Imperio Nuevo, época de cuya depurada técnica constituyen un magnífico ejemplo los bellísimos muebles hallados en la tumba del faraón Tutankhamón, de la dinastía XVIII.
También se utilizaba el barniz, fabricado con óleo de cedro primero y más tarde con goma arábiga, extraída de la acacia. Se desconoce exactamente su composición final, pero ya fuera traslúcido u opaco, incoloro o negro (para imitar el ébano), el barniz, como la cera de abeja, era empleado como sustancia protectora de los muebles y de las hermosas pinturas e incrustaciones con los que estaban decorados.
EL MUEBLE QUE NUNCA PASÓ DE MODA
De entre todos los muebles usados por los egipcios destaca el taburete, presente en todos los ámbitos y todas las épocas. Los había con la base de madera rectangular o triangular, de tres o cuatro patas, con el asiento de rejilla o trenza de fibra vegetal; y también de patas plegables cruzadas en forma de X. Sencillo o sofisticado, fue éste un mueble extraordinariamente popular.
Imma Panyella Historiadora Historia Nacional Geographic |