PEINADOS Y PELUCAS EN EL ANTIGUO EGIPTO

 Cabezas rasuradas, trabajadas melenas y postizos indicaban la condición social de quien los ostentaba

La preocupación por el cabello o la falta del mismo no es privativa de nuestra sociedad; hace más de tres mil años se recomendaba a los egipcios alopécicos el empleo de una mezcla de grasa de distintos animales (del gato, al hipopótamo, pasando por el cocodrilo...) para gozar de una cabellera abundante. En realidad, el tratamiento del cabello y su cuidado eran muy importantes para los egipcios, como lo muestran las recetas que se conservan en numerosas papiros; una circunstancia a la que no resultaba ajeno el rigor del clima, seco y soleado. El grueso de la población, que trabajaba a pleno sol en labores agrícolas, ganaderas o manuales, llevaba el pelo rasurado o muy corto por razones qe comodidad e higiene. Las clases nobles podían permitirse llevar el cabello más largo, ya que de él cuidaban diariamente peluqueros o sirvientes, si es que no se afeitaban la cabeza, cubriéndola, según la ocasión, con diferentes pelucas.

EL LENGUAJE: DEL PEINADO

Más allá de la estética, el peinado era un signo externo que servía para identificar determinadas etapas en la vida de una persona. Pensemos en los niños, que mientras eran considerados como tales llevaban recogido un largo mechón de cabello, colgando en un lateral del cráneo rasurado, o en las mujeres de parto que, con finalidades protectoras y mágicas, son representadas con una especie de moño alto despeinado que servía también para identificar a las que amamantaban a sus hijos.

El cabello también era expresivo de determinadas circunstancias rituales o de cierta condición social. Así, por ejemplo, las plañideras, las mujeres que lloraban al difunto en los funerales, eran representadas arrancándose el cabello frontal de sus largas melenas a la vez que tiraban ceniza sobre ellas en un gesto de dolor desgarrador, eso sí, previo pago. Mientras los allegados del difunto solían dejarse crecer el cabello que llevaban desgreñado en señal externa de luto. También cabe recordar que los sacerdotes, por lo general los de rango menor, se caracterizaban por ir completamente afeitados, constituyendo la ausencia de peinado, en este caso, un signo externo del estatus sacerdotal.

Como en otras muchas culturas, para los egipcios el cabello estaba íntimamente relacionado con la feminidad la fertilidad y la sensualidad. Así lo revela la poesía amatoria, como en estas estrofas del Papiro Harris: “Cuando la mitad de mi cabello estaba trenzado / vine corriendo para encontrarte y descuidé mi peinado. / Si ahora me dejas trenzar mi cabello / estaré preparada en un momento”. Una referencia similar se encuentra en el Cuento de los dos hermanos, donde el menor de dos hermanos es seducido por su cuñada cuando la descubre peinándose una trenza en el pelo. Como hoy, parece clara la importancia de cuidar el peinado y la imagen en los encuentros con la persona deseada, y destaca el gusto por el cabello trenzado o a medio trenzar.

Por otra parte, no hay que olvidar el gusto por las largas cabelleras rizadas sin recoger que, aunque resultan ser el tipo de peinado más simple y natural, son muy apreciadas. Muestra de ello son representaciones como el ostracón de la acróbata de Turín y el conjunto musical femenino representado en la tumba de Nebamón, gran funcionario de la dinastía XVllI.

En cuanto a las pelucas, se debe observar que las que se han conservado como parte de los ajuares funerarios nada tienen que ver con la perfección de los peinados que muestra el arte, ya que éste constituye una idealización de la realidad.

PELUCAS y PEINADOS

La posesión de pelucas constituía un privilegio de las clases pudientes; el grueso de la población no se podía permitir el lujo de tener una, debido a su precio y al coste de su mantenimiento. Se hacían con cabello natural humano, de color usualmente oscuro, y por peluqueros expertos que fijaban, con ceras y resinas, los mechones de pelo a una especie de malla que habían entretejido previamente con cabello humano. Se le daba el corte deseado y con peines, tenazas calientes, horquillas o alfileres se trenzaban u ondulaban los mechones que se fijaban y aromatizaban con aceites, perfumes y ceras.

La evolución de los peinados resulta especialmente compleja en el caso femenino. Durante los imperios Antiguo (dinastías III-VI) y Medio (dinastías III-XII) predominan la peluca corta, cuadrada y con raya al medio, que cae hasta los hombros y cubre las orejas; y la llamada peluca tripartita, de mechones largos y lisos, que finaliza antes de llegar al busto, con raya central. Esta segunda peluca enmarca el rostro, dejando al descubierto las orejas, con dos mechones gruesos de pelo en los laterales mientras el tercero cae por la espalda.

Los hombres prefieren un peinado muy corto, lo que en ocasiones le confiere el aspecto de un casco liso que deja al descubierto las orejas, aunque aparecen pelucas cortas y cuadradas al estilo de las femeninas, que se diferencian de éstas por ser más largas, escaladas en los laterales y sin raya al medio. Hombres y mujeres gustan de un tipo de peluca de pelo rizado y con forma de casco llamado de “estilo nubio”.

El momento de mayor complejidad en peinados y pelucas corresponde al Imperio Nuevo (dinastías XVIII-XX), como reflejo de una civilización que a medida que pasa el tiempo adquiere gustos más refinados. Las pelucas se vuelven más voluminosas, más largas y sumamente pesadas.

Los mechones, por lo general lacios, ahora están trenzados, cortados en diferentes capas o combinando diferentes tipos de ondas y tirabuzones. Las pelucas femeninas llegan a la altura del codo y se generaliza el peinado que convierte el final de los mechones trenzados en un acabado de prietos tirabuzones o trenzas que simula una banda de flecos. Hacia las últimas dinastías se impone el gusto por añadir postizos para enmarcar frente y orejas.

Los elementos de decoración se integran en el peinado, utilizándose bandas rígidas, amuletos o diademas entrelazados en rizos, trenzas o torsiones de cabello. Entre las féminas de la familia real aparece hacia la dinastía XVIII el gusto por reproducir el peinado de la diosa Hathor, una evolución del peinado tripartito en el que los mechones laterales se envolvían y se enrollaban en la parte final formando una especie de disco que permitía un acabado en espiral.

El peinado no sólo era expresión de los gustos que imponía la moda o del afán por el embellecimiento de la propia imagen. También fue para la civilización egipcia un identificador externo que permitía reconocer la situación vital de un individuo o su estatus como miembro de un colectivo. Los egiptólogos han apuntado, por ejemplo, la posibilidad que esa carga simbólica en el uso de los peinados pueda ponerse en relación con la jerarquía entre los diferentes miembros de la familia real, en particular entre las mujeres, aunque para confirmar este extremo serían necesarios nuevos estudios iconográficos.

¿PELO NATURAL O ARTIFICIAL?

Ante una imagen artística egipcia suele ser muy difícil determinar qué es una peluca y qué el cabello natural. debido al grado de idealización de estas representaciones, aunque cuanto más complejo es un peinado, más probable es que no se trate de una imagen real. En ocasiones, como en la escultura de Nofret. el cabello natural asoma en la frente, bajo una voluminosa peluca.

Bárbara Ramírez García

Historiadora

Historia National Geographic